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Presentación del libro de cuentos ¨Mundu Guztiak¨, de Ruben Sanchez, el viernes 17 de abril en la librería Eva Forest de Gasteiz.

Presentación del libro de cuentos ¨Mundu Guztiak¨, de Ruben Sanchez, el viernes 17 de abril en la librería Eva Forest de Gasteiz.

Da gusto cuando los amigos presentan libros.

 

Mañana viernes 7 de abril de 2026 a las 7 de la tarde en la librería Eva Forest de Vitoria-Gasteiz Ruben presentará en euskera su última publicación, un libro de cuentos titulado ¨Mundu Guztiak¨.

 

Así dice la contraportada:

 

¨2046tik heldu zaigu Mundu guztiak, gurera, liburu formatuan, izatez mental-trip gisako artefaktua dugun arren.

 

Zortzi ipuin-bikote hauek Green hiriko Saint Mary Streeteko 7. atarira garamatzate, eta bertan bizi diren auzokideen istorioak ezagutuko ditugu: kontrolerako sistema integratua daraman preso ohia, amaren zaintzari emandako alaba problematikoa, etxea euliz betetzen ari zaien bikotea eta zendutako aitarekin multibertsoan elkartuko den semea, besteak beste.

 

Gero eta gehiago ari gara etorkizunekoak ziruditen egoerak bizitzen, eta, testuinguru horretan, ariketa espekulatiboa egin du “egileak” aita-seme, ama-alaba, bikote eta lagun harreman interpertsonaletan murgilduta. Buruko mikrotxipak, droneak, Adimen Artifizialak, humanoideak eta egunetik egunera errealagoak diren bideo-jokoak erabili ditu mundu bat sortzeko, non, esan gabe doa, mundu guztiak dituen bere gauzatxoak, sekretuak, kezkak…

 

Liburu honetan kabitzen dira mundu horiek guztiak¨.

 

Traducida al castellano:

 

¨Mundu guztiak (Todos los mundos / Todo el mundo) nos llega desde el año 2046 en formato libro, aunque en realidad estemos ante un artefacto similar a un "viaje mental".

 

Estos ocho pares de cuentos nos trasladan al número 7 de Saint Mary Street, en la ciudad de Green, donde conoceremos las historias de los vecinos que allí residen: un exrecluso que porta un sistema integrado de control, una hija problemática volcada en el cuidado de su madre, una pareja cuya casa se está llenando de moscas y un hijo que se reencontrará con su difunto padre en el multiverso, entre otros.

 

Cada vez vivimos más situaciones que parecían propias del futuro y, en ese contexto, el "autor" realiza un ejercicio especulativo sumergiéndose en las relaciones interpersonales de padres e hijos, madres e hijas, parejas y amigos. Ha utilizado microchips cerebrales, drones, Inteligencias Artificiales, humanoides y videojuegos que cada día son más reales para crear un mundo donde, huelga decirlo, todo el mundo tiene sus cosillas, secretos y preocupaciones...

 

En este libro caben todos esos mundos¨.

 

Lo podéis comprar aquí.

 

Antes de esa presentación se han publicado un par de entrevistas en diferentes medios, que podéis leer aquí:

 

Noticias de Gipuzkoa, lunes 13 de abril de 2026

 

Berria, jueves 16 de abril de 2026

 

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Aquí, a posteriori, unas fotos de la presentación en el Facebook del autor.

Enlace a la novela anterior del autor

Libros: ¨La casa de las puertas¨, de Twan Eng Tan.

Libros: ¨La casa de las puertas¨, de Twan Eng Tan.

Dice así la contraportada:

 

¨Penang, Malasia. 1921. Robert Hamlyn es un abogado acomodado, y Lesley, su esposa, una anfitriona de la alta sociedad. Sus vidas se reaniman cuando un viejo amigo de Robert llega de visita con su extrovertido secretario. William Somerset Maugham, pese a ser uno de los mejores escritores de su época, atraviesa una crisis creativa y personal: mantiene un matrimonio de conveniencia, su salud es frágil y acaba de perder sus ahorros en una desastrosa inversión. En Penang busca, desesperado, una historia que le permita salvar su carrera, y la encuentra a través de Leslie y su pasado¨.

 

Sobre el autor:

 

 ¨Tan Twan Eng nació en Penang, Malasia. Vive en Kuala Lumpur.

 

The Gift of Rain (El regalo de la lluvia), su primera novela, fue preseleccionada para el Premio Man Booker. Ha sido traducida al italiano, español, griego, húngaro, ruso, rumano, checo y serbio.

 

Su segunda novela, The Garden of Evening Mists (El jardín de las brumas), se publicó en septiembre de 2012. Fue finalista del Premio Man Booker 2012.

 

Su tercera novela, The House of Doors (La casa de las puertas), se publicó en el Reino Unido el 18 de mayo de 2023 y fue incluida en la lista larga del Premio Booker 2023¨.

 

Es una novela que me ha encantado, por desarrollarse en Penang, isla de Malasia que conozco, y por narrar episodios históricos que sucedieron allí, como la estancia de Sun Yat Sen o la los escritores Herman Hesse y William Somerset Maugham. También se narra el asesinato en el que posteriormente se basaría William Somerset para escribir ¨La carta¨, que se llevaría posteriormente al cine con Bette Davis como protagonitas. Y con toda esta trama por medio he aprendido más cosillas sobre Malasia, así que la he disfrutado mucho.

 

Extraigo aquí algunos fragmentos del libro que me han llamado la atención:

 

¨En un gran mapa desplegado en la pared de su estudio se extendían las costas bajas del Gran Karoo, unos doscientos cuarenta kilómetros al norte de Doornfontein. Sin embargo, había días en que me parecían mucho más cercanas y estaba convencida de poder sentir su silencio eterno expandiéndose desde lo más profundo del desierto; su quietud, su infinito vacío. Me vino a la mente una historia que escuché una vez sobre una pareja de exploradores, marido y mujer, que se habían perdido durante una expedición al desierto del Gobi. Para ocultar su creciente desesperación y sensación de impotencia que los embargaba, a medida que se adentraban en las profundidades del desierto dejaron de hablarse. A menudo me he preguntado qué resultó más opresivo, si el silencio del desierto o el silencio entre ellos dos¨.

 

¨    -[…] Bueno, ¿qué tenemos para hoy, viejo amigo? Lesley estará encantada de mostrarte los lugares de interés.

     La mujer intervino antes de que pudiera responder:

     -Voy a reunirme con las señoras del bazar de la iglesia y después tengo recados que hacer.

     -Bueno, entonces, otro día será -dijo Robert-. Esta chica es bastante experta en la historia de nuestra isla, Willie. Conoce todo sobre el lugar. Solía ofrecer recorridos guiados por la ciudad a los amigos de fuera. Nos llevamos a ese escritor alemán de visita cuando estuvo en Penang. ¿Cómo se llamaba, querida? Era Hesse, ¿verdad? Sí, Hermann Hesse.

     -Días tranquilos y apacibles en… la playa, eso es lo único que quiero -dijo Willie-. Tengo montones de… libros que leer, y Gerald aún no se ha repuesto del todo. Necesita descanso…, mucho descanso.

     -El pobre chico estaba un poco paliducho anoche. -Robert miró a Willie por encima de sus anteojos-. Al igual que tú, si no te importa que te lo diga.

     -Las dos últimas semanas han sido algo… difíciles. ¿Herman Hesse estuvo en Penang?

     -Hace once o doce años. Nunca he leído nada suyo. ¿Y tú?

     -Un par de libros. Si has terminado con el periódico, Robert…

     -Robert le pasó el Straits Times; a partir de entonces continuaron con el desayuno, relajados y en silencio¨.

 

La historia va pegando saltos, entre 1910-11 en Penang, 1921 en Penang y termina en 1947 en Doornfontein, Sudáfrica. Este fragmento anterior ocurre en el capítulo 1, en Penang, en 1921. Me ha llamado la atención por las siguientes razones:

-Transcurre en Penang, isla de Malasia que visité en abril del año pasado. Así que las referencias que hacen a ese lugar durante toda la novela me son en cierta manera familiares.

-Mencionan dos escritores de prestigio, Herman Hesse y Willie, que no es ni más ni menos que William Somerset Maugham. El primero ganó el Premio Nobel de Literatura en 1946, el segundo fue considerado el escritor más popular y mejor pagado del mundo durante la década de 1930. Es verdad que Hermann Hesse visitó Penang durante su viaje al Este en 1911, y se alojó en el histórico hotel de George Town Eastern & Oriental Hotel (E&O). Lo describió como ¨el hotel más hermoso para europeos en las Indias Orientales¨. A día de hoy sigue en funcionamiento. William Somerset Maugham visitó Penang en varias ocasiones, siendo la más notable la de 1921. Durante sus viajes por el Sudeste Asiático se alojó en la isla, absorbiendo la atmósfera colonial y escuchando historias locales que luego transformó en cuentos y novelas, particularmente en su colección The Casuarina Tree. Ese libro consiste en 6 historias, siendo una de ellas, ¨La carta¨, parte de esta novela. Está documentado que Willie se alojó también en el hotel E&O en su estancia en Penang en 1921, así que imagino que esa estancia en casa del matrimonio Robert Hamlyn y su esposa Lesley es ficción para apoyar el argumento de la novela. Otro ilustre que también se alojó en el E&O fue Rudyard Kipling. Esta es la Web del hotel https://www.eohotels.com/ En septiembre de 2026 espero volver a Penang para este congreso de profesores de español y sin duda lo visitaré.

 

¨    Cogió su diario y regresó al piso de abajo. Los sirvientes ya habían recogido la mesa del desayuno. Una vez fuera, decidió seguir el camino de grava y explorar el jardín. El sendero serpenteante creaba la falsa impresión de un terreno más extenso de lo que era en realidad, una ilusión intensificada por los árboles, altos e impresionantes: una higuera plantada con firmeza gracias a la amplitud triangular de sus raíces; árboles de nuez moscada con sus frutos, supervivientes de las plantaciones de especias que, según le había contado Robert, solían ocupar esta parte del territorio; un par de arecas, especie que -recordaba haberlo leído en alguna parte- dio nombre a la isla*. Y allí estaba: el árbol de la lluvia sobre el que Robert tanto había presumido la noche anterior.

     -Trescientos años, Willie. Uno de los más antiguos de la isla. Su tronco es tan ancho que se necesitan tres hombres con los brazos extendidos para abarcarlo. Walter, el director del jardín botánico, suele traer gente para verlo.

     Willie apretó la palma de su mano contra la corteza dura, de apariencia reptiliana. Imaginó las grandes raíces del árbol clavadas en la tierra, manteniendo el coloso derecho. Solo el tronco trepaba hacia el cielo, casi dieciocho metros, expandiéndose en una complicada figura de ramas y hojas que le recordaban la red de bronquiolos y alvéolos de los pulmones¨.

 

*Así es como aparece el árbol areca en Wikipedia en español. Si cambio de idioma, a malayo, aparece como pinang, y de ahí que diera el hombre a la isla de Pinang (en malayo) o Penang (en inglés).

 

Se mencionan también los ¨árboles de la lluvia¨, que son los tamarindos. Como curiosidad tenemos unos cuantos en el campus del colegio en Kuala Lumpur, son muy frondosos y dan buena sombra.

 

¨    Hizo una pausa antes de añadir: «Las tejas de terracota se asemajan a las escamas de un pangolín».

     Volvió a la entrada que había escrito una noche, algo más de un mes atrás, cuando él y Gerald acababan de regresar de Kuching desde el interior. Examinó algunos párrafos y se detuvo. Los acontecimientos aún eran demasiado perturbadores para leer sobre ellos. Ojeó las notas que había tomado sobre Penang de su ejemplar de Bradshaw´s Through Routes to the Chief Cities. En el pasado, la isla había formado parte del territorio gobernado por el Sultanato de Kedah, en la península. A finales del siglo XVIII, el capitán Francis Light obtuvo un permiso de arrendamiento del sultán a favor de la Compañía de las Indias Orientales y la bautizó con el nombre de Isla de Príncipe de Gales. Light la convirtió en un puerto libre para desviar el comercio de las colonias holandesas al otro lado de los Estrechos de Malaca. Fue el primer puesto avanzado del sudeste asiático y la capital de las Colonias del Estrecho -«la colonia de la Corona más importante de Gran Bretaña en el Extremo Oriente», según proclamaba Bradshaw-. Desde Penang los británicos se habían extendido hasta Malaca, Singapur y con el tiempo, hasta los Estados Malayos Federados y los Estados Malayos No Federados. En el siglo XVIII, las minas de estaño atrajeron culis* desde el sur de China, mientras que los indios que realizaban trabajos forzados llegaron en barcos para ocuparse de las plantaciones de caucho.

     Willie estudió el mapa de Penang que había copiado en su diario. La isla ocupaba aproximadamente una tercera parte del tamaño de Singapur, y su forma le recordaba a la piel de ñu que Syrie había desplegado sobre el suelo de su sala de estar¨.

 

*«Culi» es un apelativo usado durante los siglos XIX y XX para designar a los trabajadores de escasa cualificación de Asia, sur de China, Filipinas o Indonesia.

 

¨.    -¿Estás seguro? -dijo Lesley.

     Deseaba que dejara de hablarle.

     -Estoy bien, Lesley -repitió, con displicencia. Para distraer su atención el mostró el libro-: Mi último libro.

     -¡Oh, qué maravilla! -exclamó ella-; debes de estar complacido en extremo. -Se fijo en el título que aparecía en la cubierta-: En un biombo chino. Muy sugestivo. ¿Es una novela?

     -Es una selección de…notas… sobre lo que vi en China; lugares que visité y… personas a las que conocí.

     Una expresión de alerta congeló el rostro femenino.

     -¿Cuándo estuviste allí?

     -Hace dos años.

     Su mano recorrió el espacio libre del banco que quedaba a su lado. Lesley permaneció de pie

     -¿Dónde estuviste? -preguntó.

     -Empezamos… en Shanghái. Viajamos más de tres mil kilómetros por el Yangtsé en…una barcaza arrocera hasta el corazón de China. El Yangtsé es el río más largo…

     -El río más largo de China, sí, sí, ya sé todo eso. ¿Cuánto tiempo estuviste allí?

     -Cuatro o cinco meses. Viajamos hacia el interior, anduvimos hasta la extenuación.

     -¿Alguna vez… -se detuvo y comenzó otra vez-: ¿Alguna vez has oído mencionar al doctor Sun Yat Sen?

     -En casi todos los lugares que visitamos. Un tipo intrigante, por lo que escuché. Al parecer se expresa en inglés con fluidez. Ojalá hubiera podido conocerle y hablar con él.

     -Estuvo aquí hace unos diez años.

     -¿En serio? ¿Qué hacía en Penang?

     -Recaudar fondos para el Tongmenghui, su partido. Planeó la revolución mientras estuvo aquí, ¿sabes?

     -¿Lo conociste?

     -Robert y yo, sí; nos vimos unas cuantas veces¨.

 

¡Otro ilustre que anduvo por Penang, el doctor Sun Yat Sen!

 

Viví cinco años en China, así que en su día aprendí sobre este personaje histórico.

 

En mayo de 2012 publiqué un artículo en la revista ¨Hola China¨ titulado ¨Diseccionando un billete de 1.000 yuanes chinos del año 1.945¨ (entrada en mi blog). Aparece en ese billete una cara que no es otra que la de Sun Yat Sen. Escribía en ese artículo: ¨La imagen 4 nos muestra el rostro de Sun Yat-sen, al que tanto en la República Popular China como en la actual República de China (Taiwán) se le considera el padre de la China moderna¨.

 

Uno de mis garitos favoritos en Shanghái era el restaurante Shasha´s, en la Concesion Francesa (entrada en mi blog). Desafortunadamente he visto que cerró sus puertas en 2018, al igual que Zapata´s que era otro clásico. En su día mi colega Josep me explicó la historia Shasha´s. Lo que entonces era un bar restaurante, antiguamente fue la mansión de una familia muy importante con tres hijas, las cuales se casaron ¨una con el dinero, otra con China, otra con el poder¨. En su Web lo explicaba:

 

¨El edificio que ahora alberga ¨Shasha´s¨ está permanentemente asociado con tres hermanas que jugaron un papel dramático en la historia de principios del siglo XX en China. Como se decía en su tiempo, una se casó por dinero, una se casó por China, una se casó por poder. Estas distinguidas mujeres fueron Ai Ling Soong, Ching Ling Soong y Mei Ling Soong. Se casaron, respetivamente, con H.H. Kung, el hombre más rico de China, con Sun Yat Sen, el primer presidente de la República China, y con Chiang Kai Shek, el ¨Generalísimo¨ del Partido Nacionalista. Sus historias están, como cita una fuente, ¨bordadas en misterio, vagas en la ficción y contradictorias en las noticias, dotadas de un tono dorado de leyenda¨…

 

La casa, originalmente diseñada por el Sr. J. Rosenfeld, se la entregó el Sr. Charlie Soong a su hija Mei Ling y a su marido en 1927. Fue también usada como lugar de importantes reuniones de oficiales del gobierno. Hacia 1943, el edificio fue tomado por el ejército japonés. Después de la liberación en 1950 fue devuelta al gobierno, y más tarde se convirtió en una escuela de música. Décadas después, un grupo de hombres de negocios extranjeros alquilaron la casa de la escuela, y tras una cuidadosa renovación, el 15 de enero de 1998 se convirtió en lo que hoy es uno de los más conocidos y más de moda bares de la ciudad. Fue llamado Shasha´s por el nombre de la supuesta amante rusa del padre, Charlie Soong.¨

 

El Dr. Sun Yat-sen estuvo en Penang, Malasia, en varias ocasiones, siendo su estancia más significativa en 1910, cuando vivió allí durante seis meses. Penang fue un centro crucial para sus actividades revolucionarias, donde recaudó fondos y organizó el Levantamiento de Guangzhou (Segunda Revuelta de Guangzhou) desde la famosa casa en 120 Armenian Street. En mi visita a Pengang escribí que había pasado por esa calle, Lorong Armenian, y la describía como ¨una calle con murales, que es además la portada de la Guía Lonely Planet¨. No conocía entonces que la casa 120 de Armenian Street en George Town funcionó como la sede de la base de Penang del Tongmenghui (Alianza Revolucionaria China) en el sudeste asiático. En 1910, Sun Yat-sen convocó la Conferencia de Penang en esta casa para planificar el levantamiento contra la dinastía Qing. Su revolución logró derrocar a la dinastía Qing, poniendo fin a más de 2,000 años de sistema imperial en China. A día de hoy esa casa es un museo, el Sun Yat-sen Museum Penang, que tendré que visitar en mi próxima estancia en George Town. También existe el Dr. Sun Yat Sen Memorial Hall en Macalister Road.

 

¨    -Cassowary, es un pájaro, ¿no es así? -Gerald le preguntaba a Robert-. Es un nombre un tanto extraño para una casa.

     -Nadie tiene ni idea de por qué se llama así -dijo Robert-. Pero decidimos no cambiarlo cuando la compramos.

     -Recibe el nombre de la casuarina, ese árbol grande junto a la valla. -Tenía la garganta irritada y tomé un sorbo de mi copa-. Los malayos los llaman kasuari porque sus hojas se parecen a las plumas del casuario.

     -¿De dónde te has sacado eso? -preguntó Robert.

     Desde el techo, un gecko chichak nos lanzó chasquidos de desaprobación. En gong que avisaba de la cena sonó desde el interior de la casa¨.

 

     ¨Había dado por hecho que tenían un acuerdo tácito cuando se casaron: ella quería un marido rico y famoso, y un padre para su hija; él necesitaba una esposa refinada, capaz de desenvolverse con brillantez en las fiestas y que recibiera a personas elegantes de Londres. Al principio, ambos se habían contentado, pero aquello acabó convirtiéndose en un matrimonio absolutamente inconveniente. «Al igual que muchas mujeres infelizmente casadas que he conocido -comentó Willie en una ocasión a un amigo-, Syrie ha cometido el… error de enamorarse de su marido»¨.

 

     ¨Coloqué el dedo índice en una tarjeta blanca con marco dorado y la deslicé al otro lado de la mesa hasta Willie.

     -Al menos acepta esta.

     Willie la cogió.

     -Noel Hutton. ¿Quién es?

     -Noel es el dueño de una de las empresas comerciales más antiguas de Malaya -le expliqué-. Se dice que Hutton & Sons fue fundada por uno de sus ancestros, que estuvo con Francis Light cuando recaló en Penang. Cuentan que fue Hutton quien le dio la idea a Light de disparar dólares de plata desde el cañón del barco hacia tierra adentro; una manera de instar a los hombres a despejar los bosques.

     -Un cuento de hadas divulgado por los propios Hutton -apuntó Robert-. Pero Noel es un tipo digno de confianza. El pobre hombre perdió a su esposa hace unos años.

     -Istana. Significa «palacio» en malayo, ¿no es así? -preguntó Willie mientras examinaba la tarjeta¨.

 

     ¨Para cenar, había pedido a Cookie que cocinara para nuestros invitados una variedad de platos locales. Ofrecí a Willie una breve descripción de todo lo que había en la mesa, sus ingredientes, la forma de cocinarlos y de comerlos: jiu hoo char, tau eu bahk, pescado assam, assam laksa, char kway teow, otak-otak. Willie se quedó con ganas de repetir del famoso choon pneah de Cookie, rollitos de primavera de cangrejo servidos con una salsa de su propia invención, es decir, una mezcla de soja, salsa Worcestershire, algo de clavo, canela, anís estrellado y pimientos rojos, muy picados.

     -Mis felicitaciones a la cocinera -dijo Willie, al terminar de cenar-. Esta ha sido la mejor… comida que he probado en Oriente. Esta noche he descubierto sabores que no sabía… ni que existían.

     -No encontrarás nada parecido en ningún otro lugar del planeta -dije-. A través de los siglos, Penang ha absorbido elementos de los malayos, de los indios, los chinos, los siameses y los europeos, y ha creado algo único. Es algo que se encuentra en el idioma, en la arquitectura y en la comida. -Lancé una mirada fría a Robert-. No quisiera vivir en ningún otro lugar del mundo.

     Robert fingió no haberme escuchado¨.

 

El párrafo siguiente me ha recordado a mis malditos vecinos de arriba, que tienen dos niños pequeños y todavía no se les ha ocurrido educarlos para que dejen de meter ruido, ¡qué pesados!

 

     ¨Las imperfecciones de la sala también me resultaban acogedoras: una grieta en la pared, larga y fina, por encima del aparador, que siempre reaparecía sin importar cuántas veces la pintáramos; los accesorios de iluminación que habían empezado a salirse de sus soportes y la esquina desconchada del marco de una ventana. Alcé la vista hacia los listones blancos de madera que formaban el techo de la habitación. Mis hijos con frecuencia se ganaban una regañina cuando corrían ruidosamente en el piso de arriba mientras había visita¨.

 

El siguiente párrafo habla sobre un personaje muy interesante que desconocía, James Brooke (1803–1868). Fue un militar y aventurero británico que se convirtió en el primer "Rajá Blanco" de Sarawak, en la isla de Borneo. Es conocido por fundar una dinastía familiar que gobernó este territorio de forma independiente durante más de un siglo.

En 1839, Brooke llegó a Sarawak en su propio barco. Ayudó al Sultán de Brunéi a sofocar una rebelión local de tribus Dayak y malayos. Como recompensa por su ayuda, en 1841 fue nombrado gobernador y más tarde recibió el título de Rajá de Sarawak. Durante su mandato, se centró en combatir la piratería y reformar las leyes locales. Aunque fue una figura controvertida en Inglaterra por sus métodos militares, fue elogiado por naturalistas como Alfred Russel Wallace por su hospitalidad y visión.

Brooke fundó la dinastía Brooke, que gobernó Sarawak hasta 1946, cuando el territorio fue cedido a la corona británica tras la Segunda Guerra Mundial.

Se cree que su vida y sus hazañas sirvieron de inspiración para el relato de Rudyard Kipling, El hombre que pudo ser rey.

 

En Kuching, la capital de Sarawak, se puede visitar la Galería Brooke en Fort Margherita, que conserva parte de su legado histórico, así que me lo apunto para cuando ande por allá.  

 

     ¨-Ah, sí, bueno… Escribir historias aún me atrae.

     -Por no mencionar que te colma de riqueza.

     -¿Sabes lo que es en realidad… el dinero? El dinero es el sexto sentido. Si no lo tienes, no puedes sacar el máximo partido… de los otros cinco.

     Se encendió un cigarrillo y le ofreció otro a ella. Ella tomó la pitillera de plata y le dio vueltas, acariciando las piedras preciosas rojas engarzadas en la tapa. Las examinó más cerca.

     -Dios mío, son rubíes, ¿verdad?

     -Más vale que… lo sean. Sylvia, la Rani Brooke, me la dio antes de marcharnos de Kuching. -Sopesó la caja en la palma de su mano mientras se preguntaba cuánto le darían por ella en Sotheby´s. Le dolía tan solo pensar en la posibilidad de separarse de ella. -Perteneció a… James Brooke.

     -Ese es un hombre sobre el que deberías escribir. El Rajá Brooke y toda su enloquecida familia -sugirió Lesley.

     -No sería una historia interesante.

     -¡Que no sería…! Sus ojos se abrieron de par en par con incredulidad-. James Brooke constituyó la única familia real europea de Oriente y esa familia aún sigue en el trono, setenta años después. ¡Pero, si su vida ha debido de estar repleta de aventuras y escapadas!

     -Tuvo una vida memorable, sin embargo, carecía de un elemento esencial.

     -¿A qué te refieres?

     -En realidad es muy simple. Su vida no tenía interés amoroso. Y una historia sin amor… bueno, no funcionaría.

     -Nunca se casó, ¿verdad? -Una sonrisa astuta, de complicidad, curvó sus labios-. Tampoco he oído mencionar a ninguna mujer en su vida.

     Nunca se había casado, y el trono, según recordaba Willie, había pasado a un sobrino de Brooke tras su muerte.

     -¿De modo que todas las historias que se han escrito -preguntó ella- tiene que ser de amor?

     -Piensa en todos los libros que recuerdes haber leído, las historias que han ocupado… un lugar en tu corazón. Al final, ¿no tratan todas de amor?

     Dejo que sus palabras calaran en su pensamiento durante un instante.

     -Entonces, en definitiva, ¿una vida sin amor es una vida sobre la que no merece escribirse? No sé si eso te convierte en un cínico o en un romántico.

     -Echó la ceniza de su cigarrillo por la barandilla.

     -Nunca me han acusado de ser esto último¨.

 

     ¨Le mostré el título de El temblar de una hoja.

     -Este símbolo extraño que pones en tus libros, ¿qué es?

     -Se llama hamsa. Es un emblema árabe que protege contra… el mal de ojo -respondió Willie-. Simboliza una espada que abre un espacio… en la oscuridad para que entre la luz.

     Hamsa. En silencio, saboreé la extraña palabra en mi lengua con una breve inspiración seguida de una rendición prolongada al aire.

     -Siempre he pensado que parece una casuarina: la línea recta y larga en medio es el tronco y las dos líneas curvas por encima perfilan el follaje que cae.

     -Supongo que sí, ahora que lo mencionas. -Willie se encogió de hombros-. Vemos lo que queremos ver.

     -¿Cómo lo descubriste?

     -Era de mi padre… lo vio en el norte de África. Tras morir mi madre, decidió construir una casa de verano a… orillas del Sena, unos kilómetros al oeste de París. Todos los domingos me llevaba río abajo para comprobar que estaba bien. Tenía este mismo símbolo grabado en… el cristal de las ventanas¨.

 

El siguiente comentario se produce en el año 1910:

 

¨Menos de ochocientos europeos vivían en Kuala Lumpur, de modo que lo más probable era que hubiera visto a William Steward en el Selangor Club en algún momento, pero, si había sucedido así, no me había dejado ni la más mínima impronta¨.

 

     ¨-¿Por qué te marchaste de Hong Kong?

     -Todos habían huido de Pekín a Hong Kong cuando los bóxeres sembraron el terror -respondió-. Traían consigo historias sobre lo que hacían a los demonios extranjeros. Tal como yo lo veo, no hay mucho futuro para los blancos en China.

     Tenía tan solo una ligera noción de lo que estaba explicando, pero, de cualquier manera, asentí como si estuviera al tanto de todo. Mi interés por China era prácticamente nulo, de modo que le presioné para que me hablara sobre su vida en Inglaterra.

     -Desde que era una niña -dije- he querido vivir en Londres. Oh…, estar lejos, muy lejos de Penang, donde pudiera convertirme en una persona diferente, sin ataduras con el pasado ni con nadie.

     Hubo un silencio. Advertí que Robert contemplaba el junco chino de nuevo, sus velas, semejantes a las alas de un murciélago, combándose por el viento. Sus ojos, tan azules y penetrantes, parecían ensombrecidos por alguna emoción cuyo sentido no pude descifrar.

     -Caelum non animum mutant qui trans mare currunt: «Quienes cruzan el mar cambian de cielo, no de alma». -Me miró de nuevo-. Lo escribió un poeta romano.

     Entonces, ¿por qué has recorrido medio mundo y qué parte de tu alma pretendías cambiar? Quise preguntárselo, sin embargo, no lo hice. Años más tarde, cada vez que recordaba nuestra conversación en la terraza del E&O aquella tarde, me preguntaba qué respuesta me habría dado de haber expresado yo mi curiosidad. ¿Habría cambiado en algo mi propia vida?¨.

 

La frase en latín es de un verso de Horacio.

 

¨Ninguna carretera elevada unía Penang con el archipiélago, aunque siempre me agradó que tuviéramos nuestra propia estación de ferrocarril -no podíamos quedar mal ante Kuala Lumpur o Singapur, ¿verdad? Al fin y al cabo, éramos la primera colonia británica de Oriente-. Compré el billete y crucé la carretera hasta la plataforma de desembarco para subir al trasbordador de trenes. Encontré un sitio junto a la borda; desde que era niña, siempre he preferido estar de pie en la cubierta, a la intemperie, mi espíritu siempre se avivaba al ver las actividades del puerto ruidoso y abarrotado¨.

 

¨El sol se había puesto tras las cúpulas de estilo árabe de la estación de ferrocarril cuando mi tren se adentró en Kuala Lumpur. La ciudad era mucho más ajetreada que Penang y tuve que hacer cola para conseguir un rickshaw. En el Hotel Empire, el conserje ceilandés salió a toda prisa desde el mostrador para darme la bienvenida en el vestíbulo de techos elevados¨.

 

¨Fuera del hotel, los tiradores de rickshaw, en cuclillas junto a la carretera, negaron con la cabeza cuando les dije adónde quería ir. Pudoh Gaol estaba a poco más de un kilómetro, pero fue construido sobre un antiguo cementerio chino y ninguno de ellos quería arriesgarse a que una horda de fantasmas iracundos lo persiguiese hasta su casa. Por fin, un culi accedió a llevarme, pero exigió tres veces la tarifa normal¨.

 

     ¨Alzando su rostro, Willie pronunció un conjuro mirando  a las estrellas: Tempora cum causis, lapsaque sub terras ortaque signa canam.

     -¿Qué significa?

     -«Voy a cantar los días con sus causas y los astros que se ponen y salen bajo la tierra».

     -Es precioso. ¿Lo has escrito tú?

     -Más quisiera yo -Willie sonrió-. Ovidio. Es un poeta de… la Antigüedad¨.

 

Siempre que leo una novela me alegra llegar al punto en el que entiendo el título. Y llegó el momento en el que Lesley conoce ¨La casa de las puertas¨:

 

     ¨Arthur extensió su mano hacia mí. La cogí y pasamos por encima de un tope que me llegaba hasta la espinilla.

     Dentro estaba fresco, las ventanas emplomadas proyectaban una luz blanquecina hacia el vestíbulo. Salvo por un biombo de Coromandel en el lado opuesto, la entrada estaba desprovista de muebles. Sin embargo, en las paredes colgaban puertas de madera pintadas con escenas de pájaros y flores o montañas envueltas en bruma. La mitad superior de algunas de estas puertas exhibía una decoración de complejos diseños calados de dragones y aves fénix.

     -Las he conseguido en casas-tienda y en templos que estaban a punto de ser derribados -me explicó Arthur-. Siempre me había hecho sentir sihm-tnhia -utilizó el término hokienés para «dolor de corazón»- saber que iban a ser troceadas y convertidas en leña. Un día pensé: ¿por qué no las compro? Mi abuela me había dejado esta casa y estaba vacía. La utilizo para almacenarlas.

 

     […]

 

     Las paredes también estaban cubiertas de puertas. Y colgando de las vigas del techo había muchas más, que mantenían entre sí un espacio calculado cuidadosamente y quedaban suspendidas por alambres tan finos que parecían estar flotando en el aire.

 

     […]

 

     Contemplé las puertas; aún oscilaban de forma lánguida desde las vigas del techo.

     -¿Cuántas tienes?

     -Oh, treinta o cuarenta pares, -Su risa sonaba abochornada, pero también contenía el matiz orgulloso del auténtico coleccionista-. He perdido la cuenta. Estas dos de aquí -señaló un par de las que colgaban de la pared- son las más antiguas de mi colección. Las adquirí en un templo el día antes de ser derribado. Son del siglo XVIII. Fueron pintadas por un artista de un pueblo de la provincia hokienesa¨.

 

¨Cerca de los techos provistos de vigas se habían abierto orificios de ventilación en forma de murciélago -porque, según me explicó una vez un cliente de Robert, esta palabra en hokienés suena parecida al término «riqueza»- para facilitar que el aire circulara y enfriara la casa¨.

 

     ¨Mi hermano me clavó una mirada cautelosa, como si acabara de comprender que estaba en presencia de un animal feroz. Me gustó. Me hizo sentir poderosa, alguien con quien no se juega.

     -¿Cómo te has enterado?

     -Su catamita le dejo una nota. Una nota bastante dulce, por cierto.

     Geoff dio un respingo.

     -Preferiría que no usaras esa palabra.

     -¿Qué hay de malo en la palabra «nota»?

     Muy a su pesar, soltó una carcajada.

     -A veces creo que madre tenía razón: una mujer no debería recibir demasiada educación ni tener un vocabulario extenso.

     -Idiota.

     Le golpeé con suavidad el brazo.

     -Estoy conmocionado, absolutamente conmocionado de que conozcas una palabra como «catamita». ¿Qué libros inapropiados has estado leyendo últimamente, jovencita?

     -He seguido el proceso de Wilde, ¿sabes?, como todo el mundo. -Robert había estado absorto en los juicios, leyendo los diarios con avidez todas las mañanas, y ahora entendía por qué-. La sola imagen de mi esposo en la cama con otro hombre… -me estremecí-, y además chino…¨.

 

No conocía la palabra catamita. No aparece en el diccionario de la RAE, pero lo bueno del Kindle es que pulsando en la palabra te sale una nota con la definición:

 

¨En la antigua Roma, un catamito (del latín: catamitus, que a su vez proviene del etrusco catamite) era un sobrenombre usado para un muchacho púber que era compañero íntimo de un hombre mayor, normalmente en una relación pederástica. Generalmente era un término de afecto, pero también se usaba como insulto cuando se dirigía a un hombre adulto¨.

 

¨Permanecimos sentados en silencio, ocultando cada uno ante el otro sus verdaderos pensamientos. Lo que sostenía un matrimonio, lo que permitía que durara un año tras otro, comprendí, eran las cosas que no se mencionaban, las verdades a las que, anhelando revelarlas, obligábamos, no obstante, a permanecer escondidas en nuestras gargantas, en lo más profundo, en los compartimentos más oscuros de nuestros corazones¨.

 

     ¨Una mañana de enero de 1912, bajé a desayunar y reparé en que Robert me miraba de una forma peculiar por encima de su periódico. Esperó a que me sentara antes de pasármelo.

     -Ahora es el presidente Sun Yat Sen -me anunció.

     Leí el artículo. La dinastía Qing estaba acabada. Ya no gobernaba China un Hijo del Cielo. Había nacido la República de China¨.

 

Esto lo cuenta Lesley en 1947:

 

¨La carta había sido llevada a cine, y Robert y yo habíamos ido a ver la película a la sala de proyecciones. Si ya me sentí turbada al leer la historia, sentarme en la oscuridad del teatro y ver a Bette Davis en el papel de Ethel me resultó desconcertante; con mi mano apretada contra la boca observé cómo disparaba a su amante en la veranda. Disparó seis balas contra su cuerpo mientras huía en la noche tropical¨.

 

Ahora tendré que ver esa película, ya que está basada en el relato ¨La carta¨ de William Somerset Maugham, y en esta novela Lesley el cuenta la historia.

 

Por último, terminada la novela, el autor en la sección de Agradecimientos incluye lo siguiente:

 

¨La casa de las puertas es una obra de ficción; no obstante, figuran en ella personajes y acontecimientos históricos. El juicio por asesinato contra Ethel Proudlock tuvo lugar en 1911, pero lo trasladé a 1910 para que coincidiera con la prolongada estancia de Sun Yat Sen en Penang¨.

 

Por cierto, también en la novela se narra como Sun Yat Sen fue expulsado de Penang.

 

También en la novela he aprendido algunas palabras en malayo:

 

¨Por las noches, Robert y yo nos relajábamos con nuestros whiskies con hielo y nuestros pahits*, y observábamos cómo se devanecía otro día tras las montañas¨

 

*Pahits: originado en la colonia británica de Malasia, el Gin Pahit, Bitter Gin o gin amargo, es un cóctel de ginebra y amargo de angostura; en malayo, «ginebra amarga»

 

¨Reanudó el paseo, saludando con un gesto al syce* que lavaba el Humber frente al garaje¨.

 

*Syce: Se pronuncia ¨sais¨,  es un término de origen indio que se refiere al sirviente encargado de limpiar los carruajes y los caballos. Vamos, un mozo de cuadra o palafrenero.

 

¨-Pero ¿le conoce? No hay muchas ang mohs* aquí que puedan afirmarlo¨.

 

*Ang mohs, así se denomina a los blancos en Malasia y Singapur, y a veces también en Tailandia y Taiwán.

 

¨El chino, que respondió paciente a todas mis preguntas, se había formado en Gray´s Inn y al cabo de un mes se casaría con una chica nyonya*, una boda que le habían organizado sus padres¨.

 

*Los términos nyonya o peranakan se emplean para denominar a las personas descendientes de los primeros inmigrantes chinos, principalmente de etnia Han, instalados en parte del archipiélago malayo, sobre todo en torno al estrecho de Malaca, lo que corresponde en la actualidad a los países de Malasia, Indonesia y Singapur.

Publicación de ¨Gabriel de Yermo y los Voluntarios de Fernando VII¨, del historiador alavés Jesús Ruiz de Gordejuela Urquijo

Publicación de ¨Gabriel de Yermo y los Voluntarios de Fernando VII¨, del historiador alavés Jesús Ruiz de Gordejuela Urquijo

Esta página del Diario de Noticias de Álava de hoy viernes 10 de abril informa de que el escritor e historiador alavés Dr. Ruiz de Gordejuela acaba de publicar un nuevo libro.

 

Siempre un placer culturizarse un poco a través de este autor.

 

Si sois más de novela histórica que de trabajos más académicos como este os recomiendo que leáis ¨Capitán Negrete¨, del mismo autor:

 

A mí me gustó mucho y espero que se publique una nueva entrega pronto.

Libros: ¨El jardín de las brumas¨, de Tan Twan Eng.

Libros: ¨El jardín de las brumas¨, de Tan Twan Eng.

Cuando voy a un país me gusta leer sobre el país. Así como en India tenía literatura para aburrir, de diferentes épocas, sobre Malasia estoy encontrando menos. Pero este es uno de los libros de referencia, con muy buena crítica. Fue preseleccionado para el Premio Booker y recibió el Premio Literario Man Asian de Literatura y el Premio Walter Scott de Ficción Histórica.

 

Dice así la contraportada:

 

¨Una superviviente de los campos de prisioneros japoneses, Teoh Yun Ling, busca consuelo entre las plantaciones de Cameron Highlands en la sierra central de Malasia. En ese lugar vive el enigmático Nakamura Aritomo, antiguo jardinero del emperador. A pesar de su resentimiento hacia los japoneses, Yun Ling le encarga la creación de un jardín en memoria de su hermana, fallecida en el mismo campo de prisioneros. Aritomo rechaza la propuesta, pero acepta tomar a la propia Yun Ling como aprendiz en la restauración de «El jardín de las brumas». Mientras trabaja a las órdenes de Aritomo, la lucha entre la guerrilla comunista y los independentistas malayos dibuja un panorama sombrío. Al mismo tiempo, la relación entre ambos desvela antiguos secretos y cicatrices. A veces es necesario recordar para poder olvidar¨.

 

Sobre el autor:

 

¨Tan Twan Eng nació en Penang, Malasia. Vive en Kuala Lumpur.

The Gift of Rain (El regalo de la lluvia), su primera novela, fue preseleccionada para el Premio Man Booker. Ha sido traducida al italiano, español, griego, húngaro, ruso, rumano, checo y serbio.

 

Su segunda y más reciente novela, The Garden of Evening Mists (El jardín de las brumas), se publicó en septiembre de 2012. Fue finalista del Premio Man Booker 2012. Boyd Tonkin, en The Independent, la describió como:

«una novela elegante e inquietante sobre el arte, la guerra y la memoria… Tan escribe con una compostura y una gracia que quitan el aliento, con refinamiento lingüístico y una inteligencia incisiva… Su jardín ficticio cultiva la armonía formal, pero también la socava. Desenmascara la sofisticada maestría artística como compañera del dolor y la mentira. Esta dualidad impregna la novela de un clima de duda; un estado de ánimo —como en la creación de Aritomo— de “tensión y posibilidad”. Su belleza nunca llega a aquietarse».

 

Ha sido traducida al alemán, francés, italiano, serbio, español, neerlandés, polaco, húngaro, macedonio, chino taiwanés, farsi, japonés, indonesio, coreano, ruso y noruego.

 

The Garden of Evening Mists ganó el Man Asian Literary Prize en marzo de 2013.

En junio obtuvo el Walter Scott Prize 2013, entre una lista de finalistas que incluía a Hilary Mantel, Rose Tremain, Thomas Keneally, Pat Barker y Anthony Quinn.

The Garden of Evening Mists también fue finalista del International IMPAC Dublin Literary Award 2014.

 

La novela fue adaptada al cine en 2019 en una película galardonada, protagonizada por Sylvia Chang, Angelica Lee Sinje, Hiroshi Abe, Tan Kheng Hua, John Hannah, David Oakes y Julian Sands, y dirigida por el reconocido director taiwanés Tom Lin.

 

Su tercera novela, The House of Doors, se publicó en el Reino Unido el 18 de mayo de 2023 y fue incluida en la lista larga del Premio Booker 2023¨.

 

Me ha gustado mucho por estar ambientada en Malasia y durante la lectura ir conociendo lugares que se mencionaban, como Melaka o Cameron Highlands.

 

He subrayado un montón de frases y párrafos que me han llamado la atención. Transcribo unos cuantos porque me gusta conservarlos. Pero son tantos que al final me cansé y he dejado muchos sin anotar, subrayados en mi Kindle. Vamos con ellos:

 

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¨Mi secretaria, Azizah, me trajo el sobre poco antes de que dejáramos mi despacho para pasar a a la sala de justicia.

-Acaba de llegar esto para usted, puan – me dijo¨.

 

Aquí aprendí que puan es ¨señora¨ en malayo.

 

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¨La madera era oscura y suave, y la punta estaba rodeada por pequeñas muescas superpuestas.

-Qué corto-lah. ¿Es un palillo para niños? -dijo Azizah mientras entraba en la estancia con un montón de documentos para firmar-. ¿Dónde está el otro?

-No es un palillo para comer.

Me senté y permanecí mirando al palo sobre la mesa hasta que Azizah me recordó que la ceremonia de jubilación estaba a punto de empezar. Me ayudó a ponerme la toga y salimos juntas al pasillo. Me adelantó, como hacía siempre, para avisar a los abogados de que la puan hakim estaba a punto de llegar; ellos solían fijarse en su cara para calibrar mi humor¨. 

 

En la variedad del inglés de Singapur la partícula -lah se utiliza al final de ciertas palabras para suavizar el tono.

 

Puan hakim = Señora jueza en malayo.

 

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¨Azizah me había informado del número de asistentes a la ceremonia, pero, aun así, me quedé atónita cuando ocupé mi sitio en el estrado, bajo los retratos del agong y la reina¨.

 

Agong = Título que recibe el jefe de Estado de Malasia.

 

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¨Sacudió las arrugas de mi toga negra, la colgó en el perchero y se volvió para mirarme.

-No fue fácil trabajar para usted todos estos años, puan, pero me alegro de haberlo hecho. -Las lágrimas brillaban en sus ojos-. Los abogados… usted siempre fue dura con ellos, pero siempre la han respetado. Usted los escuchaba.

-Ese es el deber de un juez, Azizah. Escuchar. Muchos jueces parecen olvidarlo.

-Ah, pero antes no estaba escuchando, cuando tuan Mansor hablaba sin parar. Me he fijado en usted.

-Estaba contando mi vida, Azizah. -Le sonreí-. No era nada nuevo para mí, ¿no crees?¨

 

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¨Yugiri se encontraba once kilómetros al oeste de Tanah Rata, la segunda de las tres poblaciones principales de la carretera que sube a Cameron Highlands. Llegué allí tras conducir cuatro horas desde Kuala Lumpur. Como no tenía prisa había parado varias veces a lo largo del camino. Cada pocos kilómetros pasaba por algún puesto donde se vendían botellas turbias de miel silvestre, cerbatanas y manojos de frijoles amargos. Desde la última vez, habían ensanchado considerablemente la carretera y suavizado las curvas más pronunciadas, pero ahora circulaban demasiados coches y autobuses turísticos, demasiados camiones desbordados que perdían grava y cemento en su camino hacia alguna obra en las tierras altas¨.

 

Yugiri es el llamado Jardín de las Brumas. En mi visita a Cameron Highlands lo estuve buscando, para visitarlo, pero salvando las distancias es un Macondo, un especio ficticio creado por el autor. No existe ni existió en la realidad. Pero sí que está construido a partir de referentes históricos y geográficos reales, cuando visitas Cameron Highlands te puedes imaginar el lugar.

 

    ¨-Quería preguntarte… ¿Qué significa Yugiri? -preguntó la señora Templer.

     -«El jardín de las brumas».

     -Un nombre más evidente incluso que «Remolinos de nubes». Debo decir que me esperaba algo más críptico.

     -Yugiri es un personaje de La novela de Genji. -Por la expresión amable de su cara supe que no tenía ni idea de lo que estaba diciendo-. Era el primogénito del príncipe Genji¨.

 

¨Durante la Emergencia malaya, algunas de las personas que acudían a las visitas guiadas por la plantación de té Majuba pedían ver también Yugiri. Y a veces Aritomo lo permitía. En tales ocasiones, yo los esperaba en la entrada principal. La mayoría eran altos cargos del Gobierno acompañados de sus esposas que se encontraban en Cameron Highlands de permiso y que luego volvían a la guerra contra los terroristas comunistas que se escondían en la jungla. Habían oído hablar del jardín en las montañas y querían verlo para alardear después ante sus amigos del privilegio de haber paseado por él. Cuando recibía al grupo, un murmullo de expectación impregnaba el aire.

-¿Qué significa Yugiri? -preguntaba alguien, normalmente una de las mujeres, y yo contestaba-: «El jardín de las brumas».¨

 

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¨Al entrar en Tanah Rata, la vista del antiguo Royal Army Hospital, construido sobre una cuesta empinada, me provocó una inquietud familiar; Frederik me había dicho que ahora era una escuela. Por detrás se alzaba un hotel nuevo, con la inevitable fachada de imitación Tudor. Tanah Rata ya no era un pueblo sino una pequeña ciudad, y su calle principal había sido ocupada por restaurantes de comida malaya, agencias de viaje y tiendas de souvenirs. Me alegré de dejarlos atrás¨.

 

Tanah Rata es la principal ciudad de Cameron Highlands. Como tenía en mente visitar esa zona me iba apuntando estos párrafos.

 

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¨Me he convertido en una estrella colapsada que arrastra todo lo que tiene a su alrededor, incluso la luz, hacia un vacío en continua expansión.

Una vez que pierda toda capacidad de comunicación con el mundo exterior no quedarán más que mis recuerdos, que serán como un banco de arena aislado de la orilla por la marea creciente. Con el tiempo se sumergirán y serán inaccesibles para mí. Esa perspectiva me aterra. ¿De qué sirve una persona sin recuerdos? Un fantasma atrapado entre mundos, sin identidad, sin futuro, sin pasado¨.

 

No es un spoiler porque se explica al principio de la novela, la protagonista está perdiendo la memoria. De ahí que haya muchas referencias a los recuerdos.   

 

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¨Invariablemente, siempre había alguien que deseaba saber por qué lo había dejado todo para venir a Malaya. Un gesto de desconcierto cruzaba entonces el rostro de Aritomo, como si nunca antes le hubieran hecho esa pregunta. Yo percibía un atisbo de dolor en sus ojos y, durante unos instantes, no oíamos nada más que los pájaros cantando en los árboles. Luego, soltaba una carcajada y respondía:

-Quizás algún día, antes de que cruce el puente flotante de los sueños, descubra la razón. Entonces se la diré¨.

 

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¨Los muros de la casa, de una sola planta, estaban enlucidos en blanco y hacían resaltar la cubierta negra de cañas del tejado. Cuatro ventanales, bastante separados unos de otros, ocupaban los flancos de la puerta principal. Los postigos y los marcos de madera eran de color verde alga. Un gablete de estilo Holbol con relives de hojas y uvas coronaba el porche. Unos tallos largos con flores cuyo nombre, strelitzias, averiguaría más tarde crecían junto a las ventanas; las flores rojas, naranjas y amarillas me recordaron a los pájaros de origami que le encantaba hacer a uno de los guardas japoneses de mi campo. Me deshice de aquel recuerdo¨.

 

No conocía la palabra gablete. Lo bueno del Kindle es que hacer clic en la palabra y te viene la definición:

 

Del francés gablet.

Sustantivo masculino (Arq.) Remate formado por dos líneas rectas y ápice agudo, que se ponía en los edificios de estilo ojival.

 

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¨Sobre el tejado, el viento hacía ondear una bandera con anchas franjas de color naranja, blanco, azul y verde que me resultó desconocida.

-La Vierkleur -me explicó Magnus, pendiente de mi mirada-; la bandera de Transvaal.

-¿No la vas a quitar? -El año anterior habían prohibido la exhibición de banderas nacionales extranjeras, para impedir que los seguidores del Partido Comunista Malayo hicieran ondear la china.

-Por encima de mi cadáver¨.

 

    ¨-¿Qué te ha pasado en el ojo? -La pregunta me había rondado desde el momento en que lo vi.

     -No seas maleducada, Yun Ling -me regañó mi madre.

     Magnus le hizo un gesto para que no me reprendiera.

     -Lo perdí luchando en la guerra de los Bóeres.

     -Eso fue en África -dijo mi hermana.

     -Ja -confirmó Magnus-. Los británicos intentaron tomar nuestra tierra. Les plantamos cara, pero quemaron nuestras granjas y metieron a nuestras mujeres y niños en campos de concentración.

     -Oye -interrumpió mi padre antes de que me diera tiempo a preguntarle qué era un campo de concentración-, no quiero que le cuentes esas sandeces a mis hijas. Vosotros, los bóeres, fuisteis un hatajo de matones. Perdisteis la guerra. Llamar a tu plantación de té «Majuba» no va a cambiar la historia.

     -Es mi pequeño homenaje a la batalla en la que los británicos fueron derrotados -explicó Magnus con voz suave-. Y me provoca un gran placer saber que en Malaya y en todo Oriente reciben un poco de Majuba cada vez que toman el té.

     -Alguien del Club Penang comentó que en tu casa ondea la bandera de Transvaal -continuó mi padre.

     -Es la bandera de mi hogar, del país por el que luché -dijo Magnus-. No me lo reprocharás¨.

 

Estos párrafos anteriores despertaron mi curiosidad, porque no conocía la historia de Transvaal.

 

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¨Permanecimos un rato en silencio. Entonces abrió una puerta junto al armario y me pidió que lo acompañara. El sendero de grava que recorría la parte posterior de la casa nos llevó por delante de la cocina hasta una amplia terraza con un césped bien cuidado. En el centro, un par de estatuas de mármol enfrentadas se alzaban sobre sus plintos. A primera vista parecían idénticas, con los pliegues de sus ropajes derramados sobre la base.

-Se las compré por un precio ridículo a la mujer de un hacendado después de que este se fugara con su amante de quince años -me informó. La de la derecha es Mnemósine. ¿Has oído hablar de ella?

-Es la diosa de la memoria -contesté-. ¿Quién es la otra mujer?

-Su hermana gemela, por supuesto. La diosa del olvido.

Lo miré dudando de si me estaría tomando el pelo.

-No recuerdo que hubiera una diosa del olvido.

-Ah, ¿no prueba su existencia el hecho de que no lo recuerdes? -Sonrió-. Quizás exista, slo que lo hemos olvidado.

-¿Y cómo se llama?

Se encogió de hombros, mostrándome las palmas de las manos vacías.

-Ya ves, ni siquiera recordamos ya su nombre.

-No son completamente iguales -dije al acercarme.

Los rasgos de Mnemósime eran definidos, con la nariz y los pómulos prominentes, los labios gruesos. El rostro de su hermana parecía casi borroso, ni siquiera las arrugas de su toga estaban delineadas tan claramente como las de Mnemósime.

-¿Cuál de ellas dirías que es la gemela mayor? -preguntó Magnus.

-Mnemósime, por supuesto.

-¿De verdad? Parece más joven, ¿no crees?

-La memoria tiene que existir antes que el olvido. -Le sonreí-. ¿O lo has olvidado?¨

 

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Me hubiera gustado haber leído el párrafo que viene a continuación antes de visitar Malaca. Ahí aprendí cosas sobre San Franscisco Javier, que estuvo tres meses enterrado ahí, pero no conocía la historia de Jan Van Riebeeck. Me lo apunto para la próxima vez que visite Malaca. Batavia es ahora Jakarta, ciudad en la que viví 5 años.

 

¨Me fui a Ciudad del Cabo. Pero seguía sin estar lo bastante lejos. Un día, en la primavera de 1905, creo, compré un billete para Batavia. El barco se vio obligado a atracar en Malaca para ser reparado y, según nos dijeron, el arreglo llevaría una semana. Estaba paseando por la ciudad, cuando vi una iglesia abandonada sobre una colina…

-La de Sain Paul.

Lanzó un gruñido.

-Ja, ja (sí, sí, en afrikáans). La de Saint Paul. En los jardines de aquel templo me topé con unas lápidas de trescientos o cuatrocientos años de antigüedad. Y, ¿qué crees que encontré? La tumba de Jan Van Riebeeck. -Al ver mi cara de circunstancia sacudió la cabeza-. Ya sabes que el mundo no está hecho solo de historia inglesa. Van Riebeeck fundó el Cabo y se convirtió en su gobernador.

-¿Y cómo terminó en Malaca?

-La Compañía Holandesa de las Indias Orientales lo envió allí como castigo por algo que había hecho. -El recuerdo suavizó su cara y al mismo tiempo le hizo parecer mayor-. En cualquier caso, al ver su nombre allí, esculpido en aquel bloque de piedra, sentí que había encontrado un lugar para mí, aquí, en Malaya. Nunca volví al barco y nunca llegué a ir a Batavia. En vez de eso me abrí camino en Kuala Lumpur¨.

 

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¨En 1905, al llegar a Kuala Lumpur desde Ciudad del Cabo, Magnus trabajó como subdirector en una de las plantaciones de caucho Guthrie, en Ipoh. Le gustaba contar que consiguió el empleo porque el entrevistador se enteró de que jugaba al rugby. Fue durante ese periodo cuando entabló amistad con mi padre. Hicieron negocios juntos, compraron una plantación de caucho y, a lo largo de los años, adquirieron otras cuantas más.

     Los hacendados de las regiones remotas vivían aislados en medio de las plantaciones de caucho y, por lo general, el vecino europeo más cercano estaba a más de treinta kilómetros de distancia. Al haberme criado en Penang, había oído historias de propietarios que bebían hasta morir o que fallecían por la picadura de una serpiente, por la malaria o por otras enfermedades tropicales. Magnus, acorralado entre las interminables hileras de árboles de caucho, llegó a odiar aquella vida y comenzó a buscar alternativas. Un fin de semana, mientras bebía en el FMS* de Ipoh, oyó por casualidad a un funcionario hablar de una meseta enclavada a más de novecientos metros de altura en la cordillera Titiwangsa. Tenían planeado ubicar allí un centro administrativo del Gobierno y levantar un complejo vacacional, una estación de montaña, para los altos directivos del Servicio Civil Malayo.

     Magnus, que en cierta ocasión había ascendido hasta una de las cumbres de esa región, comprendió de inmediato las posibilidades que aquellos planes le ofrecían. Una semana más tarde había obtenido una concesión gubernamental de casi doscientas cincuenta hectáreas en las tierras altas. Le vendió a mi padre sus participaciones en las plantaciones de caucho justo antes de la Gran Depresión, un acto que mi padre siempre le echaría en cara.

     Un topógrafo del Gobierno, William Cameron, había cartografiado las tierras altas en 1885. Al trazar el mapa de las fronteras de Pahang y Perak, mientras recorría las cordilleras a lomos de sus elefantes, se topó con valles y montañas brumosos e interminables. «Como Aníbal cuando atravesó los Alpes», oí que Magnus contaba con frecuencia a sus invitados durante mi estancia en Majuba.

     Magnus compró semillas y plantas de té de las colinas de Ceilán. Llegaron peones desde el sur de India para despejar la jungla. Al cabo de cuatro o cinco años, las laderas de las colinas y montañas de su finca se cubrieron con arbustos de té. Los árboles terminaron atrofiándose, sometidos a la continua recolección, como los bonsáis mantenidos por las generaciones de la nobleza japonesa. Unos cuantos años después de empezar a plantar, se establecieron en Cameron Highlands otras dos plantaciones de té rivales, pero para entonces la firma Majuba ya había arraigado en Malaya.

     Fue la única marca de té que mi padre prohibió en casa¨.

 

FMS* El Federal Malay States Bar (Bar de los Estados Federados Malayos), fundado en 1906, era el lugar de encuentro de hacendados y propietarios de minas durante la colonización británica.

 

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¨    Sabía que no sería fácil convencerlo para que diseñara y creara el jardín. Pero en ese momento me di cuenta de que la parte más dura estaba por llegar. De repente me sentí insegura y dudé acerca del compromiso que había adquirido.

     -La niña que una vez caminó por los jardines de Kioto con su hermana -dijo Aritomo mientras me miraba a los ojos fijamente como si buscara una piedrecita arrojada en el fondo de un estanque-, esa niña, ¿está todavía ahí?

     Pasó un rato antes de que pudiera hablar. Incluso entonces, mi voz sonó queda y seca:

     -Le han pasado muchas cosas.

     No apartó la mirada de mis ojos.

     -Esa niña está ahí -respondió a su propia pregunta-. En lo más profundo, ella sigue estando ahí¨.

 

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¨    Emily dejó la novela para mirar a su marido.

     -Lo perdimos todo: los diarios de mi oupa, los libros de recetas de mi ouma, mis animales tallados en madera… -se lamentó Magnus-, las fotografías de mis padres y de mi hermana… Todo.

     -¿Todavía…? -me atasqué y volví a intentarlo-: ¿Puedes recordar sus rostros?

     Me miró durante unos instantes. En su único ojo pude ver que comprendía perfectamente mis miedos.

     -Durante mucho tiempo no fui capaz -dijo-. Pero en los últimos años… bueno, han vuelto a mí otra vez. A medida que te haces viejo empiezas a recordar las cosas antiguas.

     -Va a llover -anunció Emily.

     Se levantó, tendió la mano a Magnus y salieron juntos a la veranda que daba al jardín trasero. Una ráfaga de viento humedecida por la lluvia de las montañas entró en la sala de estar como un remolino que agitó las cortinas. Después de un momento de indecisión salí yo también, aunque me quedé algo apartada de ellos.

     -Nou lê die aarde nagtelang en week in die donker stil genade van die rëën -dijo en voz baja Magnus mientras pasaba el brazo alrededor de la cintura de Emily y la apretaba contra sí.

     Por alguna razón el sonido de aquellas palabras movió algo en mi interior.

     -¿Qué quiere decir? -pregunté.

     -«Yace la tierra en la noche tras lavarse en la gracia silente y oscura de la lluvia» -dijo Emily-. Es de su poema favorito. -Se dio la vuelta y se apretó más fuerte contra Magnus.

     Un relámpago sacudió las montañas. Un minuto después, la lluvia se precipitó y desdibujó la noche¨.

 

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     ¨Tanah Rata se situaba sobre una meseta, de la que había tomado su nombre, y estaba rodeada de colinas bajas. En las cimas boscosas se veían bugalows por todas partes, casas que pertenecían a las compañías caucheras europeas que estaban a disposición de los directivos como residencias de vacaciones y, la mayoría de las veces, del personal europeo.

     -La primera vez que vine -me explicó Frederik mientras reducía la velocidad del Austin al entrar al pueblo-, pensé que había una ley que obligaba a que las casas tuvieran todas la fachada de ese espantoso estilo imitación Tudor. Al menos Magnus mostró algo de originalidad cuando construyó la suya¨.

 

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     ¨-Sí que se te han pegado nuestras costumbres -dije-. ¿Cuánto tiempo te quedaste la primera vez que viniste?

     -Solo un mes -respondió Frederik mientras se limpiaba los labios con el pañuelo-. Me di cuenta de que quería volver algún día. No deseaba estar en ningún otro lugar del mundo. -El recuerdo de su felicidad le iluminó los ojos; la luz se apagó a los pocos segundos, quizás por la conciencia de su infancia perdida. En ese preciso instante vi al niño que fue una vez y vislumbré al anciano que llegaría a ser algún día.

     -Y al final volviste -añadí¨.

 

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¨Los fines de semana, en mi tiempo libre, exploraba la plantación de té. Amplias extensiones de Majuba seguían cubiertas por la jungla. Árboles de cientos, miles de años se mezclaban con la selva tropical que cubría Malaya. La finca tenía su propia tienda de alimentación, un bar de toddy*, una mezquita y un templo indio. Los trabajadores se alojaban en un recinto vallado, vigilado por centinelas que Magnus había entrenado. Los domingos el autobús de la finca llevaba a sus empleados a Tanah Rata de excursión. A veces me paraba para contemplar a los hombres que jugaban al sepak takraw con todas las partes del cuerpo, excepto las manos, para mantener en el aire el mayor tiempo posible la pelota de ratán.

 

Para fortalecer mi resistencia física emprendía con frecuencia largas caminatas. Un domingo por la mañana, no mucho después de haberme mudado a Magersfontein, subí por las laderas más bajas que había detrás de la casa. El camino estaba bien señalizado y bordeaba la colina en dirección a Yugiri. Alcancé la cima cuarenta o cincuenta minutos después. Las montañas estaban suspendidas en el aire, una zona de niebla las separaba de la tierra. Desde allí se divisaba la isla Pangkor, soñando en el estrecho de Malaca. Hacia el este las montañas continuaban más lejos de lo que mi vista alcanzaba y fue fácil convencerme a mí misma de que la franja delgada y brillante que laminaba el horizonte era el reflejo del mar de China Meridional¨.

 

*toddy: bebida alcohólica hecha con licor, agua hirviendo, azúcar y limón.

 

En este viaje en moto fui de Cameron Highlands a la isla Pangkor, por lo que me era fácil visualizar estas imágenes de la novela.

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     ¨-«La tinta más tenue durará más que la memoria de los hombres». -El proverbio chino me llega de la nada y me pregunto dónde lo habré oído antes¨.

 

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     ¨-Hola, Emily. -Me asalta la idea de que yo soy ahora mucho mayor de lo que era ella la primera vez que la vi. Es como si el tiempo se superpusiera, sobras de hojas que caen sobre otras hojas, capa sobre capa-¨.  

 

Este pensamiento me pasa de vez en cuando, pero al revés, cuando yo pienso en mis antiguos estudiantes. Por ejemplo, cuando estaba enseñando en Dubái (2005) yo tenía 31 años. Esos estudiantes de 17 años tienen ahora 37. Están casados con hijos, tienes sus familias. Me parece curioso imaginar qué pensarán si les da por recordar eso: ¨el Sr. Castro cuando nos daba clase era 6 años más joven que lo que soy yo ahora¨. También me pasa con las conferencias con los padres de los alumnos. Antes los padres me imponían más respeto, en el sentido de que estaba hablando con personas mayores que yo, con más experiencia en la vida. Ahora es al contrario, si mis alumnos tienen 16 años sus padres pueden tener unos 46, cinco años más jóvenes que su humilde servidor. Al hilo del párrafo, sí me pasa al ver fotos antiguas de mis padres -pasé un montón de diapositivas a fotos- que pienso: ¨en esta foto mis padres eran más jóvenes de lo que soy yo ahora¨.

 

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¨-En una ocasión leí algo sobre Borges -continúo-. Estaba ciego y muy viejo, y pasaba sus últimos días en Ginebra. Dijo: «No quiero morir en una lengua que no comprenda». -Me río con amargura-. Eso es lo que me ocurrirá a mí¨.

 

En Malaca había visto el lugar donde estuvo enterrado San Francisco Javier. Os cuento la historia. Este ilustre navarro falleció de pulmonía con 46 años, el 3 de diciembre de 1552, en la isla china de Shangchuan. Unos portugueses ayudaron a introducir el cuerpo en una caja de madera, agregando cal al ataúd, y lo enterraron. Después de tres meses lo desenterraron para trasladarlo a Malaca, y al revisar el cuerpo vieron que estaba fresco, como si estuviera vivo. Lo metieron en una caja mejor, le untaron brea y se lo llevaron. En Malaca lo recibieron con entusiasmo y a su llegada cesó la gran mortandad que había. Un enfermo lo besó y quedó curado. Fue petición en vida de San Francisco Javier el ser enterrado en Goa, por lo que de Malaca se llevaron el cuerpo a esa ciudad india.

 

Al hilo de eso publiqué este video y un colega, Gari, puso este comentario:

 

¨Por cierto, que al parecer sus últimas palabras fueron en euskera (su lengua materna), y esa es la razón por la que el 3 de diciembre, día de San Francisco Javier, es también el Día Internacional del Euskera¨.

 

Le respondí lo siguiente:

 

¨¡Interesante historia, Knörr jauna!

Creo que nunca lo sabremos.

El artículo se basa en que Antonio China, que hablaba latín, español y portugués -¡lo mejor!-, no entendió lo que dijo el navarro. Aparte de esas lenguas el santo hablaba francés (estudió en la Sorbona), pasó tiempo en Roma, en India y Japón y se cree que chapurreaba el tamil y el japonés.

No sé qué lengua me saldrá a mí cuando dé el último estertor. Creo que dependerá de dónde esté. El año pasado iba corriendo por la escuela, después del cole, resbalé con un papel que había suelto y me caí. Me salió un ¨f*** reflejo, no me salió un j****. Una de las profesoras de EAL estaba con estudiantes de un club extra escolar y pasó a ver qué me había pasado. Luego tuvo que explicar a los estudiantes que en ese contexto esa palabra no era del todo inapropiada 😬🤭🙄

Me parece guay que se celebre el Día Internacional del Euskera.

Que se relacione con las últimas palabras de San Francisco Javier, no sé hasta que punto puede ser un poco tendencioso. Pero vamos, si dijo las últimas palabras en euskera bien, si las dijo en Bahasa Melayu también bien, no quita valor a la importancia y presencia histórica del euskera. 💪¨

 

Por eso al leer esas líneas sobre Borges me vino a la cabeza San Francisco Javier.

 

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¨.    -Magnus quiso casarse con ella, ¿sabes?, pero al ser la única hija de la gran familia Khaw, no podía estar con un modesto hacendado ang moh*.

     -Pero tú si pudiste. -Recordé que Emily provenía de una familia acomodada también, aunque no tan destacada como la de mi madre.

     -Vivir aquí hizo que las cosas fueran más fáciles, supongo -dijo Emily-. Cameron es un mundo aparte. Estoy segura de que ya te habrás dado cuenta. Aquí ya había muchas parejas interraciales antes de la guerra. Yo pensaba que todos habíamos llegado aquí para alejarnos de la desaprobación del mundo¨.

 

*ang moh: modo despectivo de denominar a los blancos en Malasia y Singapur.

 

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¨     -Mi padre ni siquiera sabe mandarín -repuse-. ¿Cómo puede hablar en nombre de los chinos?

     -Ha contratado a un profesor particular para que le enseñe -dijo Woo-. El otro día dio incluso un breve discurso en la Cámara de Comercio China. Fue excepcional, la verdad. Comenzó diciendo, en un mandarín perfecto: «Ya no soy un banana». Me dijeron que puso a todo el público en pie.

     -¿Banana? -repitió Magnus.

     -Amarillo por fuera y blanco por dentro -explicó Woo-¨.

 

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¨     Al llegar a la Residencia Majuba señaló el alambre de espino que rodeaba la valla.

     -Una mala hierba que está estrangulando al país. Parece que ha brotado por todas partes.

     -Es necesario -comenté-. Deberías plantearte algunas medidas de seguridad en Yugiri.

     Con la última luz del atardecer, las gotas de rocío adheridas a las púas de la alambrada brillaban como el veneno en la punta de los colmillos de una serpiente.

     -¿Y estropear el jardín? -Parecía tan horrorizado que solté una carcajada. Se giró para mirarme-. Es la primera vez que te oigo reír.

     -Los últimos años no han sido muy divertidos¨.

 

Este párrafo me ha recordado al muro que está haciendo mi vecino enfrente de casa en el pueblo, una aberración. En fin, mejor no comento Llora.

 

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En un momento de la historia celebran la Fiesta del Medio Otoño o Fiesta de la Luna, festividad anual celebrada por el pueblo chino. La historia que cuenta Emily es muy bonita:

 

¨     -Venid, mari, mari, niños y niñas, la tía Emily os va a contar una historia. ¡Venid!¡Venid! -En su mayoría comprendían y hablaban un poco de inglés básico, pero repitió sus palabras en malayo, finalizó con otro mari, mari exhortatorio y les hizo un gesto con el dedo para que se acercaran.

     Los pequeños se reunieron a nuestro alrededor. Emily recriminó a Magnus con la mirada, aunque era obvio que se estaba divirtiendo. Una vez que los niños estuvieron sentados sobre la hierba, ella les preguntó:

     -¿Sabéis todos por qué al día de hoy lo llamamos Festival de la Luna?

     -¿Porque esta noche la luna está muy grande? -dijo un niño.

     -¡Esta es buena! -señaló Toombs riéndose entre dientes.

     -Tú estate callado-lah -le replicó Emily. Se estiró la falda y se arrodilló en la hierba-. Hace mucho tiempo el mundo tenía diez soles -comenzó-. Todos los días se turnaban para brillar en el cielo. Pero entonces, una mañana, algo raro pasó, algo que nunca antes había ocurrido: los diez soles decidieron aparecer a la vez. El mundo se caldeó demasiado. ¡Wah! Los árboles se incendiaron y… ¡zas!, toda la jungla quedó envuelta en llamas. Rápidamente los ríos y los mares comenzaron a hervir y el agua se convirtió en vapor. Los animales morían y millones de personas estaban sufriendo.

     Algunos de los niños estaban boquiabiertos y miraban a Emily con los ojos como platos. Uno incluso se levantó y dio la vuelta para buscar el consuelo de sus padres.

     -El emperador de China estaba preocupado -continuó Emily-, sin embargo, sus consejeros más inteligentes le explicaron que no podían hacer nada. «Es voluntad del cielo», dijeron. Pero un joven secretario le pidió permiso para hablar. Había oído sobre un arquero llamado Hou Yi, capaz de derribar cualquier cosa que surcara el firmamento, fuera lo que fuese, por muy alto que volara: golondrinas, cigüeñas, águilas. Sus flechas, se decía, lograban incluso perforar las nubes. «Su majestad -sugirió el joven secretario-, quizás podría pedir a Hou Yi que disparara a los soles».

     La voz de Emily llegaba hasta los demás invitados que, uno a uno, fueron abandonando sus respectivas conversaciones para escucharla. Me di cuenta de que Aritomo se había levantado de la silla de ratán y ya no hablaba con el comerciante de seda norteamericano que estaba a su lado.

     -El emperador pensó que la idea del joven secretario era buena. «Envíen mensajeros para que me traigan a ese tal Hou Yi -ordenó-. ¡Rápido!». Cuando llegó el arquero, el emperador le explicó lo que tenía que hacer. Hou Yi lo escuchó y luego pidió que lo llevaran a la torre más alta del palacio. El emperador, transportado en un palanquín por su esclavos, siguió a Hou Yi por la torre. Subían y subían, hasta que llegaron a la parte más elevada, un espacio abierto donde el emperador llevaba a cabo ceremonias de agradecimiento al sol el primer día de cada año nuevo.

     »Los diez soles brillaban de tal forma y desprendían tanto calor que cuando Hou Yi bajó la vista hacia la tierra abrasada se dio cuenta de que no había sombra alguna. Había tanta luz que incluso el cielo azul se había vuelto completamente blanco. -Emily miró a los niños-. Hou Yi, que era un hombre muy grande, cogió el arco.

     -¿Cómo de grande era? -preguntó un niño flacucho.

     -¿Cómo de grande, Muthu? Oh, más que el señor Magnus, pero sin barriga gorda, claro. Casi tan grande como aquel árbol de ahí, pero un poco más bajo. -Emily miró a los demás-. Ah, pero si Hou Yi era grande, su arco era todavía mayor: era dos veces más grande que él. -Se humedeció los labios antes de continuar-. Hou Yi sacó la primera flecha. Era larga y fina, como una lanza. Tensó la cuerda. -Apoyando las manos en las rodillas, Emily se puso de pie con dificultad y adoptó una posición de tiro desplegando los brazos.

     Los más pequeños se rieron. Miré a Aritomo, que estaba reclinado en su silla con los brazos cruzados sobre el pecho y la cara oculta entre las sombras.

     -Hou Yi tiró de la cuerda. Tiró, tiró y tiró hasta que el emperador tuvo miedo de que se rompiera. Cerró un ojo y apuntó con la flecha hacia el sol más cercano, el más implacable. -Emily se detuvo en ese punto del relato, con los brazos todavía en la posición del arquero a punto de arrojar la flecha. Dejó que se hiciera silencio-. Disparó la flecha. -Emily silbó-. Voló por el cielo hacia el sol y le dio justo en el centro. El sol ardió todavía con mayor fuerza durante un segundo, pasó un minuto, luego otro… el aire se llenó de quejidos y gemidos. Hou Yi no lo había logrado. Pero entonces el sol se empezó a debilitar, las llamas se apagaron y desapareció del cielo. La gente vitoreaba, gritaba y aplaudía, incluso el emperador. Hou Yi se secó el sudor de la frente y disparó el resto de sus flechas, una tras otra. No falló ninguna vez. El emperador, los cortesanos, los esclavos, todo el mundo notaba cómo el terrible calor desaparecía a medida que iban muriendo los soles.

     »Al final, solo quedó un sol en el cielo vacío. Cuando Hou Yi estaba a punto de disparar sobre él también, el emperador se levantó de su silla de un salto y gritó: «¡Alto! Tienes que dejar que ese brille o el mundo se cubrirá de tinieblas».

     -¿Y la luna leh? ¿Qué pasa con la luna? -preguntó una pequeña con trenzas.

     -Aiyah, Parames, espera-lah; todavía no he terminado. -Emily se detuvo un instante e hizo como si intentara ordenar sus pensamientos. Los niños se quejaron gritando-. ¿Por dónde iba yo hah? Ah, sí… El último sol se salvó. Pasados unos años, cuando el emperador se iba a morir, convirtió a Hou Yi Enel nuevo gobernante de China -continuó-. A Hou Yi le gustaba tanto ser emperador que pidió a los dioses que le hicieran inmortal.

     -¿Y eso qué es? -preguntó Parames.

     -Significa que nunca jamás moriría -contestó Emily-. Los dioses decidieron darle una pastilla mágica de modo que viviera para siempre. Pero Hou Yi tenía una esposa muy guapa que se llamaba Chang Er. Él la quería tanto que quiso compartir la pastilla con ella, así que la guardó en una caja para darle una sorpresa. Chang Er vio que estaba escondiendo algo y le picó la curiosidad. Un día, cuando su marido estaba cazando, ella abrió la caja. Vio la pastilla y la cogió. Y entonces… -Emily agarró la pastilla invisible con el índice y el pulgar, miró a su alrededor de manera furtiva, se la metió en la boca y fingió hacer un esfuerzo para tragarla. Los niños chillaron-. De inmediato sintió que su cuerpo se volvía cada vez más ligero -continuó-. Sus pies se levantaron del suelo llevándola cada vez más alto. Salió por la ventana flotando, hacia el cielo. Subió y subió y subió. Pero ella no quería dejar a Hou Yi, así que mientras volaba por delante de la luna, decidió quedarse allí. Era lo más cerca que podía estar de su marido. Cuando Hou Yi regresó a casa y vio lo que su mujer había hecho, se le rompió el corazón. Al menos, pensó, una noche al año, cuando la luna alcanzara su máximo tamaño, podría ver a su esposa, que todavía vivía allí. -Emily detuvo su relato y señaló hacia la luna llena que se elevaba sobre nosotros-. Allí está Chang Er, con su vestido de mangas largas y vaporosas, esperando a que Hou Yi se reúna con ella.

     Al igual que los niños, los adultos también levantaron la cabeza hacia el cielo. Durante un momento en el jardín solo hubo silencio. Yo también miré y tuve la impresión de que las sombras de la superficie de la luna componían la figura de una mujer ataviada con una túnica.

     Emily dio varias palmadas.

     -Niños, hora de encender los farolillos.

     Los invitados la ovacionaron mientras alzaban las copas hacia ella. Los niños salieron corriendo, riendo y gritando, con los farolillos que se balanceaban como luciérnagas en la oscuridad. Emily abrió la caja que Aritomo le había traído. Dentro había tres farolillos de papel de arroz, de alrededor de medio metro de altura cada uno, con la estructura cilíndrica hecha con palos de bambú¨.

 

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Los siguientes extractos describen cómo tiran Aritomo y Yun Ling con arco. Describe esa actividad como un arte, da gusto leer estas descripciones. Me recordó a Johnny y colegas del pueblo que tiran con arco:

 

¨Una mañana me encontraba fuera de la galería de tiro, aguardando hasta que Aritomo terminara el entrenamiento. Cuando dejó el arco en el soporto, le dije:

     -Me gustaría intentarlo.

     -Quizás capté un destello de incredulidad en sus ojos; muchas veces era difícil evaluar las reacciones de Aritomo.

     -No puedes si no tienes la ropa adecuada -consiguió decir al fin.

     -¿Ropa adecuada? Bueno, ¿y no tienes un conjunto de sobra? Emily seguro que conoce a alguien que lo pueda arreglar para adaptarlo a mi medida.

    -¿Por qué quieres aprender kyudo?

     -¿No dice el Sakuteiki que para llegar a ser un jardinero cualificado hay que comenzar a practicar también alguna de las otras artes?

     Se quedo un momento reflexionando sobre mi respuesta.

     -Puede que tenga un equipo viejo en algún lugar.

     Regresé unos cuantos días después con el equipo de kyudo en una bolsa. Antes de entrar en la galería de entrenamiento, me quité los zapatos y los coloqué en el escalón más bajo. En el espacio situado al fondo, protegida por una cortina, me puse una chaqueta fina de algodón blanco y un hakama de color negro. Emily me los había arreglado y ambas prendas me quedaban bien.

     Cuando salí del cubículo, con las correas largas y enredadas del hakama entre las manos, miré perpleja a Aritomo. Él me enseñó cómo atármelas alrededor de la cintura con una serie de giros y nudos. Luego me dio un guante de piel de aspecto extraño, parecido al que llevaba él mismo durante sus entrenamientos.

     -El yugake tiene que llevarse en la mano dominante.

     Forcejeé con sus distintos componentes: las tres piezas de cuero y las diversas correas y almohadillas. Al final tuve que dejar que él me lo pusiera.

     Nos arrodillamos sobre el tatami y nos saludamos con una reverencia. Yo repetí cada uno de sus movimientos. Esos rituales me molestaban, pues estaban contaminados por el recuerdo de los actos de obediencia que antaño tuve que efectuar para mis captores.

     Aritomo escogió un arco del soporte y me lo tendió con las manos abiertas. Fabricado con bambú comprimido y madera de ciprés, me sobrepasaba la cabeza cuando apoyé uno de los extremos en el suelo. Al tensar la cuerda hacia la posición de tiro, traté de vencer la resistencia para que se doblara como yo quería.

     -No hay necesidad de utilizar la fuerza bruta. La energía no sale de tus brazos, sino de la tierra; te sube por las piernas, pasa por las caderas y llega a tu pecho, a tu corazón -dijo Aritomo-. Respira bien. Utiliza el hará, el abdomen. Inspira hasta el final. Siente que tu cuerpo se expande al respirar: ahí es donde vivimos, en los momentos entre la inhalación y la exhalación.

     Seguí sus instrucciones, pero me atraganté varias veces antes de hacer algo parecido a lo que me pedía. Noté que me ahogaba.

     Colocó una flecha en la cuerda de su arco; como había dos flechas para cada ronda, la segunda la sostenía con los dedos de la mano dominante mientras tiraba del arco. Tensó la cuerda con una facilidad que envidié; yo acababa de comprobar lo difícil que era.

     El extremo emplumado de la flecha le llegó hasta debajo de la oreja, como si quisiera oír las vibraciones de las plumas. El mundo a nuestro alrededor se apaciguó con una quietud expectante, como una gota de rocío suspendida del ápice de una hoja. Soltó la flecha y dio en el centro de la diana. Mantuvo la posición durante un segundo o dos antes de bajar los brazos y hacer descender el arco con la ingravidez de la luna creciente al hundirse tras las montañas. Repitió el proceso, disparó la segunda flecha y volvió a hacer diana. Tiré de la cuerda de mi arco, pero no conseguí repetir el sonido que acababa de oír.

     -Tsurune -dijo mirándome las manos-: la canción de la cuerda.

     -¿También hay un nombre para eso?

     -Todas las cosas hermosas deberían tener un nombre, ¿no te parece? -contestó-. Dicen que se puede medir el talento de un kyudo-ka con solo oír el sonido de la cuerda cuando dispara. Cuanto más puro es el tsurune, mayor es la habilidad del arquero.

     Al final de la hora de entrenamiento tenía los músculos de los brazos, los hombros y el abdomen temblorosos y doloridos. Cuando Aritomo se apretó los dedos soltó un quejido.

     -¿Artritis? -pregunté. Me había fijado en la leve hinchazón de las articulaciones en sus dedos.

     -Mi acupuntor echa la culpa a la humedad del aire.

     -Entonces no deberías vivir aquí.

     -Eso mismo dice mi acupuntor¨.

 

¨     Cinco meses después de la muerte de Gurney, el general Gerald Templer voló hasta Kuala Lumpur para asumir el puesto de alto comisionado. Magnus me ponía al día cada vez que iba a cenar a la Residencia Majuba, pero aquellas noticias me resultaban irrelevantes, como un caravasar en el horizonte del desierto, como un espejismo. Todas mis energías estaban puestas en mi aprendizaje en Yugiri.

     Disfrutaba de las prácticas de tiro con Aritomo. En «el camino del arco» había algo además de tiro al blanco. El propósito principal del kyudo era entrenar la mente, decía Aritomo, para fortalecer nuestra concentración a través de cada uno de los movimientos rituales que llevábamos a cabo en el shajo.

     -Desde que te colocas en la línea de tiro, tu respiración tiene que ser acompasada -decía-. La respiración debe marcar cada uno de tus movimientos hasta que la flecha se haya alejado no solo de tus manos, sino también de tu mente.

     Comenzábamos cada sesión sentándonos en silencio durante unos minutos y purgando nuestros pensamientos de cualquier distracción. Descubrí la cantidad de morralla que me rondaba por la cabeza. Me resultaba difícil sentarme allí y no pensar en nada. Incluso con los ojos cerrados era consciente de cuanto me rodeaba: el susurro del viento, un pájaro avanzando con cuidado sobre la cubierta del tejado, el picor de una pierna.

     -Tu mente es como un matamoscas adhesivo colgado del techo -se quejaba Aritomo-; cualquier pensamiento, por muy fugaz e intrascendente que sea, se queda allí pegado.

     Cada detalle de las ocho etapas formales del proceso de tiro estaba minuciosamente descrito, incluyendo los pasos para respirar. Adaptarme a esos movimientos tan precisos y a sus rituales me provocaba satisfacción. Practicaba por mi cuenta la secuencia de respiración controlada y sentía cómo mi mente y mi cuerpo se deslizaban poco a poco hacia la armonía. Con el tiempo llegué a comprender que, al dictarme cómo debía respirar, el kyudo también me enseñaba cómo debía vivir. En el intervalo entre el momento de soltar la cuerda y el del acierto de la flecha en la diana, descubrí un espacio tranquilo dónde poder escapar, una fisura en el tiempo donde esconderme.

     Cuando estábamos los dos de pie en la línea de tiro me imaginaba que éramos como la pareja de arqueros de bronce de su escritorio. Disfrutaba viendo las flechas que volaban desde mi arco. Al principio, con demasiada frecuencia se desviaban o se quedaban cortas y no alcanzaban el matto.

     -Sueltas demasiado pronto tu conexión con la flecha -dijo Aritomo-. Mantenla con la mente, dile hacia dónde quieres que vaya y guíala todo el trayecto hasta el matto. Y cuando llegue, sostenla un poco más.

     -No está viva -repuse-; no obedece a nadie.

     Me hizo una señal para que retrocediera, levantó su kyu y ajustó una flecha en la cuerda. Tensó el arco al máximo y, al doblarlo, las rígidas fijaciones despidieron pequeñas nubes de polvo fino al aire. Apuntó hacia el matto y cerró los ojos. Oí que su respiración fluía en intervalos más largos y silenciosos, cada vez más suaves, hasta que pareció como si hubiera dejado de respirar por completo.

    «Suelta -le pedía desde mi mente-, suelta».

     Se dibujó una sonrisa en su rostro. «Todavía no».

     Estaba segura de que no le había visto mover los labios y, sin embargo, su voz en mi cabeza fue inconfundible.

     Mientras seguía con los ojos cerrados, Aritomo soltó la cuerda. Casi de inmediato oí que la flecha golpeaba el matto. Entonces los abrió y ambos miramos a la diana situada a casi veinte metros de distancia. El extremo emplumado de la flecha sobresalía dibujando una línea de sombra sobre la superficie, que quedó transformada en un reloj de sol. Incluso desde mi posición se veía que había acertado justo en el centro de la diana¨.

 

Aquí un poema relacionado:

 

¨Si tiras con el arco, usa el más fuerte.

Si lanzas una flecha, que sea larga.

Si disparas a los hombres, antes mata a sus caballos.

Si persigues bandidos, primero captura al jefe.

 

La matanza tiene sus límites

Y cada reino sus fronteras.

Doblegar al invasor

¿exige, acaso, tantos muertos y heridos?

 

Tu Fu, Bosque de pinceles¨.

 

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     ¨-¿Cuánto tiempo va a quedarse aquí?

     -No lo sé. No mucho.

     Media hora después, de nuevo en el estanque, se para y mira a su alrededor.

     -Según lo que me ha estado contando, es solo una cuestión estética, ¿verdad? El jardín, me refiero.

     -Claro que no. El jardín tiene que llegar a tu interior. Puede cambiar tu corazón, entristecerlo o animarlo. Tiene que hacerte apreciar la transitoriedad de la vida -digo-. Ese preciso instante en que la última hoja está a punto de caer, en que el pétalo que queda va a desprenderse: ese momento captura toda la belleza y la tristeza de la vida. Los japoneses lo llaman mono no aware.

     -Es una manera morbosa de ver la vida.

     -Todos nos estamos muriendo -afirmó-. Día a día, segundo a segundo. Cada vez que respiramos, se agotan un poco más las reservas limitadas con las que nacemos. -Veo que no le interesa el tema de la muerte, seguramente pensará, como les ocurre a muchos jóvenes, que no le incumbe¨.

 

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     ¨Me señalo la cabeza con un dedo. No estoy de humor como para darle los detalles de mi enfermedad, parece más fácil dejar que ella se imagine lo que quiera.

     Me toca la muñeca con suavidad.

     -Aunque padezcamos enfermedades distintas, al final significan lo mismo, ¿verdad? Nuestra memoria se muere. -Nos quedamos calladas durante un rato. Luego, dice-: A mi edad, ¿sabes que deseo? Poder morir mientras todavía recuerde quién soy y quién he sido.

     -La mayoría de la gente se conformaría con una muerte en paz y sin dolor. A ser posible yéndose a dormir y no volviéndose a levantar jamás.

     -Nosotras no somos «la mayoría de la gente» -replica-. Al menos, espero que yo no¨.

 

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Este párrafo que viene a continuación más que recordarme a la selva tropical me ha recordado a algunas zonas sombrías de los montes alrededor del pueblo, subiendo por Orbañanos al Humión o bajando de las Antenas a Sobrón:

 

     ¨Es difícil describir lo que se siente al entrar en la selva tropical. Condicionado por las líneas reconocibles y las formas cotidianas de las ciudades y los pueblos, el ojo se siente abrumado por la variedad ilimitada de pimpollos, matas, árboles, helechos y hierbas que cobran vida sin ningún sentido del orden ni moderación aparente. El mundo se presenta en un tono uniforme, casi monocromático. Entonces de forma gradual, comienzas a asimilar las distintas tonalidades de verde: esmerlada, caqui, verdeceledón, lima, verde amarillento, aguacate, oliva. Cuando el ojo se reajusta, otros colores intentan hacerse hueco: troncos de árboles veteados de blanco, briófitas amarillas y droseras rojas bajo los haces de luz del sol, flores de color rosa en una enredadera trepadora que engalana un tronco al rodearlo¨.

 

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     ¨Aritomo señaló al cielo en dirección este. Un muro de nubes se elevaba tras el monte Berembun.

     -La lluvia de mañana se extiende en el horizonte.

     Mis ojos vagaron desde el final de una montaña hasta otra.

     -¿Crees que durarán siempre?

     -¿Las montañas? -dijo Aritomo, como si ya le hubieran hecho esa pregunta antes-. Desaparecerán. Como todo¨.

 

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Interesante descripción de la historia del té y las guerras del opio en China:

 

     ¨Por el camino Magnus resumió a los Templer la historia de las tierras altas y les contó cómo William Cameron había estudiado esas montañas a lomos de elefante.

     -Como Aníbal cuando cruzó los Alpes -dijo, y los ojos en blanco de Emily me hicieron pensar en un par de peces boca arriba tomando el sol.

     -Cuando establecí la finca, la gente me tomó por loco. -Magnus me lanzó una sonrisa fugaz-. Y tenían razón. Caí bajo el hechizo de esta magnífica planta desde el primer momento. -Arrancó un brote verde y brillante de un arbusto, lo hizo rodar entre los dedos debajo de la nariz y se lo dio a la esposa del alto comisionado-. Estas provienen de las primeras plantas descubiertas en el Himalaya oriental. Antes de la era cristiana, un emperador chino ya las conocía. Él las llamó «espuma del jade líquido».

     -¿El emperador que descubrió el té después de que algunas hojas se cayeran en la olla de agua que estaba hirviendo? -intervino Aldrich-. Eso es solo una leyenda.

     -Pues yo sí me la creo -replicó Magnus-. ¿Qué otra bebida se ha tomado de formas tan diversas por tantas razas distintas durante más de dos mil años? Los tibetanos, los mongoles, las tribus de las estepas de Asia Central; los siameses y los birmanos; los chinos y los japoneses; los indios y, finalmente, los europeos. -Hizo una pausa, absorto en su sueño de té-. Todos lo han bebido, desde ladrones y mendigos hasta escritores y poetas; desde agricultores, soldados y pintores hasta generales y emperadores. Y si entras a cualquier templo y te fijas en las ofrendas de los altares, verás que incluso los dioses beben té. -Nos miró uno a uno-. Cuando los ingleses tomaron la primera taza de té, lo que en realidad se estaban bebiendo era la caída definitiva del Imperio chino.

     -El rostro de Templer se puso colorado y su esposa le tocó suavemente el brazo.

     Aldrich volvió a hablar:

     -Bueno, no negará que China obtuvo grandes beneficios vendiendo té al mundo.

     Por alguna razón, la leve sonrisita que acompañó sus palabras me produjo la sensación de que estaba tirando de la lengua a Magnus de manera intencionada.

     -Eso fue así al principio -contestó Magnus-. Pero el flujo de plata hacia China a cambio del té se convirtió en un motivo de preocupación para ellos, así que los ingleses encontraron el modo de invertir ese flujo. ¿Y sabéis lo que hicieron?

     -Lao Kung… -advirtió Emily a su marido. Me lanzó una mirada suplicante para que lo hiciera callar, pero yo me encogí de hombros: no podía hacer nada.

     -Opio -dijo Magnus contestando a su propia pregunta-. Opio de los campos de la Compañía Británica de las Indias Orientales en Patna y Benarés. Se lo vendían a China para contrarrestar la pérdida de plata del tesoro de Inglaterra. Y de esa forma el Reino Celestial se convirtió en una nación de adictos al opio, todo por nuestros anhelos de té.

     -Eso son tonterías -replicó Aldrich.

     -¿Si? Vosotros los ingleses entrasteis en guerra contra China dos veces, dos, para defender vuestro derecho a vender opio. Mira en los libros de historia, las llaman precisamente las guerras del Opio, no sé si te acuerdas¨.

 

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     ¨Había olvidado al capitán Hideyoshi Mamoru. El recuerdo de mi conversación con él brotó a medida que iba escribiendo. Quería parar y, sin embargo, permití que saliera del bolígrafo. Al volver a pensar en mis propias palabras, me quedo helada. ¿Había sido tan despiadada como para corregir el vocabulario de un hombre poco antes de que lo ajusticiaran? Colgado, ahorcado… ¿Qué más daría?

     Como jueza, he actuado en casos civiles y criminales. He sentenciado a muerte a gente por asesinato, tráfico de drogas y robo a mano armada. Siempre me he sentido orgullosa de mi imparcialidad, de mi objetividad, pero ahora me pregunto si esos no serían simplemente los atributos de un corazón insensible.

     Antes de entrar de nuevo, vuelvo a mirar el cielo. Las estrellas están quietas, inmóviles. Ni un solo punto se ha desplazado en este mapa eterno¨.

 

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     ¨Carraspea unas cuantas veces.

     -Todos están sin título. Los he organizado por orden cronológico. -Le da la vuelta a la hoja y señala una línea vertical de escritura japonesa-. Este está fechado el quinto mes del vigésimo año de la Showa jidai: el Periodo de Paz Ilustrada.

     Sabía que cada periodo del calendario japonés se correspondía con el reinado de un emperador.

     -¿Cuándo se convirtió Hirohito en emperador?

     -El día de Navidad del año 1926. Por lo que, cuando Aritomo escribió esto, era 1945; mayo de 1945.

     -Tres meses antes de que Japón se rindiera. -Imagino a Aritomo sentado aquí, en Yugiri, trabajando en el grabado mientras yo seguía prisionera: cada uno sin conocer la existencia del otro, sin saber que nuestros caminos convergerían algún día¨.

 

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     ¨»Por entonces Japón estaba perdiendo la guerra. Los planes del vicealmirante Onishi para defender nuestro país comenzaban a divulgarse: se pedía a los pilotos que se lanzaran en ataques suicidas contra los buques de guerra americanos. Aquellos hombres eran conocidos como «flores de cerezo», ya que solo florecían durante un pequeño intervalo de tiempo antes de caer¨.

 

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¨Justo antes de llegar a la aldea de Brinchang, Aritomo tomó un carril estrecho de tierra y siguió cuesta arriba hasta alcanzar un pequeño claro¨.

 

En Brinchang pasé una noche, en Cameron Highlands. Desafortunadamente ya no es una aldea.

 

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      ¨-¿Recuerdas que te hablé sobre mi viaje a pie por Honshu, cuando tenía dieciocho años? -dijo-. Pasé una noche en un templo que se caía a pedazos donde ya solo vivía un monje. Era viejo, muy viejo. Y estaba ciego. A la mañana siguiente, antes de irme, le corté un poco de leña. Cuando me iba se colocó en el centro del patio y señaló hacia lo alto. En el borde del tejado ondeaba una bandera de oración, descolorida y hecha jirones. «Joven-me preguntó-, dime: ¿es el viento el que está en movimiento o es solo la bandera lo que se mueve?»

     -¿Qué respondiste?

     «Ambos se mueven, señor». El monje sacudió la cabeza, claramente decepcionado por mi ignorancia. «Un día te darás cuenta de que no hay viento y de que la bandera no se mueve», dijo. «Lo que se agita es solo el corazón y la mente de los hombres»¨.

 

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La editorial que publica este libro es la editorial Amok.

 

¨En malayo, AMOK significa un ataque de locura homicida, un brote de furia salvaje que induce al sujeto a un comportamiento asesino. También es una forma de cocinar el arroz muy rica¨.

 

Me apunto el siguiente libro para leer, de esta editorial: ¨Estado de excepción¨, de Jeremy Tiang.

 

El libro me ha encantado. Después de leerlo quería ponerme con la película, pero no he dado con ella. Seguiré buscándola. Sí que he visto varios videos:

 

Tráiler (en inglés, 30¨)

 

Tráiler internacional (en inglés, 2´)

 

No sé por qué me imaginaba a Aritomo como una especie de Señor Miyagi, de Karate Kid. Pero no, por lo que veo en el tráiler no se asemeja en nada. Parece que al actor que interpreta a Aritomo hace un gran papel.

 

The Making Of The Garden Of Evening Mists (en inglés, 19´23¨)

 

En agosto fui desde Kuala Lumpur a la isla Carey en moto. Pasé por Hatter´s Castle y en mi blog escribí lo siguiente:

 

9.- Hatter’s Castle.

 

Después de pasar un rato en la costa me metí por carreteras de parcelaria entre fincas de aceite de palma. Mi último destino era Hatter´s Castle, un bungalow colonial construido a principios de los años 20 (del siglo pasado). La novela ¨El jardín de las brumas¨, del novelista malasio Tan Twan Eng, tuvo mucho éxito y fue llevada al cine. La película, estrenada en 2019, fue rodada en parte en Hatter´s Castle. En el filme, ambientado en la década de 1940, Hatter’s Castle aparece como la residencia de Magnus Gemmel, uno de los personajes de la historia.

 

¡Con ganas de ver la peli!

 

La invasión japonesa del sudeste asiático y China en tiempos de la Segunda Guerra Mundial (empezó un poco antes) fue brutal. Malaya no fue una excepción. Leyendo el libro tenía de vez en cuando en mente a una colega japonesa que lleva muchísimos años viviendo aquí (es profesora de inglés). En diciembre, en un viaje con alumnos a un centro de refugiados birmanos en Kuala Lumpur con el que colaboramos, tuve la oportunidad de sentarme con ella y charlar un rato. Le pregunté qué percepción tenían de ella en Malasia, por ser japonesa. Ya sé que han pasado muchos años, pero a ver si tenía alguna experiencia desagradable. Me comentó que lo curioso es que en Japón no se enseñaba esa parte de la historia, y que muchos japoneses no tienen ni idea de lo que ocurrió durante esa época. Que antes -no sé ahora- no se enseñaba en las clases de historia en Japón, por lo que muchos japoneses, incluidos padres de nuestros estudiantes, pueden no conocer este capítulo negro en la historia del país del sol naciente. Por lo demás, ha pasado ya mucho tiempo, por lo que no hay mayor problema.

 

Una novela muy interesante donde aprendes un montón de la historia de este país. Seguiremos leyendo algo de este autor y espero poder encontrar la peli pronto.

Libros: ¨Misión en París (Las aventuras del capitán Alatriste 8)¨, de Arturo Pérez-Reverte

Libros: ¨Misión en París (Las aventuras del capitán Alatriste 8)¨, de Arturo Pérez-Reverte

Dice así la contraportada:

 

«Sonaba la medianoche en los relojes de París cuando entraron por la puerta de Saint-Jacques cuatro jinetes tan seguros de sí mismos como el trote firme de sus caballos».

 

¨Es medianoche. Íñigo Balboa, que forma parte de los Correos Reales del rey católico, aguarda expectante la llegada del capitán Alatriste, de Francisco de Quevedo y de Sebastián Copons a París, donde se encuentra para entregar unos despachos al conde de Guadalmedina. Hace casi un año que no se reúnen, cuando acabó la arriesgada encomienda que tuvieron que afrontar en Venecia. Son tiempos complejos para Francia: desde hace unos meses, los hugonotes de La Rochela, con apoyo inglés, están viviendo un duro asedio por parte de las fuerzas francesas a las órdenes del cardenal Richelieu. Por mediación de Quevedo, Alatriste y sus amigos se ven envueltos en una peligrosa misión secreta ideada por el conde-duque de Olivares. Esta vez el objetivo es de tal magnitud, que la aventura a la que se enfrentan podría cambiar para siempre el curso de los acontecimientos¨.

 

Este libro se publicó el 3 de septiembre de 2025, nueve años después de la última entrega. Y los admiradores del Capitán lo hemos esperado con ganas. El 2 de septiembre fue mi cumpleaños y mi colega Iban tuvo el detalle de el 3 de septiembre enviármelo por Kindle. Legal, no pirata, fue entrar a mi Kindle y descargarlo, previo pago de mi colega. ¡Qué majo!

 

¡Una gozada de lectura, lo he disfrutado mucho! Normalmente suelo subrayar frases que me llaman la atención, que luego transcribo en mi blog. Con esta novela intencionadamente no lo he hecho, porque son tantas que al final iba a tener que transcribir el libro entero.

 

En las entrevistas a Pérez-Reverte he leído que todavía le queda uno en el tintero, ¡qué bien! ¡A ver si se pone con ello y lo vemos pronto publicado!

Libros: ¨Un peculiar asesinato malayo¨, de Shamini Flint.

Libros: ¨Un peculiar asesinato malayo¨, de Shamini Flint.

Dice así la contraportada:

 

¨El inspector Singh está de mal humor porque tiene que volar desde su casa en Singapur a Kuala Lumpur para resolver un enrevesado asesinato. Chelsea Liew (la famosa modelo singapurense) es acusada de matar a su exmarido; ella asegura que no lo hizo a pesar de tener un móvil: después de un virulento divorcio querían quitarle la custodia de sus hijos por una triquiñuela legal y religiosa. Singh cree en su inocencia y quiere esclarecer el crimen, pero tiene un gran problema: la policía malaya se niega a colaborar. Solo su pericia, su astucia y su inteligencia podrán ayudarle en esta intrincada situación… y algunos inesperados colaboradores que se sumarán poco a poco a su causa¨.

 

Sobre la autora:  

 

¨Shamini Flint (nacida el 26 de octubre de 1969 en Kuala Lumpur, Malasia) es una autora radicada en Singapur. Es más conocida por su serie de novelas policíacas Inspector Singh Investiga, publicada en muchos idiomas en todo el mundo. También escribe libros infantiles con temas culturales y medioambientales. Antes de convertirse en escritora en 2004, fue abogada corporativa en el bufete internacional Linklaters. Es reconocida por su labor en la promoción de productos de comercio justo en Singapur y dona parte de las ganancias de sus libros de temática medioambiental al WWF. Shamini vive actualmente en Singapur con su esposo inglés, Simon Flint, y sus dos hijos, Sasha y Spencer Flint¨.

 

¨Un peculiar asesinato malayo¨ es el primero de la serie ¨El inspector Singh investiga¨, que cuenta con los siguientes títulos:

 

1.- El inspector Singh investiga: Un peculiar asesinato malayo (2008, traducido al español en versión digital en 2023).

2.- El inspector Singh investiga: Una infame conspiración en Bali.

3.- El inspector Singh investiga: Una pandilla de villanos en Singapur.

4.- El inspector Singh investiga: Una repentina oleada de asesinatos en Camboya.

 

Los que vienen a continuación creo que todavía no están traducidos al español:

 

5.- El inspector Singh investiga: Un curioso cadáver indio.

6.- El inspector Singh investiga: Un calamitoso asesinato chino.

7.- El inspector Singh investiga: Una espantosa ejecución inglesa.

 

Estaba buscando algo para leer sobre Malasia y di con este título. Me ha parecido muy interesante y he aprendido cosillas del país. Extraigo algunos párrafos que me han llamado la atención:

 

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    ¨El inspector Singh silbó en voz baja, con los labios fruncidos.

     -¿Y este de dónde ha salido? -preguntó.

     El sargento Shukor no fingió malinterpretar la pregunta.

     -Es de familia muy rica, señor. De hecho pertenece a la realeza de Perak.

     Singh asintió con la cabeza. Nueve de los trece estados de Malasia eran antiguos sultanatos con monarquías hereditarias. Eso implicaba que mucha gente presumía de ser de la realeza o al menos estar emparentada con ella.

     -Estudió en un internado de Inglaterra y se doctoró en Psicología Criminal en Cambridge.

     -¿Entonces qué pinta aquí?

     -Dicen que le encanta este trabajo y que no quiere que lo asciendan porque serían todo gestiones y no habría labor policial. –Al inspector Singh no le extrañaba que no quisiera convertirse en un burócrata porque a él le pasaba lo mismo-. Le dejan tranquilo porque tiene muchos contactos -siguió explicando Shukor.

     Singh frunció el ceño. Él no tenía muchos contactos y sus superiores lo dejaban en paz solo cuando les convenía¨.

 

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   ¨ -¿Cómo está Dev? -le preguntó ella.

     -Bien, como siempre -respondió él a la pregunta sobre su mujer.

     -¿Sigue demasiado delgada? No como tú, deberías comer menos, ¡ya sabes lo que le pasó a mi pobre marido!

     Le sirvió una taza de té caliente bien cargado, espesado y endulzado con leche condensada, y empujó hacia él una bandeja de dulces indios mientras se lo decía…

     -¿Para qué me dices que haga dieta si me sirves este tipo de cosas? -le preguntó malhumorado el inspector.

     Solo llevaba diez minutos con su hermana mayor y ya lo estaba incordiando con el comportamiento habitual de las mujeres sijs de su generación: la capacidad de alternar comentarios insultantes con recomendaciones para mejorar su salud y su vida.

     Ella cambió de tema.

     -¿Qué haces aquí?

     -He venido a trabajar en la investigación del asesinato de un malayo porque la sospechosa principal es singapurense.

     -Lo he visto en los periódicos -comentó su hermana entusiasmada- y no me extraña que lo matara: ¡convertirse al islam para quedarse con los niños!

     -No está claro que fuera ella -señaló el inspector.

     -No digas tonterías, ¿quién iba a ser si no?

     -Eso es lo que he venido a averiguar.

     -¡Bah, estás perdiendo el tiempo!¨.

 

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    ¨Se abrieron paso hasta el hospital y aparcaron a distancia del edificio principal. El aparcamiento estaba atestado de coches, la mayoría de la marca Proton. El Proton, coche nacional de Malasia, se había apropiado de una gran parte del mercado del automóvil malayo gracias a una combinación de subvenciones e impuestos, lo que implicaba que muchos pacientes demasiado pobres para pagar un seguro de salud privado podían ir en coche a un hospital público para recibir tratamiento subvencionado. También implicaba que Malasia estuviera asfaltada con urgencia para construir nuevas carreteras por las que circular. Al parecer, cuando una persona tiene un coche «necesita» ir a algún sitio a hacer algo, reflexionó el inspector. Los días en que la vida transcurría a un agradable ritmo de kampung, de pueblo, habían quedado atrás. Ahora los malayos andaban por ahí, a toda velocidad en coches baratos tuneados, buscando un sitio a dónde ir. Su destino favorito era algún «mega-centro comercial» de hormigón, tipo búnker.

     Los dos policías dejaron atrás un montón de coches que se diferenciaban por los cristales tintados, los parachoques enormes y los tapacubos deportivos. La sala de espera principal del hospital estaba llevan de gente: los alegres visitantes de los enfermos leves y los angustiados familiares de los moribundos. La morgue era difícil de encontrar, una característica de diseño común a los hospitales de todo el mundo. ¿Tal vez para ocultar su destino final a aquellos que estaban más cerca de él?, pensó distraídamente el inspector. Singh no pudo evitar pensar que, en un hospital, era mejor disimular la proximidad de la muerte y esconder los cuerpos. Señalizar la morgue a los pacientes no ayudaba a un buen estado de ánimo para la recuperación. Sería el equivalente médico al «abandonad toda esperanza, quienes aquí entráis».

     Un fibroso camillero del hospital vestido con un holgado uniforme verde devolvió al inspector Singh al presente. Estaba tratando de abrir el cajón de acero en el que se encontraba Alan Lee, y con el estrépito con el que se abre una botella de champán, se abrió el cajón. El camillero sonrió triunfante y sudoroso, con unos dientes negros y podridos. Un paquete de cigarrillos asomaba en su bolsillo superior y un ligero olor a tabaco sugería que trabajar ocupándose de los muertos no le disuadía de un hábito que aceleraría, sin duda, su llegada a los cajones. La imagen de un par de pulmones enfermos en el paquete de cigarrillos (la última de una larga retahíla de advertencias sanitarias impuestas por el Gobierno) parecía superflua en tales circunstancias. Singapur había impuesto la misma advertencia sanitaria y el inspector Singh, asqueado por las imágenes de los órganos enfermos, transfería cuidadosamente los cigarrillos de cada paquete que compraba a uno viejo y roñoso en el que solo había una advertencia verbal. Había cambiado de hábitos sí, pero solo para evitar que lo aleccionaran gráficamente. El camillero estaba hecho de una pasta más dura¨.

 

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    ¨Miró a su alrededor. Daba la impresión de que en esa ciudad los contratos de mantenimiento y paisajismo se adjudicaban a las empresas por sus contactos y no por su competencia. La acera en la que se encontraba había sido repavimentada con baldosas de diferentes formas que simulaban diseños florales. La mayoría de ellas estaban agrietadas y faltaban algunas que estaban mal colocadas o que se habían levantado debido a la intensidad del sol.

     Era imposible caminar y pensar a la vez, había que estar concentrado en todo momento para no torcerse un tobillo. En lugar de árboles frondosos que dieran sombra había palmeras plantadas a intervalos regulares: era una incorporación reciente, estaban apuntaladas con tablones de madera y tenían guirnaldas de luces enroscadas alrededor de los troncos; el cableado hacía que pareciera que los árboles estaban a punto de morir electrocutados.

     El inspector suspiró y pateó un pedazo roto de acera que sobresalía.

     -¿De quién habrá sido la brillante idea?

     El sargento Shukor se encogió de hombros, un gesto de resignación que la anchura de estos reforzó. No sería él quien defendiera las aceras rotas, no iba a jactarse del orgullo patrio en esos momentos, sobre todo cuando se acababa de dar un golpe en un dedo del pie.

     Aun así, el inspector pensaba que Kuala Lumpur tenía cierto encanto, aunque no sabía definirlo exactamente. Puede que fuera por la sensación de libertad o incluso de anarquía que le faltaba a Singapur. O quizás se trataba de la falta de respeto por la autoridad, de la ausencia de espacio físico, de la imposibilidad de dar un paso atrás y disfrutar de un momento de tranquilidad.

     Los singapurenses siempre estaban ampliando la lista de razones (por si aparecía algún malayo) por las que era mucho mejor vivir en la isla que en la península: desde la ley y el orden hasta la limpieza, desde la transparencia del Gobierno hasta la calidad de las escuelas, y siempre acababan resaltando la fortaleza económica de Singapur.

     Finalmente, el malayo acababa asintiendo como si estuviera de acuerdo con los puntos expuestos y se encogía de hombros para indicar que, aunque pudiera, nunca intercambiaría su pasaporte con el singapurense. Y si lo presionaban para que diera alguna razón recurría a esa vieja historia que en cierto modo parecía resumir todo lo negativo de Singapur: «Pero vuestro Gobierno os prohíbe mascar chicle». Dos en uno, el Estado paternalista y el Estado policial¨.

 

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   ¨ Jasper Lee, que ya había vuelto de su visita en avión a Borneo, se encontraba en una cafetería china. Su presupuesto era reducido y había dejado atrás su antiguo estilo de vida cuando renunció al negocio familiar. Estaba sentado en un taburete, delante de una mesa marrón de formica; las banquetas de cuatro patas eran de Ikea, cuyos taburetes de aluminio con asientos de plástico de colores eran más baratos que los de ratán o madera que solían adornar los restaurantes baratos. Jasper hizo un paréntesis para lamentar una baja más de la globalización que había pasado desapercibida y que nadie echaba de menos, aunque afectaba en parte al encanto que antiguamente solían tener los puestos de comida, incluso los que eran tan cutres como aquel.

     El olor del char kway teow frito y las llamas que se elevaban alrededor del wok que estaba sobre un hornillo conectado por un tubo de goma a una bombona de gas, desencadenaron una explosión de jugos gástricos en su estómago y una puñalada de acidez que le atravesó el pecho. La comida y un vaso de zumo de soja frío con hielo le saldrían por menos de cinco ringit. Jasper la iba a disfrutar mucho más que los platos cocinados con especies en peligro de extinción y con nombres vergonzosamente poéticos, que ofrecía cualquier restaurante chino exclusivo y caro.

     El cocinero se secó el sudor de la frente y unas cuantas gotas cayeron en el wok, chisporroteando sobre los bordes calientes.

-       ¿Con extra de chile? -preguntó a Jasper.

       Cuando asintió, extrajo un montoncito con una espátula de un gran recipiente de plástico y lo añadió¨.

 

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    ¨Agitó la mano en el aire para pedir la cuenta y el inspector lo fulminó con la mirada y le indicó con un cortante movimiento de cabeza que no se precipitara… Le apetecía algo de postre.

     Pero su subordinado dio unos golpecitos al teléfono: el mensaje no podía esperar. El inspector Singh sacó un puñado de ringits del bolsillo y los lanzó sobre la mesa cuando llegó la cuenta. Se despidió del viejo punyabí de larga barba blanca (como la nieve) con una inclinación de cabeza y salió con Shukor al sol abrasador, parpadeando mientras se le humedecían los ojos por la intensidad de la luz. Estaban cerca de la mezquita de Masjid Jamek o Jamek, construida en la confluencia de dos ríos que parecían desagües: eran pequeños, de color marrón fangoso y con los márgenes de hormigón. Todo el romanticismo ligado a su presencia en el corazón de Kuala Lumpur se había perdido por la necesidad de canalizarlos para evitar desprendimientos. Pero la mezquita era un edificio bellísimo, de proporciones perfectas y estilo árabe¨.

 

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    ¨El sargento Shukor, sorprendido, fue quien tuvo la última palabra a la vista de aquel móvil inesperado.

     -¿You dah gila, ke? -«¿Se ha vuelto loco?» le preguntó¨.

 

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    ¨A Chelsea Liew le brillaban los ojos y tenía las mejillas sonrosadas. Llevaba un pañuelo en la cabeza como el que usaban las musulmanas devotas para evidenciar modestia y religiosidad; era una imagen habitual en Malasia, donde cada vez más mujeres musulmanas ocultaban su cabello recogido con un manto que llegaba hasta la cintura y cubría la parte superior de su cuerpo. Coacción masculina, presión, decisión propia… era difícil saber por qué tantas habían adoptado el código islámico de vestimenta más estricto, aunque el burka completo seguía siendo muy poco común. Las ataviadas con vestidos negros amorfos, medias negras, zapatos, guantes y un velo opaco, solían formar parte de las hordas de turistas árabes enriquecidos por el petróleo que venían a Malasia a comprar ropa de diseño para llevar bajo sus túnicas negras. Chelsea Liew llevaba un pañuelo de gasa transparente con un ribete de abalorios. Su pelo asomaba de forma seductora. No era muy probable que la intención del tribunal de la sharía al exigir que todas las mujeres, musulmanas o no, se cubrieran la cabeza para comparecer ante él, fuera la de aumentar el atractivo de la portadora. Pero eso era lo que habían conseguido en el caso de Chelsea Liew: la diferencia entre cumplir una ley e interpretar su esencia quedaba clarísima con el ejemplo de su tocado¨.

 

Comparto la idea, según cómo lleven el pañuelo algunas mujeres, les puede hacer parecer más atractivas.

 

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¨Las hileras de casas adosadas se desplegaban en todas las direcciones. Al principio eran idénticas, pero sus dueños habían aprovechado los años transcurridos desde la construcción de sus hogares para expresar su individualidad. En Singapur las reformas de las casas tenían un único objetivo: aparentar riqueza. Singh había visto casas que parecían enormes, con grandes fachadas hacia la carretera, y luego la pasar a su lado otro día por un camino diferente, había descubierto que eran más estrechas que una falúa¨.

 

Aquí tuve que mirar el significado de falúa. Lo bueno es que leyendo en el Kindle no tienes más que hacer clic en la palabra y se te abre el diccionario de la Real Academia:

 

¨Quizá del ár. *falūkah.

f. Embarcación ligera, alargada y estrecha, utilizada generalmente en los puertos y en los ríos.

Sinónimos: lancha, bote¨.

 

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     ¨Los hombres que estaban sentados alrededor de la lustrosa mesa de madera, hecha con la sección transversal de un único árbol, estaban encantados. La cosa pintaba bien. La demanda de China de productos derivados de la madera era inagotable. Desde las graves inundaciones ocasionadas por el río Yangtsé años atrás, el Gobierno chino había tomado medidas severas contra la tala excesiva o ilegal en el continente. Pero eso no había frenado en absoluto la demanda de madera por parte de la enorme obra en construcción que era la China moderna. Y las autoridades (que con tanto retraso se habían hecho conscientes de la degradación de su medio ambiente) habían hecho la vista gorda a la madera de fuera del país. Como resultado los bosques primarios de toda Asia, desde Papúa Nueva Guinea hasta Borneo, se estaban talando a un ritmo que pronto supondría el fin de las grandes selvas asiáticas.

     Pero nada de esto preocupaba a los hombres de la sala: ellos estaban en el lado rentable de la destrucción y los cuatro formaban parte de la directiva de la empresa maderera de Alan Lee¨.

 

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    ¨Los hombres se dirigieron a una sala con equipamiento audiovisual. Mohammad encabezaba el cortejo, caminando con la elegancia que le proporcionaban sus largas extremidades. Shukor lo seguía en silencio con pasos amortiguados. Singh cerraba la marcha moviéndose con torpeza. Parecían un estudio de contrastes físicos, una comitiva avanzando no solo por un pasillo sino también en la cadena evolutiva. Aunque respecto a la supervivencia del más apto y a pesar de las apariencias, habría que ser muy valiente para apostar contra el inspector Singh¨.

 

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    ¨-¿Y usted qué va a hacer, señor?

     -Perderme de regreso a la oficina.

     Singh aceleró escupiendo polvo y guijarros al policía que estaba junto a la carretera. Shukor se sacudió el polvo y se fue por donde había venido.

 

El inspector Singh era un hombre de palabra: en cuestión de minutos se había perdido. Lamentaba no haber cogido un taxi, el tráfico era denso, los conductores agresivos y muchos de los vehículos parecían a punto de descuajeringarse. Singh recordó con nostalgia que en Singapur la mayoría de los coches tenían menos de diez años. El sistema impositivo hacía que fuera más rentable desguazar un coche o exportarlo y comprar uno nuevo que aferrarse a un viejo cacharro. El Gobierno intentaba que Singapur (que era una isla diminuta) no acabara siendo un aparcamiento gigante, así que invertía en transporte público y hacía que los coches fueran caros. Como consecuencia los coches eran valiosísimos y los dueños los cuidaban bien. Un coche sucio era una rareza en Singapur, por no hablar de uno viejo.

     Singh suponían que en Malasia no había tales incentivos, así que los hombres llevaban a sus familias en furgonetas destartaladas, con seis o siete niños asomados por las ventanillas saludando a los otros coches. Los vendedores ambulantes conducían viejas tartanas. Los Mercedes Benz de treinta años hacían las veces de taxis. Las motocicletas serpenteaban entre el tráfico. Pequeños coches con motores de quinientos centímetros cúbicos (básicamente motocicletas con carrocerías) circulaban por el carril rápido a velocidades homicidas. Los todoterrenos (elevados sobre neumáticos enormes) pasaban a toda velocidad. Misteriosas limusinas con cristales tintados se dirigían a sus turbios negocios. Todo era demasiado complicado para un policía de Singapur que no estaba familiarizado con la red de carreteras malayas.

     Singh se preguntó si se suponía que su vagabundeo por Kuala Lumpur (tomando desvíos equivocados y realizando cambios de sentido) era una especie de metáfora de la forma en la que se estaba desarrollando el caso. Desde luego, el caos estaba servido¨.

 

Ja, ja, yo también me he perdido por las calles de Kuala Lumpur. Este mapa muestra alguna vuelta de más que di un día al volver a casa.

 

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    ¨Estaba pasando por delante de las torres Petronas, dos cohetes gigantescos de diseño geométrico que rozaban el cielo. Recordó los rumores constantes acerca de que las torres se inclinaban hacia un lado o hacia el otro. A él le parecían bastante firmes. Al parecer, habían encargado su construcción a dos contratistas diferentes para que trabajaran lo más rápido posible en una carrera para ver quién tocaba antes las nubes. Singh esperaba que no fuera cierto. Sonaba a terreno abonado para atajos y chapuzas¨.

 

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    ¨Al fin y al cabo, en Singapur difícilmente habría aceptado trabajar por cuenta propia para una ex sospechosa de asesinato con el fin de demostrar la inocencia de alguien. Nunca habría ido a visitar a un sospechoso y luego habría permitido que un policía novato lo maltratar, por mucho que el sospechoso se mereciera una buena paliza, como era el caso de Lee Kian Min. La culpa la tenía esa sociedad tan libre y laxa de Kuala Lumpur, con aquel carácter duro y agresivo que se le había contagiado. Singh negó con la cabeza. ¿Qué le echaban al agua por estos lares? La que bombeaban a Singapur no era tan potente¨.

 

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    ¨-Te quiero -dijo Jasper sin mirarla. Ella no respondió y él no se atrevió a girarse para verle la cara. No podía soportar ver su expresión de rechazo, consternación e incluso burla. El silencio de la habitación creció hasta engullirlos a ambos, convirtiéndose en una densa niebla de palabras no pronunciadas. Fue Jasper el que volvió a hablar, más agobiado que ella por aquel silencio. El primero en declarar su amor era más vulnerable, siempre había sido así. Y su caso no era diferente-. Supongo que no lo sabías -añadió. El impulso de hablar no vino acompañado de la disciplina de detenerse¨.

 

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    ¨Ella le devolvió la sonrisa, pero solo con los labios y no con la mirada, que seguía siendo cautelosa¨.

 

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    ¨Pero Rupert se había acostumbrado al modo de vida de los penan. Para ellos la naturaleza era todopoderosa. Su capacidad de supervivencia dependía de una relación simbiótica con la selva que los rodeaba, no de una parasitaria. Rupert se preguntó por qué los parásitos que vivían en las ciudades no entendían uno de los principios básicos de la naturaleza: que los parásitos al final acababan matando a sus anfitriones. ¿Esa gente no sabía que, si seguían alimentándose, extendiéndose y creciendo, envolviendo a su anfitrión con los tentáculos de la codicia, llegaría un día en el que este ya no podría sustentarlos y, cuando muriera, ellos también lo harían? ¿No era mucho mejor el modo de vida de los penan, que no suponían una amenaza para su entorno? Su práctica del molong -no tomar nunca más de lo necesario- contrastaba radicalmente con las personas que podía ver allí abajo, que corrían de aquí para allá impulsando sus codiciosos negocios, que nunca estaban satisfechos con lo que tenían, que siempre querían más¨.

 

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    ¨Ninguno de ellos, a pesar de sus peroratas, había sugerido un tratamiento mejor que el de mantenerlo dormido para permitir que su cuerpo descansara y se recuperara del trauma de las lesiones, y cruzar los dedos para que no hubiera daños cerebrales irreversibles. Su agenda se veía interrumpida por algunos momentos de verdadero pánico cuando una máquina pitaba o cuando de repente temía que el sueño profundo de Marcus hubiera cruzado la frontera de la noche perpetua sin que ella se hubiera dado cuenta¨.

 

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   ¨El inspector Mohammad tenía claro que necesitaba avanzar en el caso. Necesitaba sacudir algunos árboles y ver qué caía¨.

 

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    ¨Chelsea ya tenía suficiente apoyo popular sin necesidad de ningún cuento sobre el retroceso en la lenta recuperación de su hijo por culpa de la brutal fuerza policial malaya. Ya le apretaría los tornillos más adelante, tal vez amenazara con acusar al chico de intento de suicidio porque legalmente seguía siendo un delito, aunque no se perseguía¨.

 

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Libros: ¨Las aventuras de Tintín – El Loto Azul¨, de Hergé.

Libros: ¨Las aventuras de Tintín – El Loto Azul¨, de Hergé.

Andaba en una época en la que no encontraba un título interesante para leer.

Justo en esta época han salido unas declaraciones de una influencer que no conozco, Marta Pombo, diciendo que hay gente a la que le gusta leer, gente a la que no le gusta, y que no pasa nada por ello. Unas declaraciones que han levantado mucha polémica.

Sin entrar en ellas, yo sí que tengo la necesidad de leer todas las noches, y a veces me encuentro leyendo novelas que no me gustan -con los años las abandono más fácilmente- o no encuentro títulos que me llaman la atención. Este era el caso reciente, así que voy a la biblioteca, me cojo un cómic -lectura fácil- y solucionado por un tiempo.

 

Afortunadamente, a la hora de escribir estas líneas, ya se me ha vuelto a ¨llenar¨ las lista de libros por los que tengo interés:

-¨Un peculiar asesinato malayo: El inspector Singh investiga¨, de Shamini Flint. Estoy a la mitad.

-La última aventura de Alatrista, que ha salido este mes.

-¨El jardín de brumas¨, después de visitar uno de los escenarios de la versión cinematográfica.

-Otro que va a salir de Ken Follett, sobre Stonehedge.

 

Guay que haya vuelto la ilusión por leer algunos títulos, después de esta época reciente un poco árida en cuanto a intereses literarios.

 

A lo que vamos. Tomé prestado de la biblioteca esta aventura de Tintín, que se desarrolla en Shanghái, ciudad en la que viví 5 años (2008-2013). Con lo que estaba familiarizado con la concesión internacional y con los fumaderos de opio de la década de los años 30 del siglo pasado, época en la que transcurre la historia. Entretenida. Ah, ¿por qué Loto Azul?¨ Es el símbolo de una organización secreta que trafica con opio y Tintín consigue desmantelar.

 

Continúo con el peculiar asesinato malayo, que me está molando.

On this day in (fictional) history – Sixty-eight years ago.

On this day in (fictional) history – Sixty-eight years ago, Niki Agarwal was born — adopted by Kanta and Manu, but the biological son of Radha. He’s one of the characters from Alka Joshi’s novel The Perfumist of Paris. Funny enough, Niki and I actually share the same birthday — just 17 years apart.

 

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¨Paris

September 2, 1974

 

I pick up on the first ring; I know it´s going to be her. She always calls on his birthday. Not to remind me of the day he came into this world but to let me know I ´m not alone in my remembrance.

    ¨Jiji?¨ I keep my voice low. I don´t want to wake Pierre and the girls.

    ¨Kaisi ho, choti behen?¨ my sister says. I hear the smile in her voice, and I respond with my own. It´s lovely to hear Lakshmi´s gentle Hindi here in my Paris apartment four thousand miles aways. I´d always called her Jiji -big sister- but she hadn´t always called me choti behen. It was Malik who addressed me as little sister when I first met him in Jaipur eighteen years ago, and he wasn´t even related to Jiji and me by blood. He has simply her apprentice. My sister started calling me choti behen later, after everything in Jaipur turned topsy-turvy, forcing us to make a new home in Shimla.

    Today, my sister will talk about everything except the reason she´s calling. It´s the only way she´s found to make sure I get out of bed on this particular date, to prevent me from spiraling into darkness every year on the second of September, the day my son, Niki, was born.

    She started the tradition the first year I was separated from him, in 1957. I was just fourteen.

 

[…]

 

    Today, I´ll make it through Niki´s seventeenth birthday in a haze, as I always do. I know tomorrow will be better. Tomorrow, I´ll be able to do what I couldn´t today. I´ll seal that memory of my firstborn as tightly as if I were securing the lid of a steel tiffin for my lunch, making sure that not a drop of the masala dal can escape.¨

 

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I loved opening the novel and finding that the very first chapter mentions the exact date of my own birth. Literature has its delightful coincidences!

 

Happy birthday, Niki — hope you enjoy it to the fullest!