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Basurde Xiao Long

Libros: ¨Sabotaje¨ (Serie Falcó) -Arturo Pérez-Reverte-

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El 3 de octubre salió a la venta la última novela de Reverte, ¨Sabotaje¨, tercera de la saga de Falcó. En esos momentos me encontraba empezando otro libro sobre Angola que me habían recomendado: ¨Blue Dahlia, Black Gold – A Journey Into Angola¨, de Daniel Metcalfe. Tenía muy buena pinta, pero para yo leerme un libro en inglés tiene que interesarme mucho. Y con ¨Sabotaje¨ runruneando en mi cabeza dejé a un lado ¨Blue Dahlia¨. He mirado a ver si está traducido al español, porque sí que me gustaría leerlo, pero por ahora solo lo han traducido a portugués y alemán.

 

Así que el 9 de octubre compré en Amazon ¨Sabotaje¨ y lo terminé ayer día 16. Una semana de placer, buscando ratillos para seguir con la historia. Dar con el clic del libro que te gusta no es tan frecuente como sería deseable, y cuando lo encuentras el disfrute es enorme, como así ha sido con esta novela.

 

Dice la contraportada -en un Kindle las últimas páginas-:

 

¨¿Es el Guernica que conocemos el verdadero cuadro que pintó Picasso?

 

¿Qué hacía Falcó en París en la primavera de 1937?¨

 

«La luz declinante de la ventana y su efecto óptico en el cristal daban un tenue efecto rojizo al enorme lienzo; como si éste, antes de ser realidad, ya empezase a ensangrentarse lentamente. Y de pronto, todo adquirió sentido.

-Se llamará Guernica -dijo Picasso».

 

¨Mayo de 1937. La Guerra Civil sigue su sangriento curso en España, pero también lejos de los campos de batalla se combate entre las sombras. Una doble misión lleva a Lorenzo Falcó hasta París con el objetivo de intentar, de cualquier forma posible, que el Guernica que está pintando Pablo Picasso no llegue nunca a la Exposición Universal donde la República pretende conseguir apoyo internacional. Aunque ya se adivinan en Europa los vientos de la nueva guerra que asolará el continente, la música alegre sigue sonando, y el arte, los negocios, la vida frívola, ocupan todavía a intelectuales, refugiados y activistas. Acostumbrado al peligro y las situaciones límite, Falcó debe enfrentarse esta vez a un mundo en el que la lucha de ideas pretende imponerse sobre la acción. Un mundo que a él le es ajeno, y al que aplicará sus propios métodos.

 

Arturo Pérez-Reverte construye en Sabotaje una trama magistral que envuelve al lector hasta la última página y completa con esta novela la trilogía protagonizada por Falcó, el personaje literario más fascinante de los últimos tiempos¨.

 

Sobre el autor:

 

¨Arturo Pérez-Reverte nació en Cartagena, España, en 1951. Fue reportero de guerra durante veintiún años. Con más de veinte millones de lectores en todo el mundo, muchas de sus novelas han sido llevadas al cine y a la televisión. Hoy comparte su vida entre la literatura, el mar y la navegación. Es miembro de la Real Academia Española¨.

 

Sin desvelar la trama, aquí van unos extractos interesantes de la novela:

 

¨El jefe del Servicio Nacional de Información y Operaciones vestía de paisano, como acostumbraba: traje gris, paraguas, sombrero. Aunque era de Betanzos, el mostacho de color ceniza y el paraguas le hacían parecer inglés. Miró el ambiente del bar por encima del hombro de Falcó y señaló el vestíbulo.

-Demos un paseo.

-No creo que hoy necesite usted eso -Falcó indicaba el paraguas-. Hace un día espléndido.

Hizo el otro un además de indiferencia.

-Soy gallego, lo que incluye no fiarse ni del propio padre. Una precaución de más es una sorpresa de menos¨.

 

¨Se alejaban del hotel por la orilla izquierda del Urumea, en dirección al último puente. Sobre un cartel pegado en una valla -Una Patria, un Estado, un Caudillo-, el cielo era de un azul casi falangista. Uno de esos días, pensó Falcó sarcástico, en los que a Dios le apetecía poner de manifiesto de qué parte estaba¨.

 

¨-(...).Son unos bárbaros. Y desde luego que lo hicieron ellos.

-Si usted lo dice...

-Pues claro que lo digo -el Almirante pareció pensarlo un momento, volviendo a balancear el paraguas-. Lo que no es obstáculo para que dentro de un rato, si lo estimo conveniente, te diga lo contrario¨.

 

¨-Cuando llegan a darse cuenta y al fin le vislumbran el mecanismo, ya están jodidos o a punto de estarlo.

-¿Jodidos? -parpadeó Canaris, interesado.

-Kaputt.

-Ah, entiendo.

-Es profesional como una madame de burdel.

Falcó los miraba alternativamente, cual si asistiera a un partido de tenis.

-¿Puedo decir algo?

-No, carallo, no puedes¨.

 

¨En ese momento, los ojos pálidos de la trigueña se posaron casualmente en Falcó, que la miraba. Sonrió éste de modo instintivo, pues poseía el don más preciado del nómada y el aventurero: la facilidad para entablar conversación con cualquier extraño, sobre todo si el extraño pertenecía al sexo opuesto¨.

 

¨La tercera, tomada en una base aérea española, mostraba a Bayard de cuerpo entero, delgado y alto, con las manos en los bolsillos del pantalón y una canadiense de piloto sobre los hombros. Tenía un cigarrillo en la boca, el pelo revuelto por el viento y una expresión de aristocrático desdén dirigida al fotógrafo o al mundo en general. Y mirando aquella foto, Falcó moduló una sonrisa al recordar las palabras con que el Almirante había definido al paladín aéreo de la República: un vanidoso cantamañanas¨.

 

¨-Eso era en Berlín.

-Pues las cosas, como digo, no andan bien en Alemania. Y no soy de los que esperan a mojarse para abrir el paraguas. Después de lo de mi socio, mi novia Britta, que es muy larga de lengua y no sólo en la cama, empezó a frecuentar a un Obergruppenfuhrer de las SS: un tipo muy rubio, muy ario, muy nacionalsocialista y muy hijo de puta... ¿Me sigues?

-Claro¨.

 

¨-¿Te acuerdas de lo que te dije?

-Pues claro: «No sé qué sueño maravilloso es usted, pero no puedo permitir que desaparezca. Debo hacer una gestión cerca, solo diez minutos. Si cuando salga no sigue aquí, entraré en esa armería de enfrente a comprar un revólver y me pegaré un tiro»¨.

 

¨-La última noche en Berlín hablamos más que otra cosa -dijo-. Tumbados y desnudos, sin luz... O más bien lo hacías tú. Fumabas y hablabas.

-No me acuerdo bien -mintió Falcó.

-Dijiste una cosa... De pronto dijiste algo que no he olvidado: «Es posible que los hombres que fueron acariciados por muchas mujeres encaren sus horas finales con más decisión y con menos miedo»... ¿Sigues pensando lo mismo?

-No sé -volvió a mentir Falcó-. No recuerdo haber dicho eso¨.

 

¨María le acariciaba la espalda, afectuosa y tranquila. Cuando una mujer empieza a acariciarte la espalda después de que hayas terminado, le había dicho en cierta ocasión a Falcó un tío suyo -su padrino Manolo González-Osborne, avezado y elegante seductor-, es hora de largarse porque va a empezar a complicarte la vida. Así que, llegado ese momento, por muy atractiva e inteligente que sea la dama, y en especial si es lo último, incluso aunque estés empezando a enamorarte o descubras que ya lo estás, mi consejo es que te vistas sin prisa y con elegancia, sonrías, la beses y te vayas. Para siempre, quiero decir. Entre tipos como nosotros, Chenchito -su padrino siempre lo llamaba así-, quien pierde a una mujer que le acaricia la espalda no sabe lo que gana¨.

 

¨Pensó de nuevo Falcó en el tío Manolo. En lo que habría dicho, y sin duda aplaudido, de ver a su sobrino en París, o en donde se terciara, con aquel hermoso ejemplar de mujer a tiro de pistola. O con cualquiera de las otras. Hermano de su madre, vividor viajado, pródigo y elegante, solterón contumaz de tertulia y casino, sobreviviente incluso a un anacrónico duelo por asunto de faldas, Manuel González-Osborne había muerto en Jerez sólo unos días después de que su ahijado fuese expulsado de la Academia Naval de San Fernando por pegarse con un profesor, capitán de corbeta, con cuya esposa se había acostado. Vencido, el tío Manolo, por una pulmonía doble cuyo desenlace afrontó con entereza en plan adiós, me voy, es cierto, pero que me quiten lo bailado. Ahí os quedáis y que aproveche. Dándole tiempo a dedicar a Falcó, sinceramente afligido al borde de su lecho, un comentario afectuoso que rubricaba con cierta precisión la historia de uno y otro: Chenchito, querido sobrino, yo he perdido pocos trenes en la vida; pero tú te subes hasta en los mercancías¨.

 

¨-¿Me permite una pregunta?

-Si no es complicada de responder, hágala.

-¿Qué representa ese círculo parecido a un sol, con un...?

Lo dejó ahí, pues no era capaz de definir el resto. Picasso arrugó el entrecejo, interesado.

-¿Se refiere a lo de encima?... ¿Qué le parece que es?

-¿Un puño sosteniendo una zanahoria?

El pintor lo miraba, estupefacto, con el habano humeándole entre los dedos y la boca abierta. Estudió el cuadro un momento y volvió a mirarlo¨.

 

¨-Interesante... Y toda esa carne, ¿a cambio de qué?

-Depende -dio una tranquila chupada al cigarrillo-... Un puñado de dátiles, un collar de perlas o una sonrisa oportuna. Según oscilara el valor en el mercado.

-Confía demasiado en su sonrisa, me parece.

-Es mi único patrimonio¨.

 

¨(...) ¿Qué trajinas aquí?

-Lo mismo que en Berlín, ya sabes. Negocios.

-¿Como los que tenías con aquel amigo tuyo de la Gestapo?

-Más o menos.

Torció el bigotillo Acajou en un mohín neutral. Ecuánime. En su mundo, como en el de Falcó, las fronteras siempre resultaban imprecisas. Era más fácil entenderse con hombres así que con moralistas¨.

 

¨-Hay una ley matemática en nuestro oficio -dijo Kovalenko tras un momento-. Los que tienen patriotismo, fe y valor siempre pierden al final mucho más que los que no los tienen¨.

 

¨-Tengo un informe delicioso -dijo el Almirante- sobre la oferta que Picasso ha hecho al presidente Aguirre para que el gobierno vasco se quede con el cuadro al acabar la Exposición. Te tronchas de risa con los comentarios. Dicen que no, gracias. ¿Y sabes cómo lo ha descrito el propio Urcelay, el pintor vasco comisario del pabellón?... «Son siete por tres metros de pornografía que se cagan en Guernica, en Euskadi y en todo»¨.

 

¨Seguía el otro mirándolo como antes. Al fin se quitó el sombrero y pasó la mano por el cabello duro y gris, como si de pronto sintiera demasiado calor.

-Tú no eres católico practicante, ¿verdad, chico?... De comunión y tal.

-No demasiado.

-Claro -el jefe del SNIO asentía irónicamente comprensivo-. Tendrías que ir a confesarte... y en tal caso, después de escuchar cinco minutos, el cura colgaría la sotana para hacerse rico escribiendo un libro¨.

 

Mi peli favorita -con diferencia sobre la segunda- es Casablanca, y no se me hace difícil asociar a Falcó con Humprey Bogart. Llevar al cine ¨Sabotaje¨ en blanco y negro, al estilo de Casablanca sería la leche, un disfrute total.

 

Tristemente creo que la serie Falcó termina con esta tercera novela. Al final de la segunda, ¨Eva¨, se nos pone en antecedentes sobre la nueva misión en ¨Sabotaje¨, ya que Falcó tenía que viajar a Biarritz buscando a un tío de pasta vinculado al PNV. Tenía esperanzas al terminar este libro de encontrar el pie a una nueva misión, pero no ha sido así. Una pena, al igual que con Alatriste nos tendremos que conformar con ir releyendo estas aventuras, y esperar a ver qué nueva genialidad se saca Pérez-Reverte de la chistera.

 

17/10/2018 12:59 basurde Enlace permanente. Libros

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