Blogia
Basurde Xiao Long

1 día para la gran semifinal de Copa: Athletik vs. Sevilla

Salvo el país del gran jugador y persona Kanouté, Mali, toda África se siente rojiblanca. En el video está la prueba, por ejemplo desde el Congo: Orain eta beti, AUPA ATHLETIK!!!!!

1 comentario

Edorta -

H a llegado el final de la cuenta atrás. Llevamos demasiados días viviendo en una especie de estado alfa, un tránsito entre la vigilia y el sueño. Ha llegado la hora de acercarse al colegio y recoger las notas. «Qué pase el siguiente», anuncia la enfermera en la sala de espera del consultorio. Pues somos nosotros. Nos negamos a pensar que la carroza pueda convertirse en calabaza. Tenemos sueños. Y pesadillas. Como aquella fábula en la que Tales de Mileto, por caminar mirando a las estrellas, se caía a un profundo pozo y, a su lado, una vieja esclava tracia se reía. La vieja es Kanouté. Y, de repente, nos despertamos envueltos en sudor. No, lo del sábado fue sólo eso, una pesadilla. Una caricatura. Un espejismo. Una mascarada. Esta noche van a conocer al verdadero Athletic.

Estos chicos de hoy que se entretienen con el Facebook y la Wii siguen siendo, en el fondo de sus nobles corazones, esos once aldeanos que, como diría Di Stéfano, corren como si diera calambre y tienen un sello especial. Son el famoso Athletic Club. Llorente, Yeste, Javi Martínez, Iraola, Orbaiz...poseen el espíritu, la motivación y el talento necesarios para no limitarse a redescubrir a sus predecesores. A veces, una generación los transfigura y, en ocasiones, los trasciende. Esta noche, los rojiblancos sentirán sobre sus espaldas dos alas fuertes, listas para ser desplegadas. Leones alados, mitológicos, a la altura del reto histórico que les ha tocado protagonizar. Vamos a volar. Cuarenta mil en el campo y millones a través de la Sexta. Como Peter Pan, yo creo en las hadas. Sí, creo. Vamos a ganar. Suena a infantil, pero tengo un argumento de peso. Nos lo merecemos.

El Sevilla es un equipo extraordinario. Mejor Club del Mundo en los años 2006 y 2007 según la IFFHS (los gurús de la estadística del balón), sus méritos son incuestionables. Defienden y atacan en manada. Lobos hambrientos de gloria, los Kanouté, Capel, Navas y compañía no han saciado su voraz apetito en estos años de gloria. Quieren más. Reforzados por esa especie de efigie de ébano que responde al nombre de Romaric, y por algunos de los mejores talentos del prolífico fútbol argentino (Lautaro Acosta, Perotti, Fazio), los hispalenses conforman un grupo pétreo. No nos engañemos. Para ganarles hará falta algo más, mucho más, que el aliento sin igual de una Catedral que hoy va a retumbar. Literalmente. El genial Woody Allen afirmaba en una de sus comedias que, cuando escuchaba a Wagner más de media hora, le entraban ganas de invadir Polonia. Cuando sientan esta noche el sonido de San Mamés, los jugadores del Athletic tendrán un pie en la playa de la final. Pero primero hay que conquistar Normandía. El reto es futbolístico. Y este equipo está preparado para recoger el guante. Es ahora. O nunca.

Una de las claves del partido será evitar esa peligrosa ansiedad que genera el pensar que lo más importante no es lo que se tiene ante los ojos, sino lo que está más allá. No es el momento de hablar de Valencia, de los hoteles o del Barcelona. Eso mejor lo dejamos para mañana. La final se juega hoy. Este es el partido que hay que saber ganar. Aunque sea con aquel sistema Zen de tirar al arco que consistía en cerrar los ojos. El lanzador daba en el blanco porque no sabía que ése era precisamente el método ideal para hacer diana. Los arqueros rojiblancos están preparados. Pero deberían abrir los ojos para ver a su gente bajo otro arco gigante y centenario. Que San Mamés os bendiga. Antes de acabar, una declaración de amor. Es paradójico, y forma parte de la condición humana, que nos cueste tanto expresar en voz alta nuestros sentimientos con aquellos a quienes tenemos más cerca. Por si no nos vemos esta noche en la batalla, te lo digo ahora. Te quiero, Athletic. Ayer, hoy y, pase lo que pase, mañana.