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Basurde Xiao Long

Libros: ¨La Saga de los Longevos¨ + ¨Los Hijos de Adán¨ -Eva García Sáenz de Urturi-

Libros: ¨La Saga de los Longevos¨ + ¨Los Hijos de Adán¨ -Eva García Sáenz de Urturi-

Después de disfrutar del que ha sido uno de los bombazos editoriales del 2016 -¨El silencio de la ciudad blanca¨- me apetecía ponerme con algún libro más de la misma autora. Así que me descargué el Kindle ¨La Saga de los Longevos¨, y tras terminarlo continué con la segunda parte ¨Los Hijos de Adán¨.

 

Así se describe en la contraportada ¨La Saga de los Longevos¨:

 

¿Qué harías si tu jefe, un experto arqueólogo, te confesara que nació hace 10.300 años?

 

“La saga de los longevos” es un adictivo cóctel de arqueología y flashbacks históricos —prehistoria, celtas, escitas, la rebelión de Boudicca, la batalla de Kinsale, y una fascinante historia de amor escrita desde dos puntos de vista: la voz fresca de Adriana, una joven arqueóloga, y el tono pausado de Iago, un enigmático hombre que aparenta treinta y cinco años pese a haber nacido en la Prehistoria.

 

“Corre el año 2012. Iago del Castillo, un carismático longevo de 10.300 años al frente del Museo de Arqueología de Cantabria, se ve arrastrado, en contra de su voluntad, a dirigir una investigación genética: sus hermanos Nagorno —un conflictivo escita de casi 3.000 años— y Lyra —una huidiza celta de 2.500 años—, cansados de enterrar durante siglos a sus familias efímeras, están obsesionados con identificar su rara mutación y tener hijos longevos.

 

Adriana, una joven y resuelta prehistoriadora, regresa a su Santander natal, contratada por el museo, dispuesta a aclarar el extraño suicidio de su madre, la psicóloga de cabecera de la alta sociedad cántabra, ocurrido quince años atrás.

 

Iago y Adriana chocan desde el primer momento, aunque entre ellos surge una intensa atracción que ambos intentan ignorar. Pero poco imaginará Adriana que la muerte de su madre tuvo mucho que ver con lo que le ocurrió a “la vieja familia” en el pasado y obligó a Iago a entrar en la investigación del gen longevo. Cuando descubran la cruda realidad y reaccionen, las consecuencias de sus actos marcarán para siempre el futuro de La Vieja Familia.”

 

Esta es la sinopsis de ¨Los Hijos de Adán¨:

 

¨La saga de los longevos”, el fenómeno digital que gracias a la recomendación de los lectores ha triunfado en España, Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia, convirtiéndose en el mayor bestseller internacional español y situándose en las listas de Amazon por delante de sagas de fantasía como “Juego de Tronos” y novelas de ficción histórica como “Los Pilares de la Tierra”.

 

“Para un longevo, el pasado siempre vuelve en forma de problemas”. La inesperada vuelta de Gunnarr, el hijo que Iago creyó muerto en la batalla de Kinsale en la Irlanda de 1602, alterará la tranquila vida que Iago del Castillo y Adriana Alameda habían conseguido construir en Santander. Pero no será la única persona de su pasado a la que Iago tendrá que enfrentarse.

Prehistoria, Europa: Lür busca a lo largo y ancho de un continente desolado al clan de Los Hijos de Adán y a su legendaria matriarca, Adana, de quien se dice que no envejece.

 

800 d.C., Dinamarca: Gunnarr le cuenta a Adriana sus primeros años de vida y cómo se convirtió en berserker, un peligroso y legendario grupo de mercenarios vikingos.

 

1.620 d.C., Nueva Inglaterra: Urko se embarca en el Mayflower hacia las costas de Massachusetts para construir la colonia de Plymouth. Allí conocerá a Manon Adams, una mujer fuerte que dejará su huella pese al paso del tiempo.

 

De Pompeya a la Edad Media, de los clanes escoceses a los Padres Peregrinos, La Vieja Familia recorrerá de nuevo los milenios para descubrir que sus miembros han sido perseguidos desde antes de su nacimiento.

 

Libros los dos muy entretenidos que he disfrutado mucho leyendo. ¿Habrá una tercera parte? Por lo que he leído en Internet parece que próximamente puede haberla.

 

En libros en papel me gusta apuntar citas que me llaman la atención. Esto con un lector de libros digital también se puede hacer, y no solo en Kindle puedes hacer tus anotaciones sino que al comprar el libro también tienes la opción de ver subrayadas citas que a otros lectores les han llamado la atención. Transcribo unas cuantas:

 

¨La Saga de los Longevos¨:

 

Hay palabras como latigazos, que sorprenden, castigan y abren una brecha dolorosa; palabras que cambian un presente de manera irreversible. Palabras imposibles, palabras que no encajan, palabras que se quedan para siempre tatuadas en la memoria.

 

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- Como sabrás, el ajedrez representa una batalla entre dos bandos. Es un duelo de estrategias y tácticas.

- Creo que ya me he perdido, ¿es que hay diferencias?

- La estrategia es lo que te permite ganar, siempre a largo plazo. Es decir, saber qué hacer cuando no hay nada que hacer. Las tácticas son los movimientos a corto plazo que te permiten tomar una posición, o lo que es lo mismo: saber qué hacer cuando hay algo que hacer.

- De acuerdo, te sigo. Continúa.

- Habrás escuchado alguna vez que en el amor y en la guerra todo vale, y son muchos más los paralelismos que puedes encontrar entre ambos. Se trata, al fin y al cabo, de conquistar un objetivo, ya sea una persona o un país. Pues bien, puedes asignar a cada pieza del tablero un papel determinado dentro de una hipotética batalla de seducción entre los dos bandos rivales.

            Imagino que en este punto mi cara era un poema.

- Al igual que en el ajedrez, gana el bando que da jaque mate al rey. El rey, en ese caso, es el corazón, el sentimiento. Casada con él está la dama. Ella representa el deseo, la sensualidad. Si te das cuenta, es la pieza más poderosa del tablero, la que puede hacer todos los movimientos y recorrer las casillas que quiera. El rey, en cambio, está bastante más limitado que su dama. Solo puede avanzar una casilla, aunque también en cualquier dirección. Estas dos son las piezas más preciadas para el jugador, con las que amenazará al contrario y las que ha de tener más cuidado de conservar. Hay un antiguo adagio entre los ajedrecistas que reza: «El ajedrez es un juego de Edipos porque consiste en matar al rey y seducir a la reina». Si consigues embaucar a esa pieza, si desvías su atención hacia otras zonas del tablero, te puedes dedicar a atacar al rey. En el amor ocurre igual. Para enamorar al otro, es decir, para dar jaque mate a su rey, has de seducirlo primero. Has de jugar con su dama y despistarla para que deje de proteger al corazón.

            Me olvidé por un momento de los Carnavales y de las intrigas de Elisa, ahora miraba el tablero con la misma expresión de quien no ha visto uno en su vida.

- ¿Qué hay de las otras piezas?

- Las otras piezas son las armas con las que el jugador, el seductor, se vale para defender y ayudar a su preciado patrimonio: el amor y el deseo.

            Le hice un gesto, animándole a continuar.

- Tomemos al alfil, por ejemplo. Hace siglos, los alfiles representaban en el tablero a los obispos, los enrevesados consejeros del rey. Jamás se mueven en línea recta, siempre lo hacen en diagonal, y en esta dirección no tienen límite en cuanto a las casillas. El alfil, con sus movimientos en zigzag, equivale a la inteligencia.

            No sé por qué pensé en Iago. Me pregunté cuál sería el papel del caballo en su curiosa puesta en escena. Jairo se adelantó a mi pregunta:

- El caballo, como sabes, ejecuta el movimiento más caprichoso, una forma de L. Un solo caballo puede llegar a ocupar todas las casillas del tablero. Guerrea, despista, sorprende. El caballo es el azar, los golpes de efecto que de vez en cuando nos regalan las circunstancias, y que cualquier jugador inteligente aprovecha para arrinconar a su contrario. A su lado, la torre, avanzando en línea recta por las columnas, o moviéndose de izquierda a derecha a lo ancho de las filas. La torre es como el tiempo. A veces pasa rápido y otras se estanca en una horizontal. No en vano, es la única pieza que se puede enrocar al rey, un movimiento de defensa, como sabes. Al igual que el paso del tiempo es el único que puede proteger al corazón, cuando ni el azar, ni la cabeza consiguen alejar al rey de su amenaza.

- ¿Y los peones?

- Los peones generalmente son piezas que se sacrifican durante la partida, a no ser que recorran de punta a punta el tablero y alguno de ellos llegue a la octava fila. En tal caso, se puede cambiar por cualquier otra pieza de su color, incluida la dama. A ese movimiento se le denomina, con razón, la ¨coronación del peón¨. Los peones son otras personas a las que utilizamos para lograr nuestro objetivo. No dudaremos en usarlas tan a menudo como nos haga falta, para luego dejarlas clavadas en algún lugar del tablero donde no se desarrolle la partida principal. El único cuidado que hay que tener es el de no olvidar nunca que son simples peones, y eliminar a los del bando rival antes de que nos amenace alguna dama inesperada. Las estrategias de los peones son infinitas, desde ayudarse con ellos a dar celos hasta buscar consuelo cuando el tiempo se estanca. Incluso existe otra manera de jugar, y es atacando en bloque con los ocho peones, aunque no te lo recomiendo porque provoca bastantes quebraderos de cabeza.

            Me quedé en silencio un buen rato, asimilando y descubriendo por mí misma las semejanzas de las que hablaba.

 

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Att: MarcAlm74@yahoo.com

De: AAA@gmail.com

Hola, Marcos:

            Por fin le hinqué el diente a tu Trópico de Cáncer: te debo una. Valió la pena. Te envío uno de los desvaríos que se me ocurrieron al leerlo.

            Besos, muchos.

            Dana.

 

Y llega una noche en que todo ha acabado, cuando tantas mandíbulas se han cerrado sobre nosotros, que ya no tenemos fuerza para resistir, y la carne nos cuelga del cuerpo, como si todas las bocas la hubieran masticado.

 

Como si todos los cuerpos la hubieran usado, como si todas las conciencias nos hubieran juzgado, y quedamos a oscuras, privados hasta de nuestra sombra. Y a oscuras ahorcamos los recuerdos penosamente, uno a uno, y no llegan a morir nunca, se apoyan en la memoria de nuestros peores momentos y salen aprovechando nuestra decadencia. Maldito roce que quema, maldita mente que siempre piensa. Espejos que no mienten, dudas que atenazan, dictadores que torturan cada esperanza en la cama. El cruce de caminos se acerca y da vértigo, elegimos la vía que nos permite dormir, rechazamos la trampa que tienta. Piérdete en los ojos de quien engaña o encuéntrate en los de quien aún te ama. La duda de lo no vivido frente a la certeza de lo ya caduco. Aúna experiencias, el juego está controlado como quien extingue un fuego. Siente el calor, siente el frío. Apuesta pues por tu derrota.

 

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Nunca pude resistirme a forzar las situaciones, poner a prueba y sentarme a esperar hasta comprobar hasta donde llega cada persona.

 

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Pese a que no llegaba a los treinta años, iba vestido con un traje de terciopelo granate, y un pañuelo de Hermès al cuello con dibujos de pequeños estribos, pelo oscuro repeinado hacia atrás, y una nariz curvada que hacían que su perfil y su gesto recordasen al de un ave rapaz. Llevaba una mano metida en el bolsillo del pantalón, y la otra sujetaba una copa de cava con la soltura de quien ha nacido rodeado de vajilla cara. Tenía la mirada negra, aunque lo que llamaba la atención era la postura ladeada de su cabeza, haciendo un barrido oblicuo a la estancia, controlando todos los detalles. Vestía como debían de haberlo hecho en su día Oscar Wilde, Lord Byron o Baudelaire. Poseía la belleza de la cobra a punto de atacar, esa belleza reptiliana que te advierte que no debes acercarte, que admires en la distancia sus movimientos letales.

            Me di cuenta de que las mujeres de la estancia le dirigían miradas intermitentes, fingiendo no observarle directamente, pero en todo caso, estando tan pendientes de él como yo. Era como una fuerza que absorbía y atraía al igual que lo haría un agujero negro. Había algo de picardía en sus ademanes que me hizo sonreír sin querer, más aún cuando, echando la espalda hacia atrás para separarse del círculo de autoridades en el que se encontraba, dirigió una mirada a las camareras con ese gesto universal de valorar la mercancía o el ganado. Durante un buen rato le seguí la pista por la sala con disimulo, mientras él se acercaba en diagonal a sus víctimas femeninas con una mezcla única de parsimonia y desparpajo. En todas las ocasiones actuó de igual manera. Se quedaba quieto, a la espalda de la mujer elegida y le susurraba algo a la altura de la nuca, obteniendo invariablemente el mismo resultado: risas nerviosas, mejillas sonrosadas y miradas fulminantes del resto del personal.

 

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- ¿Ese chico que te mira tanto es tu novio? –dijo por fin.

- No, es mi primo.

- Mejor entonces –había dicho con aquella voz tan rotunda.

- ¿Por qué mejor?

- Porque se le ve preocupado por ti y te durará más que un novio –contestó como si fuera lo más obvio del mundo.

            Sonreí por primera vez en muchas horas. Me gustó que fuera tan franco, que no me tratara como si yo fuera de papel, como el resto de mi familia.

 

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- ¿Has oído hablar de ¨El Hombre de Java¨? –me preguntó, intentando dotar a sus palabras de un toque de misterio.

- Sí, el Homo erectus –la miré, extrañada. ¿Tú también quieres retarme?, pensé con hastío, reprimiendo el mal recuerdo de mi duelo verbal con Iago.

- No, mujer. ¨El hombre de Java¨ es una cadena de tiendas coloniales –dijo, señalando el imponente local de la esquina con la avenida de Calvo Sotelo-. Han abierto una en todas las capitales del norte. El caso es que toda Santander está amueblando su casa aquí.

 

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- Así que compras en El Hombre de Java.

- ¿Y tú cómo lo sabes? No es la única tienda de muebles coloniales de Santander.

- Jairo los compra a artesanos de Yakarta y los trae al puerto de Santander cada tres meses en un contenedor. Es un negocio redondo, de los que le gustan a mi hermano. Él paga por volumen todo lo que quepa en el contenedor. Una vez aquí, infla los precios, y de paso, se hace un viaje a Indonesia cada poco tiempo. Respondiendo a tu pregunta, los artesanos javaneses dejan su firma en los muebles que tallan, mira –dijo, apartando la mosquitera y agachándose a los pies de mi cama.

 

¨Los Hijos de Adán¨:

 

Abre los ojos y los oídos, escucha lo que ves y mira lo que digo, sobre todo lo que digo entre líneas. En las omisiones es donde se hallan las verdades más contundentes. En lo que no se contesta está la clave de la respuesta. Los actos que nos avergüenzan son los que mejor nos definen. Piensa en lo que calla mi padre, y lo conocerás mejor que él mismo.

 

- Tiene un alma noble, eso te lo puedo asegurar. La conocí bien.

- La gente cambia, las circunstancias puede que sean otras, bien lo sabes.

- Ella es noble… -repetí entre dientes, obcecado.

- No seas maniqueo, la gente no es buena o mala. La gente tiene objetivos, como todo el mundo los tiene, y en base a si están alineados con los nuestros serán amigos o enemigos, eso es todo.

 

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- Padre, solo los débiles y los inseguros actúan por el miedo a las habladurías. A mí me son indiferentes las opiniones ajenas. Solo me importa estar a la altura a los ojos de mi padre.

 

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- Hasta las pistas falsas tienen un porqué, eso se lo enseñé yo. Incluso el mentiroso nos cuenta la verdad a través de sus mentiras.

 

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Y sé que no me has pedido consejo alguno, pero te lo voy a dar aunque pienses que está fuera de lugar: cuídate de la furia de una mujer despechada. Puede ser la más destructiva de las armas.

 

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- ¿Y qué le mueve? –pregunté, después de pensarlo durante un buen rato.

- ¿Cómo?

- A todo el mundo le mueve algo: un trauma, un empeño, una deuda, una pasión.

 

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- Veamos: ¨Llegarás a ella por aire o por mar¨ -levantó la vista, esperando mi obvia respuesta.

- Es una isla, entiendo.

- ¿Yakarta, en la isla de Java…? –me tanteó.

- ¿No es demasiado predecible que Nagorno se la lleve a su rincón favorito del planeta?

- Yo no descartaría ninguna respuesta, ni siquiera las más obvias.

 

 

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