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Basurde Xiao Long

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Libros: ¨Estado de excepción¨, de Jeremy Tiang

Libros: ¨Estado de excepción¨, de Jeremy Tiang

Dice así la contraportada:

 

¨Una mujer abandona a su marido y a sus hijos para luchar con la guerrilla comunista en la selva de Malasia. Un hombre en el ocaso de su vida intenta justificar la desintegración de su familia. Un hijo reconstruye el pasado de una madre que nunca conoció. Una periodista malaya regresa a su país natal para investigar una masacre ignorada durante 20 años. Una maestra es detenida y acusada de ser una conspiradora marxista.

 

A todos les une un vínculo que no pueden ignorar. ¿Qué ocurre cuando lo que nos divide también nos une?

 

Ningún conflicto tiene una sola lectura, y la novela de Jeremy Tiang nos lo muestra a través de las voces de una familia que navega por las turbulencias de un periodo de violencia, detenciones políticas y seísmos sociales, que desembocará en la traumática independencia de Singapur¨.

 

Ganador del Premio Nacional de Literatura de Singapur en 2018.

 

«La nueva novela de Jeremy Tiang probablemente inspirará, entusiasmará y disgustará a sus lectores a partes iguales... Apasionante y poderosamente emotiva».

 

— The Herald, Alastair Mabbott

 

Sobre el autor:

 

¨Jeremy Tiang es escritor, dramaturgo y traductor. Su primera colección de relatos, It Never Rains on National Day, fue preseleccionada para el Premio Nacional de Literatura de Singapur en 2016, que acabó ganando en 2018 con la novela Estado de Excepción.

 

Ha traducido más de veinte libros del chino. En 2019, la Feria del Libro de Londres le nombró Traductor Literario de la Feria, una designación inédita.

 

Originario de Singapur, reside actualmente en Nueva York¨.

 

Este es un libro imprescindible para aquellos que quieran conocer la historia de Singapur y de Malasia. Ahora asociamos Singapur con progreso, lujo, Fórmula 1, rugby a 7 y desarrollo. Malasia son destinos exóticos en la isla de Borneo, rascacielos en Kuala Lumpur y una sociedad multicultural donde malayos, chinos e indios conviven pacíficamente. Bien, esto es la superficie. Rascando un poquito se puede ver que no es oro todo lo que reluce. Y para entender por qué, hay que irse, obviamente, a la historia, entender qué los ha llevado hasta donde están.

 

Por eso me encantan las novelas históricas como esta, porque te pueden dar de una manera amena una visión de lo que pasó hace décadas o siglos. Esta novela está dividida en 6 capítulos, cada uno narrando la historia de uno de los personajes:

 

1.- Jason

2.- Siew Li

3.- Nam Teck

4.- Revathi

5.- Stella

6.- Henry

 

Y como dice la contraportada, entre todas ellas existe un vínculo. No desvelo cuál, para no destripar la novela. Pero las conexiones son impresionantes. Si que puedo desvelar que es una novela dura, como lo fue la historia del país.

 

Vamos a hacer un pequeño resumen histórico del país en el que actualmente resido, Malasia:

 

1826 – Malasia empieza a ser colonia británica. Empieza con los Establecimientos del Estrecho y va tomando progresivamente el resto de la península a lo largo del siglo XIX.

 

Diciembre 1941 – Septiembre 1945 – Casi 4 años de ocupación japonesa. La novela ¨El don de la lluvia¨, de Tan Twang Eng, lo refleja perfectamente. La rendición de Japón en Malasia se desarrolló en varias fechas clave entre agosto y septiembre de 1945:

 

-       15 de agosto de 1945: El emperador Hirohito, tras las bombas nucleares en Hiroshima (6 de agosto) y Nagasaki (9 de agosto), anunció la rendición incondicional de Japón a nivel global, lo que marcó el fin de las hostilidades.

 

-       2 de septiembre de 1945: Las fuerzas japonesas en la isla de Penang fueron el primer destacamento local en rendirse formalmente en la península.

 

-       12 de septiembre de 1945: Se firmó la rendición formal del Sudeste Asiático en Singapur (que en ese momento formaba parte del área estratégica de Malasia bajo administración británica), donde el almirante Lord Louis Mountbatten aceptó la capitulación de las fuerzas japonesas de la región. Habiendo vivido en India de 2020 a 2025 este nombre me es muy familiar, al tratarse del último Virrey y Gobernador General de la India. En la novela ¨Esta noche, la libertad¨, de Dominique Lapierre y Larry Collins, aprendí mucho sobre su papel determinante en la Partición de la India británica.

 

-       22 de febrero de 1946: Se realizó la ceremonia final de rendición formal específicamente para el mando del ejército japonés en Kuala Lumpur.

 

1946–1948: Unión Malaya. Estructura centralizada creada tras la ocupación británica que otorgaba ciudadanía igualitaria pero duró poco por la oposición malaya. Agrupaba bajo un único gobierno colonial centralizado a los siguientes territorios:

 

-       Los Estados Malayos Federados: Perak, Selangor, Negeri Sembilan y Pahang.

-       Los Estados Malayos No Federados: Johor, Kedah, Perlis, Kelantan y Terengganu.

-       Dos de los Establecimientos del Estrecho: Penang y Malaca (excluyendo a Singapur).

-       Singapur se quedaba fuera. Se mantuvo intencionadamente al margen como una colonia de la Corona independiente, debido a su enorme importancia económica y militar, y para evitar que su abundante población de origen chino alterara el equilibrio demográfico y político en la península.

 

1948–1963: Federación Malaya. Sustituyó a la Unión restaurando privilegios a los sultanes, logró la independencia el 31 de agosto de 1957 y finalizó el estado de excepción en 1960.

Estaba formada por 11 entidades:

-       Los 9 Estados Malayos: Johor, Kedah, Kelantan, Negeri Sembilan, Pahang, Perak, Perlis, Selangor y Terengganu (cada uno gobernado por su respectivo sultán o monarca tradicional).

-       Los 2 Establecimientos del Estrecho británicos: Penang y Malaca (gobernados como territorios británicos dentro de la federación).

-       Singapur seguía fuera. Siguió administrándose de forma independiente como colonia británica separada por sus condicionantes demográficos y estratégicos, hasta que se unió temporalmente más adelante en 1963 para formar la Federación de Malasia.

 

1963–1965: Federación de Malasia. Nace en 1963 uniendo la Federación Malaya, Singapur, Sarawak y Borneo Septentrional (renombrado como Sabah). Nótese la inclusión del «si» de Singapur en el nombre de Malasia (Malaysia).

 

1965–hoy: Malasia independiente y separación de Singapur. El 9 de agosto de 1965 Singapur es expulsada de la Federación de Malasia, quedando como nación soberana. Esto es algo que he notado que no está claro. En Malasia la gente tiene la percepción de que Singapur decidió irse de la Federación de Malasia. Y no fue así, fue expulsada. Por ejemplo, en la obra de teatro ¨Kembara bersama¨, representada este mes, se dice que Singapur eligió irse. No es correcto.

 

El estado de excepción en Malasia (conocido formalmente como la Emergencia Malaya) comenzó el 18 de junio de 1948 y terminó oficialmente el 31 de julio de 1960.

 

Extraigo algunos párrafos del libro que me han llamado la atención. Indico las páginas, que corresponden a la primera edición de la editorial Amok en castellano:

 

Página 61: ¨Intercambiaban toda la información que podían, pero no había mucho de lo que enterarse, resultaba improbable que las autoridades en sí tuvieran algo parecido a un plan. Desde luego, por parte del Gobierno no había ninguna prisa, la detención sin juicio no tenía un plazo límite, y el estado de excepción justificaba cualquier cosa. Solo habían pasado cinco años desde el asesinato de sir Henry Gurney en Fraser´s Hill, y habría resultado vergonzoso que sucediera algo así en Singapur¨.

 

El asesinato de sir Henry Gurney (entonces Alto Comisionado Británico en Malasia) el 6 de octubre de 1951 fue el punto de inflexión más dramático de la Emergencia Malaya. Fue emboscado y acribillado por guerrilleros del Partido Comunista de Malaya (CPM) en una carretera hacia Fraser’s Hill. Me ha llamado la atención este párrafo porque hace un añito, el 18 de octubre de 2025, anduve por allá con la moto (entrada en mi blog). Esto ponía de Fraser´s Hill.

 

¨De ahí a Bukit Fraser, que así describe la guía Lonely Planet:

 

¨Bukit Fraser.

 

Un pedacito de la Inglaterra colonial en el trópico.

 

Ir a Bukit Fraser (Fraser´s Hill, ¨la colina de Fraser¨), la estación de montaña británica más remota de Malasia (sin transporte público ni surtidor de gasolina), es viajar a una época de edificios de estilo Tudor y posadas destartaladas. Por su altitud (1220-1524 m), la temperatura baja varios grados. La neblina suele cubrir los densos bosques de sus siete colinas y los vecinos pasan las noches húmedas junto a la chimenea.

 

Hay una torre de piedra con reloj, cubierta de enredaderas, en medio de la playa mayor. Para experimentar el ambiente británico retro al completo, se recomienda comer o visitar Ye Olde Smokehouse, la casa de campo de estilo inglés que abrió en 1924, donde se puede tomar una pinta en el bar de estilo colonial y disfrutar de un buen asado o pastel de carne.

 

El Club de Golf de Royal Fraser Hill, el primero de Malasia, ocupa el centro de la estación con un estilo británico inmaculado. Se puede montar a caballo en el Paddock, chapotear en Allan´s Water Lake o tirar con arco. Se recomienda contratar los servicios de Mr. Durai, que estudia las aves endémicas de la colina desde hace 30 años¨.

 

La noche anterior intenté reservar alojamiento en Bukit Fraser, pero estaba todo completo.

 

La subida y la bajada a Bukit Fraser es una maravilla, porque es una carretera de montaña, con muchas curvas y una sola dirección. Con lo que sabes que ni subiendo ni bajando te vas a encontrar con ningún vehículo de frente, lo cual es una gozada.

 

Después de comer en Bukit Fraser y hacer un par de paradas en The Paddock y el puente metálico tiré hasta Raub, donde hice noche¨.

 

También, recientemente, ha salido en las noticias (The Star, 10 octubre 2026), que vieron un tigre salvaje por la carretera a Fraser´s Hill. ¡Si me cruzo uno flipo!

 

Página 100: ¨Cuando Sukarno anunció la konfrontasi, no parecía más que una nueva voz que se apuntaba a la fiesta. Decía que aquel nuevo país era una amenaza, una invención del nekolim. Vociferaba ante miles de personas, amenazando con «aplastar a Malasia», y ellos respondían levantando el puño. Los malayos fingían desdén. «No es más que un agitador —decían—. Solo está en libertad porque los japoneses le dejaron salir de la cárcel holandesa. Sus ideas son delirantes, quiere que nos unamos con Indonesia, y también con Filipinas, «Maphilindo», menudo nombre. ¿A quién se le ocurren esas cosas?».

 

Pero por debajo de eso había miedo. Indonesia no tenía un Ejército especialmente bueno, pero era grande, y su simple número pondría las cosas desagradables en caso de que se decidieran a invadir. Malaya acababa de salir de doce años de estado de excepción, después de la ocupación japonesa. No querían más problemas, y les preocupaba que aquel hombre seductor fuera capaz de convencer a su pueblo de hacer según qué cosas. Ya empezaban a llegar terroristas a hurtadillas y a poner bombas en los edificios de Singapur¨.

 

Viví en Indonesia entre 2013 y 2018, con lo que también estoy familiarizado con la historia de ese país. Para entender el párrafo anterior, ambientado en 1963, hay que entender lo siguiente:

 

-       Enero de 1963 (Konfrontasi): Sukarno anunció formalmente la Konfrontasi (Confrontación) e hizo su famoso llamamiento de «Ganyang Malaysia» («Aplastar a Malasia») a principios de 1963, antes de la creación formal de la Federación en septiembre de ese año.

-       Julio - agosto de 1963 (Maphilindo): La propuesta de la confederación Maphilindo (Malasia, Filipinas e Indonesia) se debatió en la Cumbre de Manila a mediados de 1963 como un intento diplomático desesperado de evitar el conflicto antes de la formación de Malasia.

-       Término Nekolim: Acrónimo acuñado por Sukarno (Neokolonialisme, Kolonialisme dan Imperialisme) que empezó a utilizar con fuerza en 1963 para denunciar que la creación de Malasia era un invento neocolonial británico.

 

Si habéis volado a Yakarta lo habréis hecho al aeropuerto internacional Soekarno-Hatta. Sukarno fue el primer presidente de Indonesia, Hatta su vicepresidente. En su día vi el documental ¨El arte de matar¨ y escribí esta entrada en mi blog.

 

¨Para entender el documental hay que conocer un poco la historia de Indonesia y en esta entrada en mi blog hice una pequeña cronología. Se centra en un periodo negro en la historia de este país (años 1965-66), en el que más de 500.000 civiles de ideas presumiblemente comunistas fueron asesinados. Estas matanzas fueron llevadas a cabo por civiles, grupos mafiosos y paramilitares con el beneplácito del ejército de Suharto, general que posteriormente ostentó la presidencia de Indonesia durante 30 años¨.

 

Esta purga sangrienta destruyó la base de apoyo de Sukarno y le sirvió a Suharto para arrebatarle el poder e instaurar su dictadura del Nuevo Orden. Leyendo ¨Estado de excepción¨ entiendo ahora mucho mejor por qué se llegó a esa situación en Indonesia (dentro de lo que se puede llegar a entender una salvajada tan terrible, absolutamente injustificable).

 

Página 103: ¨En el camino de vuelta a la aldea, su madre se puso a hablar de su propia muerte. Eso daba mala suerte, sobre todo durante el Año Nuevo, y Nam Teck intentó impedírselo. «No te preocupes, falta mucho todavía», mientras seguía caminando pesadamente. Daba la sensación de que ya había ensayado aquella perorata. «Pero cuando ocurra, quiero que me entierren con tu padre».

            Nam Teck no podía decir nada, se le habría ahogado la voz.

-Está en Batang Kali. Está a menos de una hora de Kuala Lumpur. Los metieron a todos en una fosa común poco profunda a las afueras del pueblo. Si preguntas por ahí, la gente sabrá decirte dónde está. Todavía tiene que haber alguien que se acuerde. Fusilaron a veinticuatro hombres, así como así, y prendieron fuego a todas nuestras casas. Ahora que los británicos se marchan, nunca nos enteraremos de por qué fue. —Acercó su cara a la de su hijo—. Tu padre estaría muy orgulloso de ti. Sé que lo estaría. Ojalá hubiera vivido para ver esto. Entiérrame con él.

 

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Kali significa «mucho» en malayo, como en banyak kali, «muchas veces»; y batang significa «ramas», como las ramas de un árbol, pero también como los ramales de un río. El nombre del lugar procede de los muchos arroyos que atraviesan el pueblo, se entrecruzan y desembocan en el río principal, el Sungai Sendat. El nombre te recuerda el río. Podías ir por este ramal, o por aquel, daba igual, la corriente te llevaba en una sola dirección. A veces era cuestión de azar, dependiendo de hacia dónde soplara el viento¨.

 

Aquí el traductor se ha colado, porque no es kali lo que significa mucho en malayo, sino banyak. Pero kali sí que es ¨vez¨, ¨satu kali¨ = ¨una vez¨, con lo que no afecta al significado de ¨muchas veces¨.

 

Este pasaje hace referencia a la real y trágica Masacre de Batang Kali del 12 de diciembre de 1948, un infame episodio de la Emergencia Malaya en el que la tropa británica fusiló a 24 aldeanos desarmados en una plantación de caucho. He buscado ahora en Internet y el pueblo sigue existiendo, de camino a Genting Highlands, así que un día me pasaré con la moto para echar un vistazo.

 

Página 109: ¨Se quedó un rato mirando al señor Chiam. ¿Eso era lo que entendían por llevar una buena vida? Era un hombre con plena confianza en sí mismo. Una empresa modesta, una gran familia. ¿Era suficiente? Se lo preguntó sin pensárselo dos veces. El señor Chiam suspiró y le respondió: «Pues sí, supongo que sí. Estás haciendo la pregunta equivocada. Deberías decir: ¿puede usted vivir con las decisiones que ha tomado? ¿Pues sabes una cosa? Sí puedo, con todas y cada una de ellas. Te envidio. ¿Cuántos años tienes, veinte? Todavía tienes toda la vida por delante. Cuando llegas a mi edad, el rumbo ya está marcado. Yo sé lo que va a ocurrir, absolutamente todo, hasta el día que me muera. Algunos lo considerarían una bendición».

 

Página 110: ¨Le parecía que se estaba gestando algo. Llegaban noticias de disturbios raciales en Singapur. ¿Podría ocurrir algo así en Malasia? Al país, hilvanado a toda prisa, se le estaban abriendo las costuras: los malayos luchaban por conservar sus privilegios ancestrales, los chinos reivindicaban una tajada más grande de la tarta¨.

 

Página 128, más sobre Batang Kali: ¨Una de las chicas de la pensión le prestó encantada una maleta.

—Pero cuídamela, ¿de acuerdo? Es buena: de Peter Jones.

—Revathi sonrió y le respondió que por supuesto, los trópicos podían ser malos para el equipaje, pero iba a mantenerla a salvo del monzón y cosas así.

—¡Y mándanos una postal, si las hay por allí!

—En Malasia hay postales, Lucy. No es una zona de guerra.

—¿Tus padres no se marcharon de allí por eso?

—La cosa se puso fea durante un tiempo. Ahora ya no.

Lucy parecía seguir preocupada. Era mecanógrafa, y por lo que sabía Revathi, no había salido del oeste de Londres muchas veces en su vida.

—Acabo de oír a un tío en The World This Weekend que decía que arrasó toda una aldea. No él solo, con todo un batallón.

—Un batallón son quinientos soldados.

—Ah, pues serían menos. Era algo más pequeño. ¿Una compañía?

—Un pelotón. Esa es la noticia que voy a investigar. Pero fue hace unos veinte años. Durante el estado de excepción.

—Y entonces, ¿por qué está saliendo ahora? Eso ya no es noticia.

—Porque la gente no se ha atrevido a hablar hasta ahora, a decir lo que ocurrió realmente, así que tenemos que investigarlo.

—¿Es verdad? ¿Que mataron a todos los habitantes de una aldea y tuvieron que mentir sobre lo que habían hecho?

—No a todos los habitantes, solo mataron a los hombres, y todavía no sé qué es verdad y qué no, eso es lo que voy a intentar averiguar¨.

 

Página 154: Revathi es una periodista que vive en Londres. En uno de los párrafos piensa en como su vida podría mejorar, con un ascenso, un aumento de sueldo, …, ¨un alojamiento en una calle un poco más bonita del barrio de Earl´s Court¨. Ja, ja, ese es el barrio londinense en el que viví entre el 97 y 98.

 

Página 186: Detienen e interrogan a Stella y algunas de las escenas me llaman la atención, porque recientemente he vivido una situación parecida (salvando las distancias, claro -una detenida vs. una situación de curro): ¨La sensación de impotencia que sentía Stella en cada interrogatorio iba en aumento. ¿Acaso era lo que ella decía realmente? Era imposible argumentar. Cada palabra que salía de su boca podía tergiversarse para condenarla aún más¨.

 

Al final del libro te encuentras con este excelente contexto histórico:

 

¨¡UN POCO DE CONTEXTO HISTÓRICO!

 

LA EMERGENCIA MALAYA

 

1946  Fin de la ocupación japonesa y creación de la Federación Malaya

 

     Tras cuatro años de cruel ocupación, Japón abandona la península malaya y los británicos recuperan Malasia y Singapur.

 

     Los enormes recursos generados por las plantaciones de caucho y estaño son vitales para la recuperación económica de Gran Bretaña. Para salvaguardar sus intereses en la que ahora es su colonia más estratégica, planea la «autonomía» de Malasia dividida en dos entidades, la Unión Malaya y Singapur.

 

     La Unión Malaya se crea en 1946 y aglutina a todos los estados malayos peninsulares bajo una autoridad central. Todos los habitantes obtienen la ciudadanía, independientemente de su raza, abandonándose el sistema de privilegios especiales para la población de etnia malaya. La soberanía pasa al rey de Inglaterra y los sultanes de cada estado pierden sus poderes.

 

     Pero esta unión no dura mucho. Los nacionalistas malayos comienzan una feroz campaña de presión, financiada por la aristocracia malaya, que desemboca en la disolución de la Unión Malaya. Esta es sustituida por la Federación Malaya, que aunque sigue subordinada a la corona británica, restaura los privilegios de los sultanes sobre sus estados y supone, en general, un retroceso en cuestión de libertades, derechos civiles y ciudadanía. Ante esta situación se rebelan, por una parte, el partido comunista malayo y, por otra parte, la comunidad china a la que se le ha negado la ciudadanía. Pronto comienzan las huelgas, los actos de terrorismo y los sabotajes a las plantaciones que son tan críticas para la recuperación económica de Gran Bretaña.

 

1948  Comienzo de la Emergencia Malaya

 

     A principios de junio de 1948 estallan insurrecciones en varios focos, y las guerrillas comunistas asesinan a tres británicos, gerentes de plantaciones de caucho en la provincia de Perak. El Gobierno responde con la declaración de un estado de excepción en Malasia que durará doce años. ¿Por qué se utiliza el término «estado de excepción» y no «guerra civil»? Porque las compañías de seguros no cubrían los daños causados en las plantaciones y las minas por actos de guerra. Buenos reflejos.

 

     Bajo este paraguas legal se suceden las detenciones masivas de sindicalistas y militantes del Partido Comunista de Malaya (CPM o Ma Gong), que queda ilegalizado. Toda acción tiene una reacción, así que los militantes comunistas se repliegan a la jungla y responden con asesinatos y más violencia.

 

1948  Inicio de la insurgencia

 

     Los militantes del partido comunista se repliegan a las zonas rurales de Malasia y forman un ejército contrainsurgente liderado por Chin Peng. En la jungla reciben el apoyo de los chinos étnicos, que con la creación de la Federación Malaya habían sido desposeídos de muchos de sus derechos. Dirigen sus ataques a las plantaciones de caucho y la infraestructura y transporte, intentando causar el mayor daño económico a la colonia.

 

     A los británicos, poco acostumbrados a la guerrilla, les resulta difícil diferenciar claramente a los insurgentes de los civiles que los apoyan. Así que, durante los dos primeros años, su estrategia consiste en una campaña de represión contra la población civil. En uno de los episodios más negros, el pueblo de Batang Kali es quemado y 24 civiles son ejecutados.  

 

1950  Campaña de aislamiento   

 

     En 1950 el general Harold Briggs es nombrado director de operaciones del Ejército y establece el «plan Briggs», cuya estrategia es el aislamiento de la población civil que supuestamente apoya a la guerrilla, para conseguir el desabastecimiento de estos. Bajo este plan se reubica a unos 500 000 malayos (en su mayoría chinos) en aldeas cercadas, alejadas de los límites de la selva y vigiladas por la policía. Con el mismo fin de desabastecer a la guerrilla, grandes extensiones de terreno son defoliadas, una técnica que será utilizada también en la guerra de Vietnam.    

 

     La presencia militar aumenta y las tácticas de combate se van adaptando mejor a la naturaleza de la guerrilla. En paralelo, el Gobierno malayo coordina de forma más eficiente a los militares, la policía y los organismos civiles, de forma que la información es evaluada y diseminada más rápidamente. Esta doble estrategia tiene éxito y la guerrilla se debilita progresivamente, a la vez que la población malaya muestra un mayor rechazo a los métodos y objetivos del Partido Comunista.  

 

1957–1960  Fin del estado de excepción 

 

     En 1955 el Gobierno de la Federación Malaya ofrece la amnistía y comienza negociaciones con el líder comunista Chin Peng, que fracasan.    

 

     Con la independencia de la Federación Malaya en 1957, la guerrilla pierde su razón de existir como movimiento de insurgencia contra la colonia. Los restantes miembros activos se rinden, escapan a Tailandia y China, o se desmovilizan.    

 

     El estado de excepción acaba oficialmente en 1960.  

 

Y MIENTRAS TANTO, EN SINGAPUR...

 

1954  Revueltas estudiantiles

 

     Las cosas parecen ir mejor en Singapur, hasta que surgen los primeros gérmenes del movimiento independentista a través de protestas estudiantiles. Esta situación explota con el incidente del trece de mayo, cuando una manifestación de estudiantes chinos acaba con 48 detenidos tras una violenta represión policial.

 

1955  Revueltas sindicalistas

 

     El segundo gran choque se produce con los disturbios de Hock Lee Bus que enfrentan al sindicato de trabajadores de autobuses de Singapur con esta empresa, y acaban con 4 muertos y 31 un heridos. Entre los cabecillas sindicales del movimiento destaca Lim Sim Siong que, junto con un joven abogado chino, Lee Kuan Yew, se convierten en los líderes de la resistencia anticolonialista en Singapur. Ambos fundan el Partido de Acción Popular (PAP) que se sitúa en sus inicios a la izquierda del espectro político. Spoiler: siguen gobernando hoy.

 

1955  Represión

 

     El PAP pierde las elecciones generales a la Asamblea legislativa. Lim Chin Siong y otros líderes de la izquierda radical son detenidos y encarcelados sin juicio.

 

1957–1959  Autogobierno y subida al poder del PAP

 

     Los británicos otorgan el autogobierno interno a Singapur, pero conservando el control de la defensa y los asuntos exteriores. En las elecciones generales de 1959 el PAP consigue una victoria aplastante y conforma el primer Gobierno nacional independiente de Singapur, con Lee Kuan Yew como primer ministro. Spoiler: Lee Kuan Yew es venerado por los singapurenses y se le considera el «padre» de Singapur.

 

     Su primera medida es liberar a su socio Lim Chin Siong y al resto de los líderes sindicales encarcelados. Asimismo, comienza una ambiciosa política de transformación del país, abandonando por el camino parte de su ideario original de izquierdas. Esto provoca la escisión de Lim Chin Siong, que acaba fundando un nuevo Partido llamado Barisan Socialis.

 

1963–1965 Integración temporal en Malasia

 

     Tras la concesión de la independencia por parte de los británicos, Singapur busca formar parte de la Federación Malaya, ya que esto le dará acceso a más recursos naturales y a un mayor mercado. En 1962 se celebra un referéndum que se resuelve a favor de la unificación, a pesar de la oposición del Barisan Socialis.

 

     Los líderes malayos, sin embargo, no muestran mucho entusiasmo en integrar 1,3 millones de chinos procedentes de Singapur, ya que esto invertiría la balanza étnica en favor de los chinos, y podría amenazar el liderazgo político malayo en unas elecciones. Para evitarlo, se amplía la Federación con otros territorios de etnia malaya: Sarawak y Sabah (Borneo septentrional).

 

     Finalmente, en 1963 nace la Federación de Malasia (con «si» de Singapur).

 

     En ese mismo año, alegando un supuesto alzamiento, se lanza una ofensiva para disolver el Barisan Socialis a través del encarcelamiento indefinido de sus líderes de izquierda y principales activistas, en lo que se conoce como la operación Coldstore.

 

     La Federación de Malasia no vive una vida larga y feliz. La tensión de un conflicto armado con Indonesia, las guerras de poder políticas y las tensiones raciales resultan demasiado para la Federación, y Singapur es expulsada el 9 de agosto de 1965. El primer ministro Lee Kuan Yew lo comunica a sus compatriotas por televisión con lágrimas en los ojos¨.

 

Termina la novela con una cita interesante:

 

¨Y lentamente, de su oscuro miedo empezó a brotar algo que todavía no era felicidad, pero sí un asombro ante la diversidad de la vida¨.

Stefan Zweig, Ardiente secreto.

 

Como he dicho, un libro imprescindible para aquellos que quieran conocer por qué Singapur y Malasia son lo que son hoy.

Libros: ¨El cabujón rojo¨, de Alejandro Otero Jamardo

Libros: ¨El cabujón rojo¨, de Alejandro Otero Jamardo

Dice así la contraportada del libro:

 

¨Dos épocas muy separadas en el tiempo se cruzan de forma trepidante en Santiago de Compostela: el curso universitario de 1992-1993, y el convulso siglo XIV, cuando el arzobispo de Santiago, Suero Gómez, es asesinado en el conocido como crimen de la Balconada. Cruce de tramas e historias, donde las vivencias de un estudiante de Arqueología, que comparte piso con tres amigos y compañeros de la Tuna, y un grupo de buscadores de objetos misteriosos y de poder esotérico dirigidos por un catedrático de Historia Medieval, confluyen en la intriga.

 

El relato comienza seis siglos atrás, con la poderosa cruz del enigmático cabujón rojo en manos de la familia de los Churruchao, tras arrancarla del pecho del moribundo prelado. Ahí arranca una historia que traspasa los siglos y que es en esencia un relato sobre las ambiciones desmedidas y las miserias del ser humano; un relato de los abusos de las élites para con los humildes, y cómo la lucha interna contra los fantasmas de uno mismo, tiene su reflejo en la eterna pugna contra el poder establecido y su despótico ejercicio¨.

 

Sobre el autor:

 

¨Alejandro Luis Otero Jamardo (Santiago de Compostela, 1972), licenciado en Geografía e Historia -especialidad en Prehistoria y Arqueología- por la USC y Técnico Superior en Artes y Diseño por la EASD Mestre Mateo, fue profesor de Lengua, Historia y cultura española en Allendale-Fairfax High School, en South Carolina (USA). Colaborador y redactor en diferentes medios de comunicación, en la actualidad es gerente de la reconocida y tradicional Joyería y Platería Luis Otero, sita en la plaza de las Platerías de Santiago de Compostela¨.

 

Conozco a Alejandro de mis tiempos en Carolina del Sur. Yo enseñé en Allendale-Fairfax High School en el curso 2001-2002 y luego me cambié a otra escuela del estado, de 2002 a 2005 estuve en Rock Hill. Alejandro enseñó en Allendale mientras yo estaba en Rock Hill y coincidimos en unas cuantas fiestas, porque los profesores visitantes nos solíamos juntar bastante. Seguimos en contacto de vez en cuando por Facebook.

 

En 2024 vi que había publicado una novela en gallego, ¨O cabuchón vermello¨. En abril de 2026 la editorial Estrella del Norte publicó la novela en castellano con el título ¨El cabujón rojo¨. ¡Genial, ahora ya la podía leer! Así que pedí un ejemplar y me puse con la novela.

 

(A ver si el colega de mi cuadrilla Ruli sigue su ejemplo. Tiene dos novelas publicadas en euskera, ¨Hondarrak¨ y ¨Mundu Guztiak¨, pero no hay manera de que las publique en castellano).

 

El libro llegó dedicado por el autor, ¡buen detalle! A nombre de mi madre, porque estando en Kuala Lumpur lo pedí para que fuera enviado a casa de mis padres en Vitoria. De la edición me llamó la atención el gramaje de las páginas. Al pasar una página te da la sensación de que estás pasando dos o tres, porque son bastante gruesas. ¡Buena calidad de la edición!

 

Tengo la suerte de conocer personalmente a unas 10 personas que han publicado libros, de mayor o menor nivel, con mejor o peor fortuna. Si es un amigo o conocido tengo mucha curiosidad por ver cómo es en su faceta de escritor. Y me he encontrado de todo. De colegas que dices ¨wow, ¡cómo escribe el colega, esto debería ser best seller¨, a otros que piensas ¨no sé, cómo te lo digo, igual hay más cosas que te interesen aparte de la escritura¨. Así que es un misterio empezar a leer el libro de un conocido.

 

Afortunadamente, con ¨El cabujón rojo¨ tengo que decir que la historia me ha gustado mucho y está muy bien escrita, es ágil. La temática me interesa porque también tuve mis años en la Tuna de Distrito Universitario de Vitoria-Gasteiz y me veo identificado con muchas escenas, y porque me encanta la Historia. Y esta novela combina ambas cosas. Además, en su día hice el Camino de Santiago un par de veces, solo y con un grupo de estudiantes, y también estuve por allá en la boda de un familiar. Me gusta la ciudad de Santiago y guardo buenos recuerdos de ella. Con lo que se daban los mimbres para que me interesara.

 

Un par de párrafos me han llamado la atención:

 

Página 185: ¨Todas estas fotos son de la tuna Compostelana de finales del siglo pasado. Este es el retrato de Otero Acevedo, su mítico presidente, quien lo fue de esta Estudiantina que veis a la izquierda -dijo señalando la foto-. Se trata de la magnífica tuna de 1.888, la que realizó el memorable y épico viaje a Portugal y que fue tan bien narrado y glosado por la prensa de la época¨.

 

¿Qué comparten Manuel Otero Acevedo (1865 - 1920) y el autor, Alejandro Otero Jamardo?

 

En primer lugar, primer apellido.

En segundo lugar, uno fue presidente de la tuna Compostelana, el autor también fue tuno y ahora es miembro activo de los Troyanos de Compostela, una tuna para antiguos tunos.

 

¿Tendrán relación? No me sorprendería. Se lo voy a preguntar y lo pondré en un comentario en esta entrada.

 

Ese párrafo anterior se encuadra en una visita que hacen los cuatro tunos compañeros de piso a La Casa de Troya, un museo que se iba a inaugurar según la novela el 27 de febrero de 1993. Recrea la pensión de estudiantes de la novela ¨La Casa de la Troya¨ (1915), de Alejandro Pérez Lugín. Esa novela está ambientada en la vida estudiantil y la tuna de la Universidad de Santiago de Compostela.

Los Troyanos de Compostela están vinculados a día de hoy a ese Museo Casa de la Troya.

 

Página 319: ¨Antes de pasar, Duarte le pidió a su padre el cáliz de plata que su abuelo orfebre, también llamado Luis, había hecho en su tienda-taller del número seis de la compostelana plaza de Platerías, hacía casi cien años¨.

 

En la solapa del libro, donde aparece la biografía del autor, dice ¨en la actualidad es gerente de la reconocida y tradicional Joyería y Platería Luis Otero, sita en la plaza de las Platerías de Santiago de Compostela¨. ¿Estará en el número seis? Efectivamente lo está, como podéis leer en esta entrevista que le hicieron en tiempos del Covid:

 

¨Está al frente de la joyería y platería Luis Otero, ubicada en el número 6 de As Praterías, en los bajos de la Catedral, negocio familiar que abrió su bisabuelo en 1890. «Él fue uno de los orfebres que realizó la arqueta de plata donde reposan los huesos del Apóstol, la que está en la cripta, la buena», señala el bisnieto Alejandro Luis Otero Jamardo (Santiago, 1972)¨.

 

Referencias autobiográficas que sin conocer al autor puedes pasar por alto pero que conociéndolo te pueden llamar la atención.

 

Libro entretenido que os recomiendo, si os gusta la Historia y queréis aprender un poco sobre esa fascinante ciudad de Santiago.

Nuevo libro de Jorge González de Matauco, ¨Un planeta para correr¨.

Nuevo libro de Jorge González de Matauco, ¨Un planeta para correr¨.

Esta publicación del gran Jorge González de Matauco hay que compartirla, porque sin duda es una buena noticia. Acaba de publicar un libro nuevo, ¨Un planeta para correr¨. Dice así la contraportada:

 

¨Cuando correr deja de ser una batalla contra el cronómetro, se convierte en la mejor manera de viajar, conocer diferentes ecosistemas y descubrir enclaves históricos, siguiendo los pasos de los exploradores que se aventuraban en los confines de la Tierra.

 

Alejándose definitivamente del asfalto, el autor nos sumerge en una experiencia en la que el sufrimiento causado por la altitud extrema, el clima implacable y el terreno hostil se transforma en una profunda satisfacción vital. Desde la asfixia de los escarpados escalones del Camino Inca en Perú y el agobiante calor del desierto de Atacama, hasta la gélida cumbre del Kilimanjaro o las infinitas estepas de Mongolia, cada escenario pone a prueba los límites del cuerpo y la mente.

 

Sin embargo, en estas extenuantes carreras y maratones de montaña por parajes aislados geográficamente pero con mucha relevancia histórica, la soledad se disipa al entrelazar cada zancada con la memoria de quienes pisaron esos mismos territorios siglos atrás. Las fascinantes gestas de pioneros, espías y místicos como Hiram Bingham en Machu Picchu, Johann Ludwig Burckhardt en Petra, László Almásy en el desierto Líbico o W. H. Murray en las brumosas turberas de Escocia cobran vida entre el polvo y el sudor. El jadeo físico se funde así con el asombro del descubrimiento histórico, lo que demuestra que transitar estos parajes milenarios equivale a correr a través de la historia misma de la exploración humana.

 

Esta obra reivindica el arte de correr por la pura emoción de descubrir lugares inéditos y superar las propias barreras. Al acompañar al autor, acorralado por la fatiga y rodeado de paisajes sobrecogedores, el lector comprobará que en este tipo de desafíos es irrelevante cruzar la meta en la primera o en la última posición. Es un libro dirigido a quienes ven en el running una excusa para viajar, abandonar la comodidad de la rutina diaria y conquistar, a base de perseverancia y esfuerzo, su propia recompensa.

 

Un libro que además de emocionarte con la experiencia personal del autor, es una lectura inspiradora que anima a calzarse las zapatillas en países lejanos y pruebas al margen del calendario de pruebas habitual¨. 

 

De este autor he leído tres de sus libros anteriores:

-¨En busca de las carreras extremas. La ruta hacia el Grand Slam Marathon¨

-¨El Primer Camino - Un reumático por el Camino Primitivo de Santiago¨

-¨En busca de los puertos míticos¨

 

Como amante de la historia, me han encantado. Porque pese a que puedan parecer libros destinados a corredores, no son libros para corredores, sino para el público en general, especialmente si te gusta la historia y leer historias interesantes.

 

Así que lo pongo en mi lista de próximas lecturas, porque sé que no me decepcionará, y os lo recomiendo a todos. ¡Seguro que vamos a aprender un montón a través de estos viajes de Jorge, con las carreras como excusa!

Libros: ¨Mentira¨, de Juan Gómez-Jurado

Libros: ¨Mentira¨, de Juan Gómez-Jurado

Este verano ha tocado operación de rodilla, del tendón rotuliano (15 de junio).

Para que llevara mejor la inmovilidad, mis primos Eli y Dudu me regalaron ¨Mentira¨, la última novela de Juan Gómez-Jurado.

 

La contraportada dice así:

 

¨Mi trabajo es mentir, pero contigo no voy a hacerlo.

Respeto demasiado tu inteligencia.

O quizás es el miedo a la muerte inminente lo que hace que te diga la verdad.

A ti no voy a mentirte, aunque vas a observarme mentir a otras personas.

Te garantizo que no has visto nunca nada igual.

NO ME LLAMO EVA RAMOS.

TÚ VAS A LLAMARME ASͨ.

 

Sobre el autor:

 

¨Juan Gómez-Jurado (Madrid, 1977) es periodista y autor de varias novelas de gran éxito, traducidas a cuarenta lenguas. Las obras sobre el universo de Antonia Scott (El paciente, Cicatriz, Reina Roja, Loba Negra y Rey Blanco, todas ellas publicadas en Ediciones B) se han convertido en el mayor fenómeno de ventas del thriller español y han consagrado a su autor como uno de los máximos exponentes del género a nivel internacional. Actualmente colabora con varios medios y es cocreador de los podcast Todopoderosos y Aquí hay dragones¨.

 

La verdad, teniendo más tiempo es cuando menos leo.

Durante el curso tengo la rutina de leer todas las noches. En verano, entre una cosa y otra pongo esa costumbre en pausa. Esto para decir que no he logrado finalizar el libro, me he quedado en la página 577 de 675 (85%).

 

Hay cosas interesantes, otras que se me han hecho bastante monótonas.

El libro es un tocho y tocaba volver a Kuala Lumpur. No estaba loco por ver dónde acababa la historia así que finalmente se ha quedado en Vitoria.

 

Como suele ser costumbre, he ido apuntando algunas citas. Pero no me ha dado tiempo a transcribirlas, únicamente he apuntado esta sobre luciérnagas, al hilo de esta entrada en mi blog:

 

     ¨La historia de los Senda, señoría, es de agua y de luz. Ellos dicen que todo comenzó en el año del Señor de 1340, cuando una viuda llamada Elvira -algunos aseguran que se llamaba Aldonza- decidió subir desde el valle siguiendo el curso del río Aguino. Buscaba un lugar donde volver a empezar sin que la persiguieran las voces del pasado.

     Era primavera, pero en estas montañas la estación engaña: las orillas del río aún tenían hielo y la corriente bajaba fuerte, como si quisiera empujarla de vuelta. Ella siguió caminando, mojándose las botas, respirando el aire frío que corta la garganta. Dicen que al caer la tarde, cuando la sombra del Chagariechu cubría el cauce, vio lo que ningún otro ojo había visto antes ni después: un enjambre de luciérnagas tan gordas como su pulgar, flotando en la penumbra como brasas verdes.

     La siguió sin pensarlo, como quien sigue un rezo que le enseñaron de niño. Las luces la guiaron hasta un roble viejo, tan ancho que tres hombres no podían rodearlo con los brazos. En su tronco había símbolos sagrados, más antiguos que las casas y que las iglesias del Valle, y a sus pies brotaba un manantial. Allí, junto al árbol y el agua, Aldonza levantó su choza, cercó un pequeño huerto y encendió un fuego que, según los Senda, nunca se apagó mientras ella vivió.    

     Sí, señoría. Ése es el roble que ha visto usted antes, en casa de Senda.

     Para ellos es más que un árbol: es el altar donde empezó su historia. El agua que brota allí es su bendición, y las luciérnagas su señal. No hablan de amuletos de cobre ni de lobos sagrados; hablan de perseverancia, de la luz que aparece en la oscuridad y de la mujer que supo seguirla. Y así como los Ranca dicen que la montaña es suya por mandato del lobo, los Senda dicen que lo es porque su luz la hizo habitable.

     Cada primavera, cuando las primeras luciérnagas vuelven a verse por el monte, los Senda recuerdan a Aldonza. No importa si las luces son más pequeñas o si el roble ha perdido ramas; para ellos, cada chispa en la noche es la prueba de que la bendición sigue viva, y de que su derecho a esta tierra es tan antiguo como la savia que sube por ese tronco¨.

Libros: ¨El don de la lluvia¨ -Tan Twang Eng-

Libros: ¨El don de la lluvia¨ -Tan Twang Eng-

Dice así la contraportada:

 

¨Una historia de lealtad y traición entre un joven y su mentor durante la ocupación japonesa.

 

Isla de Penang, Malasia. 1939

 

Philip, un adolescente malasio mitad chino y mitad inglés, pero alienado de ambos mundos, establece una profunda amistad con Endo, un diplomático japonés. Este le descubre la cultura japonesa y la disciplina y armonía del aikido, estableciéndose un vínculo de maestro y alumno basado en la lealtad mutua. La cruel ocupación japonesa de la isla revelará secretos que pondrán a prueba la lealtad de Philip hacia su mentor, su familia y su cultura.   

 

Una fascinante historia de lealtades, amistad, engaños, honor, culpa y redención, en el marco histórico de la ocupación japonesa del sudeste asiático. Un viaje a través de las culturas china, colonial británica, malaya y japonesa, narrada con un maravilloso lenguaje visual.

 

La primera novela de Tan Twan Eng ha sido aclamada por crítica y público, y fue nominada para el prestigioso premio Booker¨.

 

Sobre el autor, Tan Twan Eng:

 

¨Tan Twan Eng nació en Penang y tiene ascendencia china. Estudió en la University of London y trabajó en uno de los más prestigiosos bufetes de abogados en Kuala Lumpur, antes de dedicarse a la escritura.

 

Sus tres novelas, El don de la lluvia, El Jardín de las brumas, y La casa de las puertas, han sido seleccionadas para el prestigioso premio Booker International en 2007, 2012 y 2023. Además, ganó el premio literario Man Asian y el premio Walter Scott de ficción histórica. También ha sido juez del premio Booker en 2023. Sus tres libros han sido traducidos a 26 idiomas y ha vendido más de un millón de ejemplares en todo el mundo¨.

 

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Esta novela me ha parecido una barbaridad, uno de los mejores libros que he leído en mucho tiempo. Me encanta el género de novela histórica y siempre me gusta leer sobre los países en los que resido para aprender más sobre su historia y cultura, así que estando en Malasia este parecía una buena opción.

 

Por alguna razón el nombre no me llamaba mucho la atención. De los tres libros que tiene publicados el autor empecé con ¨El jardín de las brumas¨, después con ¨La casa de las puertas¨ y he terminado con este. Me gustaron los dos anteriores, pero este es sin duda mi título favorito.

 

Lo leí en mi Kindle, que frente a la copia en papel tiene la desventaja de que desconoces el grosor del libro. Ahora he visto en la Web de la editorial Amok que tiene 536 páginas. Tengo la costumbre de anotar los párrafos que me llaman la atención y como podéis ver a continuación reproduzco más de 50 extractos, algunos breves, otros más largos. Si vais a leer la novela os recomiendo que no sigáis, porque os va a dar pistas de lo que pasa en la historia. Si no os llama la atención, seguid adelante porque encontraréis muy buenas frases.

 

Es un libro muy triste, y debo reconocerlo, en algún momento ¨se me debió meter algo en los ojos¨.

 

Book trailer – El don de la lluvia.

 

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     ¨Hizo una pausa y, en su cara, traslúcida por el recuerdo, vi a la muchacha que una vez fue, y sentí una vaga tristeza por Endo-san, por lo que había apartado de su lado.

     -Nunca he dejado de pensar en él -añadió.

     Eché la silla hacia atrás. Me sentía cansado por la conversación y trastornado por las emociones que su llegada había despertado en mí.

     -¿Puedo pasar aquí la noche? -me preguntó.

     Yo era reacio a permitir que otras personas perturbaran la rutina de mi vida, que con tanto mimo había construido con el paso de los años. Siempre había disfrutado de mi propia compañía, y las pocas personas que habían intentado abrir una brecha en esa fortaleza siempre habían resultado malheridas. Desvié la mirada hacia el mar; Endo-san no me daba ningún consejo, pero eso nunca me había impedido pedírselo. Era tarde y el servicio de taxis de Penang dejaba mucho que desear. Al final, accedí.

     Ella se dio cuenta de mi reticencia.

     -Siento causarte tantas molestias -me dijo.

    Le hice un gesto con la mano para restarle importancia y me levanté, haciendo una mueca de dolor provocado por mis anquilosadas articulaciones, que produjeron sus crujidos y chasquidos de siempre, síntomas de la edad y de la falta de entrenamiento. Viejos achaques que insistían en enviar sus mensajes de desgaste y dolor, instándome a rendirme, a lo cual siempre me negaba¨.

 

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     ¨Había limitado mis clases a diez estudiantes, a los que había visto obtener los máximos galardones y luego abrir sus propias escuelas. Habíamos ido a diversos seminarios y convenciones por todo el mundo, haciendo exhibiciones, dando clases y aprendiendo de otros maestros. Mis antiguos alumnos me llamaban de vez en cuando e intentaban incitarme para que volviese a aquel mundo. Sin embargo, yo me negaba y les decía que me había retirado del Río y del Lago, haciendo mía la frase cantonesa «toi chut Kong woo», utilizada para describir a los guerreros que habían abandonado voluntariamente el mundo de la violencia para buscar la paz¨.

 

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¨Durante un momento, me sentí en paz. Si cerraba los ojos, me imaginaba en cualquier parte del mundo y también en cualquier época. Quizá en Ávalon, antes de que naciera Arturo. De niño, esa había sido una de mis historias favoritas, uno de los pocos mitos ingleses que me gustaba y cuya magia y tragedia me habían parecido casi orientales¨.

 

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¨El día que nací, mi padre plantó una casuarina. Era una tradición instaurada por su abuelo. Plantó el larguirucho retoño en el jardín frente al mar; se convirtió en un árbol precioso, fuerte y alto, y de su manto de hojas emanaba una deliciosa fragancia que se mezclaba dulcemente con la del mar. Sería el último árbol que plantara en su vida.

     Yo era el benjamín de una de las familias más antiguas de Penang. Mi bisabuelo, Graham Hutton, había trabajado como empleado de las Indias Orientales antes de hacerse a la mar en dirección a esos mismos territorios para buscar fortuna en 1780. Había navegado por las Islas de las Especias comerciando con pimienta y otros condimentos, y llegó a entablar amistad con el capitán Francis Light, que andaba en busca de un puerto conveniente. Lo encontró en una isla del estrecho de Malaca, en el lado noroeste de la península malaya, a tiro de piedra de la India. La isla apenas estaba habitada, era muy frondosa, estaba moldeada por laderas onduladas y rodeada por largas franjas de arena blanca. Los malayos locales le habían dado su nombre por las altas arecas, o pinang, que crecían en ella por doquier.

     El capitán Light, al percatarse de inmediato de su potencial estratégico, se la compró al sultán de Kedah a cambio de seis mil dólares españoles y de protección británica contra los usurpadores. Aunque renombraron el territorio como Isla del Príncipe de Gales, al final se dio a conocer como Penang.

     La península malaya había sido parcialmente colonizada desde el siglo XVI, primero por los portugueses, luego por los holandeses y, finalmente, por los británicos. Estos últimos fueron los que llegaron más lejos, extendiendo su influencia por casi la totalidad de los estados malayos. El descubrimiento de estaño y la idoneidad del suelo y del clima para plantar árboles del caucho (materiales de vital importancia debido a la Revolución Industrial) les hizo provocar guerras intestinas en su pugna por controlar los estados. Los británicos depusieron a sultanes, favoreciendo el ascenso al trono de herederos descastados, pagaron dinero a cambio de concesiones e, incluso cuando estas tácticas fallaron, no les importó respaldar a sus facciones preferidas con armas y poderío militar.

     Graham Hutton estaba allí cuando el capitán Light cargó su cañón con monedas de plata y las disparó en los bosques: fue su manera de espolear a los culis para que despejaran la tierra, según nos contó mi padre. Dada la naturaleza del hombre, la estratagema funcionó. La isla se transformó en un puerto bullicioso, situado en el punto de cambio de los vientos del monzón. Se convirtió en el lugar donde marineros y comerciantes hacían un alto en el camino hacia China para recuperarse, para disfrutar de unas semanas de clima templado y agradable mientras esperaban a que mudasen los vientos.

     Graham Hutton prosperó y no tardó en fundar Hutton e Hijos. Por aquel entonces no estaba casado, así que su optimismo al poner tal nombre a la empresa suscitó muchos comentarios. Sin embargo, él sabía muy bien lo que quería y no iba a dejar que nada le impidiese hacer realidad sus sueños¨.

 

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¨Los marcos de las puertas y las ventanas eran de teca birmana, y mi bisabuelo trajo picapedreros de Kent, ferreteros de Glasgow, marmolistas de Italia y mano de obra culi de la India para trabajar en una casa que tendría veinticinco habitaciones. Graham Hutton, que había visitado muchas veces las cortes de los sultanes malayos, fiel a sus ambiciones, bautizó su hogar como Istana, la palabra autóctona utilizada para «palacio»¨.

 

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     ¨El cielo estaba radiante cuando terminó. Tenía la ropa empapada y el pelo plateado le brillaba por el sudor. Me hizo un gesto para que me acercase.

     -Golpéame.

     Dudé y lo miré vacilante, preguntándome si había oído bien.

     -Adelante. Golpéame -repitió en un tono que no dejaba más opción que obedecerlo.

     Le lancé un puñetazo a la cara, utilizando la técnica que me había dejado en buen lugar en el instituto cada vez que alguien me había llamado chulo mestizo y que había suscitado unas cuantas quejas entre los padres.

     Un instante después me vi tumbado en la hierba empapada de rocío, sin aliento. Sentía la espalda dolorida, aunque el suelo estuviese blando. Me tendió la mano, firme y fuerte, y me puso en pie de un tirón. Había cierto regocijo en su mirada al detectar mi rabia. Alzó una mano conciliadora.  

     -Vamos. Deja que te enseñe a hacer eso –me propuso.

     Me pidió que le golpeara otra vez… despacio. Cuando mi puño estaba a punto de impactar en su cara, se echó a un lado hábilmente y se me acercó. Levantó un brazo y paró el mío; con un movimiento en espiral, apartó mi mano, me agarró la garganta desde atrás, hizo girar mi cuerpo, que había perdido el equilibrio, y me tiró al suelo. Luego, permitió que se lo hiciera yo a él y, tras varios intentos, conseguí derribarlo. Me quedé completamente desconcertado.

     -¿Qué has sentido? -me preguntó.

     -Como si todo hubiese encajado cuando le tiré -le contesté como mejor pude. Si hubiese querido sonar pretencioso, podría haberle dicho que fue como si la Tierra y yo hubiésemos girado en armonía. En todo caso, el pareció contento y satisfecho con mi respuesta.

     Continuó enseñándome hasta casi mediodía. Para entonces, estaba famélico.

     -¿Quieres seguir aprendiendo? -me preguntó.

     Asentí. Me dijo que volviese al día siguiente. Cuando íbamos remando de vuelta a la orilla añadió:

     -Debes ser consciente de que el maestro, al aceptar a un alumno, asume una gran responsabilidad. El alumno, a cambio, debe estar preparado para entregarse por completo. No puedes tener dudas ni pensártelo dos veces. ¿Serás capaz de darme eso?¨

 

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¨Pasé el resto del día pensando en aquella extraña persona que acababa de entrar en mi vida. El final del año escolar había dado paso a las vacaciones de verano y me sentí liberado de la monotonía de tener que regurgitar verbos en latín y de asimilar fórmulas matemáticas. Me encontraba en una posición envidiable: el dinero no era un problema, ya que los importes de mis compras eran liquidados mensualmente por la firma familiar. Los sirvientes de la casa iban a lo suyo y no se metían en mis asuntos. Habíamos llegado a un acuerdo tácito: no haríamos llegar a mi padre ningún informe negativo de ninguno de nosotros. Era un pacto que nos convenía a todos.

     De todas formas, tendría que ser discreto si quería que Endo-san me enseñara. La mayoría del personal de servicio era chino y mi amistad con un japonés podía romper nuestro trato: los chinos no profesaban ningún afecto por sus primos lejanos del otro lado del mar. Por mi condición de medio chino, los criados daban por sentado que sentía empatía por la difícil situación de las familias que habían dejado allí (hasta conocía, gracias a las constantes noticias que recibían, las atrocidades que los japoneses estaban perpetrando en el país), pero ellos nunca supieron que yo no sentía ningún apego ni por China ni por Inglaterra. Era un niño nacido entre dos mundos y que no pertenecía a ninguno de ellos. Desde el principio traté a Endo-san no como un japonés, ni como a un miembro de una raza odiada, sino como a un hombre, y esa es la razón por la que forjamos un vínculo instantáneo¨.

 

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     ¨Una mañana, cuando estaba a punto de volver a casa tras una clase dura y muy exigente, me paró y me dijo:

     -Aún no hemos terminado.

     Me pidió que lo siguiera hasta el interior de la casa. Una vez dentro, se arrodilló en el suelo ante una mesa baja de madera, abrió una caja y sacó un pincel del interior. Extendió una hoja de papel de arroz y trituró una barrita de tinta en un mortero cuadrado de piedra que exhibía una ligera depresión en el centro, hasta que un pequeño charco de tinta cubrió la hendidura. La molienda liberaba un delicado aroma a incienso, palabras informes que escapaban en el aire. La tinta se espesó y, cuando Endo-san pareció satisfecho con su consistencia, paró y colocó la barrita en un soporte de mármol.

     -La tinta, la piedra para triturar, el pincel y el papel fueron descritos por los antiguos chinos como los cuatro tesoros del estudio -dijo.

     Entonces miró de cerca la hoja de papel de arroz en blanco, como si viese en ella palabras que ya se habían escrito. Se remangó y mojó el pincel en la tinta, lo afinó apretándolo contra la piedra y se dispuso a escribir.

     Realizó una serie de barras oblicuas y curvas. Su mano presionaba el pincel contra la superficie cuando se requería una pincelada gruesa y lo retiraba casi del todo cuando quería dejar un trazo suave. La punta del pincel no perdió en ningún momento el contacto con la superficie del papel, hasta que llegó al borde de la hoja y se despegó en seco como un tigre que saltara de una roca.

     -Mi nombre -dijo, pasándome el pincel. Me mostró, con sus dedos alrededor de los míos, cómo cogerlo-. Es como blandir una espada, sin apretar demasiado, pero evitando que quede demasiado suelto. Por la forma en que un hombre sostiene un pincel, podrás saber cómo lleva y usa su espada y, en última instancia, cómo vive su vida.

     Copié los trazos en el papel de arroz.

     -Existe un orden para dar las pinceladas, muy parecido a lo que ocurre con las pautas del ken, la espada -continuó-. Y, como en el aikijutsu, donde nunca debes perder la conexión con tu atacante, aquí tampoco debes perder la conexión entre el pincel, el papel y el centro de tu ser.

     Lo intenté unas cuantas veces más. El pincel se movía con torpeza, como un pájaro herido que intentase cruzar aleteando una carretera. Él suspiró y me di cuenta de que estaba perdiendo la paciencia.

     -No escribas con la mente. Escribe con el alma. No pienses; los movimientos deben surgir libremente del peso de tus pensamientos. -Dobló el fruto de mi esfuerzo formando un cuadrado perfecto y añadió-: Suficiente por hoy: Te conseguiré tu propio material de escritura para que puedas practicar por tu cuenta.

     Quería que aprendiese a hablar japonés y que leyese y dominara las tres formas de escritura: hiragana, katakana y kanji.

     -¿Por qué debo aprender la lengua?

     -Porque yo me he tomado la molestia de aprender la tuya. -Me miró-. Y porque un día te salvará la vida.

     A pesar de ser un trabajo duro, lo disfrutaba. Puede que, tras años de tedio en un colegio represivo, al fin me sintiera liberado para aprender de verdad¨.

 

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     ¨De hecho, apenas había fotos de personas. Encontraba cierta falta de gracias en aquellas imágenes, un vacío que no me gustaba. Parecían hechas con prisas, como para servir únicamente de recordatorio y no de recuerdo. Una de ellas, de unas montañas altas y cubiertas de nieve, llamó mi atención.

     -¿Dónde es esto? -le pregunté.

     -Esa es la montaña más alta del mundo, en la India.

     -¿Y eso? -Señalé la que parecía ser la única fotografía para la que había posado, e incluso ahí salía diminuto y casi indistinguible bajo la enorme estatua de arenisca de un buda excavada en la pared de una montaña.

     -Bamiyán, en Afganistán. Es una de las tres estatuas de Buda. Esa delante de la que estoy tiene cincuenta metros de alto y fue excavada en el siglo III. Un grupo de chicos indios me hizo la foto.

     -Ha viajado mucho -le dijo.

     En otra pared había clavado fotografías de bosques densos y playas desiertas, así como formidables montañas. Reconocí las minas de estaño de Ipoh y las grandes extensiones de árboles del caucho que cubrían gran parte de la costa oeste de Malaya. Hutton e Hijos poseía un gran número de estas plantaciones y las fotografías me recordaron la calma de aquellas mañanas en que los trabajadores de la finca iban y venían recorriendo las hileras de árboles, practicando hendiduras en la corteza y extrayendo las gotas de la savia lechosa con la que llenaban los cuencos enganchados por debajo de los tajos.

     Un cuadro en una pequeña hornacina atrajo mi atención. Era un dibujo hecho con sombras de tinta negra diluida en agua cuyos trazos parecían simples y casi casuales. Mostraba a un hombre calvo de barba poblada, y una pincelada continua simbolizaba su ropa. Tenía los ojos muy abiertos y, pensé, parecía que no tenían párpados. El resto del dibujo era espacio en blanco. Me acerqué un poco más para estudiarlo, impresionado por los grandes ojos negros de mirada fija y penetrante.

     Endo-san, al verme absorto, me lo explicó.

     -Esa es mi copia de un cuadro de Miyamoto Musashi. El hombre del dibujo es Daruma, un monje budista zen. No lo toques -me advirtió con brusquedad cuando alcé los dedos para acariciarle los ojos, como si pudiese cerrárselos y darle con mi gesto descanso eterno.

     Sabía lo que era un budista, gracias a la hermana de mi madre: tía Yu Mei era una firme seguidora de Buda. Pero, ¿qué era un budista zen?, le pregunté a Endo-san.

     -Una rama del budismo muy influenciada por Daruma. Enseña a sus adeptos a encontrar la iluminación mediante la meditación y una rigurosa disciplina física. Y antes de que me preguntes qué es la iluminación, te diré que es un momento de completa claridad, de dicha pura. En ese instante, todo te es revelado. A algunos les lleva años alcanzarla, a otros, meses, días quizá, y otros nunca lo consiguen. En Japón llamamos satori a tal iluminación. Según recogen los anales del budismo zen, la han experimentado jóvenes novicios, monjes inexpertos y barrenderos del templo. -Entonces su mirada se volvió fugazmente divertida-. No hay un criterio fijo. Cuando llega, llega.

     -¿Es usted un iluminado?

     Él dejó lo que estaba haciendo, me dedicó una triste sonrisa y dijo:

     -No, no lo soy. Nunca lo he sido.

     -¿Por qué no?

     Esa es una pregunta que no puedo responder. Dudo que incluso mi sensei pueda.

     -¿Me convertiré yo en un iluminado? -le pregunté, aunque, en aquel punto, solo comprendía retazos de sus palabras. Sin embargo, mi pregunta sonaba seria e inteligente. Parecía ser una consulta esperada.

     -Solo puedo enseñarte el camino, eso es todo. Lo que hagas con él y lo que él te haga a ti son cosas fuera de mi alcance.

     Cada lección con Endo-san terminaba con una sesión de media hora de meditación: zazen, zen sentado. Consistía en liberar la mente y alcanzar lo que él denominaba «el vacío». Lo que le exasperaba, no obstante, era que yo fuese incapaz de llegar a dominarlo. Era difícil pensar en la nada y no pensar al mismo tiempo. Por más que lo intentaba, me resultaba imposible. Eso me frustraba, pues quería demostrarle que era capaz de conseguir algo que me parecía lo más fácil del mundo. ¡Anda que no lo había hecho veces en clase, como para no convertirme en un experto en la materia!

     -Visualiza tu respiración como un cordel fino -me propuso-. Ahora, tira de él cuando inspires, tira fuerte. Más allá de tus pulmones, justo hasta el punto que hay debajo de tu ombligo, tu tanden. Haz una pausa. Deja que se enrolle y entonces imagina que lo estiras de nuevo cuando exhales. Eso es lo único que tienes que pensar en el zazen. Más adelante, cuando progreses, no necesitarás ni pensar en eso. Ni siquiera notarás tu respiración. Más adelante.

     Me desquiciaba estar allí sentado a la manera japonesa, con las piernas dobladas bajo las nalgas. No podía evitar que mi atención comenzase a divagar poco a poco, que una avalancha de pensamientos e imágenes se estrellasen en mi cerebro y me hicieran perder la concentración.

     Con todo, aquellos fueron días mágicos, justo antes de que se desatasen los hilos que habían estado sujetando el mundo. Europa iba a entrar en guerra y Japón estaba estableciendo su régimen de paja en Manchuria como plataforma de lanzamiento de ataques contra la indefensa China. Se avecinaban días oscuros. Pero, de momento, el sol seguía brillando en Malaya, en las interminables hileras de árboles del caucho y en las minas con su melancólico paisaje lunar, donde rudos culis inmigrantes hakka cribaban toneladas de tierra y agua acuclillados en charcos embarrados para encontrar diminutos gránulos de mineral de estaño. Todavía había fiestas a las que asistir, excursiones de fin de semana a la colina de Penang, merendolas en la playa…¨

 

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     ¨Una campana sonó y, a través del humo, oí el canto de los monjes. Una cobra se desenroscó de un pilar y se deslizó por las baldosas irregulares, balanceándose al ritmo de la cantinela. Sacaba la afilada lengua para probar el aire y sus escamas brillaban como un millar de almas atrapadas. Un monje que pasaba por allí la cogió y la colgó en el respaldo de una silla. Me dijo que la tocara. Acaricié su piel, seca y fría. Como les ocurría a las serpientes, el humo y los cánticos, que resonaban en mi cuerpo y que mi sangre y mis huesos absorbían, me envolvían aturdiéndome poco a poco.

     -Una adivina -me dijo Endo-san, señalando a una enorme anciana que se daba aire con un abanico de mimbre-. Vamos a ver lo que nos cuenta.

     Me senté ante ella y me examinó la mano. Su piel tenía la misma textura que la de una cobra. Escrutó mi cara y me miró como si estuviese haciendo un gran esfuerzo por recordar dónde me había visto.

     -¿Has estado aquí antes? -me preguntó.

     Negué con la cabeza.

     Ella acarició lo que fuera que había escrito en mis manos y me preguntó la fecha y la hora exactas de mi nacimiento. Hablaba en hokkien.

     -Tú naciste con el don de la lluvia. Tu existencia estará repleta de éxitos y de riquezas. Pero la vida te someterá a una dura prueba. Recuerda: la lluvia también trae inundaciones.

     Sus vagas palabras me hicieron retirar las manos, aunque ella no se ofendió. Desvió la atenció a Endo-san y su mirada se tornó soñadora, como si intentase recordar a un viejo conocido. A continuación volvió a clavar la vista en mí:

     -Tu amigo y tú tenéis un pasado en común, en otra época. Y a ti te queda un viaje aún más largo por hacer. Después de esta vida.

     Desconcertado, le traduje sus palabras a Endo-san, ya que él solo sabía unas cuantas frases del dialecto local. Por un instante, pareció triste.

     -Parece ser que las palabras nunca cambian, allá donde vaya -dijo en voz baja.

     Esperé a que me explicara lo que había querido decir, pero permaneció pensativo y en silencio.

     -¿Qué muestra la mano de mi amigo? -le pregunté a la vidente.

     Ella se cruzó de brazos y se negó a tocar a Endo-san.

     -Es un jipunaki, un fantasma japonés. O no leo sus futuros. Ten cuidado con él.

     Me sentí abochornado por la forma en la que había rechazado a Endo-san y traté de suavizar sus duras palabras antes de comunicárselas.

     -No se siente muy bien. Dice que no va a leer más manos por hoy -le dije.

     Sin embargo, se percató de la lucha interior que revelaba mi rostro y negó con la cabeza, tocándome el brazo para darme a entender que lo había captado todo.

     Le pagué a la mujer y salimos del espacio intemporal y tenuemente iluminado del templo para encontrarnos con la luz del sol. Las reverberaciones de aquel lugar quedaron atrás. Nuestros cuerpos fueron recuperando poco a poco la compostura y la calma. Todo parecía moverse más rápido fuera, hasta las sombras proyectadas por el sol.

     -¿Qué ha querido decir con eso de que las palabras nunca cambian? -le pregunté, mientras él me compraba un vaso de agua fresca de coco en un puestecillo ambulante.

     -He visto a muchos videntes, de todo tipo. Algunos me han leído la cara; otros, las manos. Ha habido quienes han entrado en trance y les han pedido consejo a los espíritus. Y la respuesta ha sido similar. Esa anciana de ahí ni siquiera ha tenido que tocarme para hacer lo mismo -respondió, echando a caminar de vuelta hacia el lugar donde nos esperaba su chófer.

     -¿Y qué le contaron? -le pregunté, al alcanzarlo.

     Entonces se detuvo y se giró para encararme. Me vi obligado a mirarlo a los ojos.

     -Me contaron que nos habíamos conocido hace mucho, mucho tiempo. Y que nos conoceremos en tiempos venideros.

     Sus palabras, junto con las extrañas declaraciones de la vidente, me resultaban del todo incomprensibles, y así se lo hice saber.

     -Tú eres un seguidor de Jesucristo -me respondió-. Seguro que no has oído hablar de la rueda de la vida en la que creen los budistas.

     Respondí que no con la cabeza. Al constatar mi ignorancia, continuó.

     -¿Qué ocurre cuando mueres?

     Eso tenía respuesta fácil.

     -Vas al cielo… si eres bueno.

     -Pero, ¿qué ocurrió antes de que vivieras? ¿Dónde estabas entonces?

     Aquella sencilla pregunta me hizo pararme a pensar. No podías estar en el cielo, de lo contrario, ¿qué sentido tenía dejarlo para regresar más tarde?

     -No lo sé -terminé confesando.

     -Tenías otra vida. Después del final de aquella vida, renaciste en esta. Y así seguirá siendo, una y otra vez, hasta que hayas superado todas tus flaquezas y reparado todos tus errores.

     -¿Y qué pasará entonces?

     -Puede que, tras mil vidas, llegues al Nirvana.

     -¿Y dónde está eso?

     -La cuestión no es dónde está, sino qué es. Es un estado de iluminación. Sin dolor ni sufrimiento ni deseos, sin tiempo.

     -Como el cielo -dije.

     Él se giró para mirarme y frunció las cejas.

     -Tal vez.

     -Entonces, el modo cristiano es más corto. Solo tienes que morir una vez.

     Se rio.

     -Oh, desde luego¨.

 

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      ¨No volví a pensar en las palabras de la vidente. Las explicaciones de Endo-san no terminaban de cuadrarme, así que no les di más vueltas. Mi entrenamiento se intensificó. Aparte del combate cuerpo a cuerpo, empezó a hacerme practicar con una vara de madera. El arma me llegaba al hombro cuando estaba apoyada en el suelo y él la blandía con gran destreza. En sus manos, la rigidez de la madera parecía transformarse en fluida flexibilidad.

     -Una vez que hayas dominado los movimientos rudimentarios de la vara, aprenderás a utilizar una espada. En algunos casos, la vara resultarás más mortífera que aquella -añadió-. Una espada tiene un único borde cortante, pero una vara, jo, tiene dos extremos con los que golpear. Y el jo en sí es un filo cortante.

     Empezó a balancear la vara deslizando las manos con suma suavidad.

     -Como con todos los principios del aikijutsu, no te enfrentas al impacto del ataque de frente. Lo esquivas, te echas a un lado para evitar el golpe, rediriges la fuerza y desequilibras a tu oponente. Pasa lo mismo con el ken, la espada.

     Reparé en la seriedad de su voz mientras continuaba.

     -Estos principios también se aplican a la vida diaria. Nunca te enfrentes directamente a la ira de una persona. Despístala, distráela, dale incluso la razón. Desestabiliza su mente y podrás llevártela adonde quieras.

     El jo salió disparado de su mano y yo hice un recorte perfecto hacia un lado sin vacilar. Le di un puñetazo atemi en las costillas que lo desestabilizó. Combiné mi siguiente movimiento con su inclinación y lo tiré al suelo, arrebatándole la vara. Él aterrizó con total gracilidad y se hizo un ovillo para dar una voltereta ukemi hacia adelante y terminar en pie de nuevo. Cuando se giró, yo estaba apuntando el jo a la parte más blanda de su cuello.

     Allí nos quedamos, el uno frente al otro, sin que apenas se percibiera nuestra respiración. Solo se oía el murmullo de suaves olas y el susurro de las hojas¨.

 

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     ¨El modo más gratificante de ver el sitio en el que vives es enseñárselo a un amigo. Yo tenía interiorizada las bellezas de la isla de Penang desde hacía ya tiempo, y fue justo al ejercer de guía de Endo-san cuando aprendí a amar mi hogar de nuevo, con una intensidad que me sorprendió y me llenó de satisfacción.

     Tras la experiencia de la vidente del Templo de la Serpiente, puse mucho cuidado en evitar otros templos al explorar las calles de Georgetown. Nunca escaseaban los sitios que enseñarle y, para impresionarlo con anécdotas y peculiaridades, aprendí más cosas sobre mi ciudad preguntando a los criados de Istana y leyendo los libros de la biblioteca de mi padre¨.

 

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     ¨-¿A qué se referían esas últimas frases? -preguntó-. Oí mencionar una espada.

     Todavía recordaba los versos que tanta veces había cantado.

     -No cejaré en mi lucha mental, ni dormirá mi espada en mi mano…

     Él asintió y repitió las palabras.

     -No estoy de acuerdo. La espada siempre debe ser la última opción.

     -Es solo una canción -repuse.

     -Sin embargo, como bien has señalado, se trata de una canción lo suficientemente poderosa como para movilizar a todo un país.

     -Nosotros utilizamos espadas para entrenar -señalé.

     -¿Qué te estoy enseñando?

     -A luchar -dije.

     -No. Eso es lo último que te estoy enseñando. Lo que quiero mostrarte es cómo no luchar. Nunca jamás debes utilizar lo que te he enseñado, a menos que tu vida esté en peligro. E incluso entonces, si puedes evitarlo, tanto mejor.

     Me hizo prometerle que siempre lo recordaría¨.

 

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¨Sabía por experiencia que por la noche haría frío en la colina, así que habíamos venido preparados. Dimos un paseo hasta el Hotel Bellevue para cenar vestidos de esmoquin negro. El maître nos sentó en la veranda, lo que nos permitió disfrutar de una panorámica de las luces de la ciudad, que se extendían tierra adentro como una marea de fosforescencia blanca desde la orilla enel muelle Weld. Los mares que rodeaban Penang estaban sumidos en la ocuridad y solo gránulos de luz indicaban donde estaban los barcos.

     -Gracias por traerme aquí arriba. La subida merece la pena por estas vistas, ¿no crees? -me dijo Endo-san en tono agradecido.

     -Así es, Endo-san -concedí, consciente de algún modo de que siempre recordaría aquella noche.

     Él entrecerró los ojos para estudiar el frondoso emparrado que había sobre nuestras cabezas. Algo hizo un ligero movimiento allá arriba.

     -¿Son serpientes enroscadas en las parras lo que veo?

     -Serpientes de cascabel -le confirmé-. Uno de los reclamos del hotel. No tiene por qué preocuparse, nunca le han picado a nadie. Apenas si se ven, están muy bien camufladas.

     -Pero sabes que están al acecho justo encima, preparadas para el ataque.

     -Las ignoro, como todo el que come aquí.

     -La enorme capacidad humana para elegir no ver -dijo.

     -Hace la vida más fácil -le contesté¨.

 

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     ¨-¿Alguna vez has conocido a alguien a quien te hayas sentido tan unido que no te importa nada más? ¿Alguien que, sin que nadie le haya dicho nada, conoce cada aspecto de tu ser?

     Me lo quedé mirando, sin saber muy bien lo que intentaba decirme.

     -Pues bien, así es como yo me siento con Aslina. ¿Y el deber? -Su voz se tornó amarga-. El deber es un concepto que han creado emperadores y generales para engañarnos y que cumplamos su voluntad. Sé cauteloso cuando hable el deber, pues casi siempre enmascara la voz de otros. Otros que no tienen en mente tus intereses.

     Estaba a punto de preguntarle más cosas, pero Endo-san se me acercó y me dijo:

     -Recoge tus cosas. Vamos a llegar a Port Swettenham¨.

 

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     ¨Como Penang, la ciudad estaba segregada en diferentes barrios según el origen de sus habitantes. Tuve que rebuscar en mi memoria para recordar mi cantonés oxidado y así poder hablarles a los chinos de allí. A diferencia de los chinos hokkien de Penang, casi todos eran inmigrantes de la provincia de Cantón, que habían llegado atraídos por los rumores de riqueza y éxito que llevaron de vuelta a China aquellos paisanos lo suficientemente afortunados como para haberse enriquecido en las peligrosas y agotadoras minas de estaño de los alrededores de Kuala Lumpur y el valle de Kinta, donde se ubicaba Ipoh¨.

 

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     ¨Me sirvió más té. A continuación, sacó una pequeña pieza de jade, un alfiler fino como una brizna de hierba que colgaba de una delicada cadena de plata alrededor de su cuello, y la sumergió brevemente en la taza. La miró y luego volvió a meterse el alfiler por debajo del cuello de la camisa. Fue un movimiento tan natural, tal vez el resultado de tantos años de costumbre, que ni él ni tía Mei parecieron darse cuenta.

     Entonces clavó la vista en mí sin reservas, con las cejas canosas casi juntas, esperando quizá encontrar vestigios de sí mismo en mis facciones. El típico anciano chino, pensé. Pero me equivocaba.

     -Te pareces mucho a tu madre -dijo.

     -La gente siempre dice que me parezco a mi padre.

     -Entonces es que no saben lo que están buscando -repuso él con firmeza.

     -¿Y qué deberían buscar? -quise saber.

     -Algo más allá de lo que muestra la cara, algo obvio y a la vez intangible. Como el aliento en una noche fría, tal vez¨.

 

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     ¨Antes no me habría dado cuenta del timbre de emoción débil y controlada de su voz, pero las lecciones de Endo-san me habían enseñado que a veces existe movimiento en la calma y calma en el movimiento. Y fue así como lo distinguí claramente en mi interior: una mezcla oculta de remordimiento, pena y esperanza. Mantuve la expresión de mi cara tan controlada como mi abuelo había hecho con su voz para no ponerlo en una situación embarazosa¨.

 

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     ¨La noche del cumpleaños no dejé de suspirar mientras me ponía algo más presentable y esperaba luego en el pórtico a que tío Lim sacara el Daimler. Era una noche húmeda, los grillos andaban muy animados y se agradecía la brisa que entraba por las ventanas. Una noche de viernes demasiado agradable como para pasarla en una fiesta.

     La mansión de los Cross estaba en Northam Road, más conocida como la calle de los millonarios. Los nativos la llamaban Ang Mo Lor, la calle de los pelirrojos. La casa hacía que las adyacentes oficinas consulares de Tailandia (a la que, a pesar del cambio de nombre oficial en mayo, las gentes de Penang seguían llamando Siam) pareciesen diminutas, casi como su garaje¨.

 

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     ¨Continuamos escuchando las noticias. Todo ocurría tan lejos que no pensé que fuera a afectar a nuestras vidas lo más mínimo. Las novedades que llegaban parecían un serial de los que se oyen o leen en el desayuno y luego se olvidan hasta que una nueva entrega, más terrible, aparece a la mañana siguiente¨.

 

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     ¨Solo tenía un principio: cada elemento tenía que ser original o tan parecido a él como fuese posible en estos tiempos de usar y tirar, pues siempre recordé la pregunta que me hizo mi padre en la biblioteca al volver de su viaje a Londres, la que no pude contestar en su momento: «De entre las creaciones de nuestro mundo moderno, ¿qué crees que seguirá en pie y tendrá valor histórico y estético dentro de quinientos años?»¨.

 

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     ¨Aquella noche en el río habíamos compartido algo especial; sentí como si las luciérnagas hubiesen iluminado una parte de mi vida que siempre había permanecido sumida en la oscuridad. Las preguntas del periodista ese día habían distado mucho de resultar impertinentes. Quizá debería haber puesto más ahínco en explicar las cosas, en volver a contar lo que experimente durante la guerra. Pero el dolor había sido demasiado vívido y el sentimiento de culpa demasiado abrumador. Además, también estaba el orgullo. Mi educación inglesa y china había garantizado, o más bien impuesto, que mantuviera mis sentimientos a raya para no incomodar o abochornar a nadie ni cubrirme de vergüenza o manchar la reputación de mi familia. Encontraba irónico que las dos corrientes de mi sangre, procedente de lados opuestos de la brújula, hubiesen influido en una insólita convergencia que ahogaba mi capacidad de expresar mis sentimientos.

     Ahora, el hecho de poder revelárselo todo a una mujer desconocida que había llegado por sorpresa a mi casa me proporcionaba un sentimiento de liberación, de volver a pisar tierra firme. Debo admitir también que la aprensión atenuaba esa sensación.

     Lo que me había hecho superar mi miedo era la conciencia de que Michiko no estaba condicionada por la historia de la isla que había sido mi hogar ni por la gente y su presunto conocimiento de mi vida. Fue entonces cuando supe que me obligaría a revelárselo todo, costase lo que costase. Hubo veces, durante las horas que pasamos juntos, en que me sentí tentado de cambiar la verdad, de suavizarla y retratarme bajo una luz nueva y mejorada. Pero ¿cuál habría sido el propósito de todo eso, a nuestra edad?¨

 

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     ¨Parecía muy triste y me dio pena. Las palabras de mi padre en la biblioteca hacía más de un año, cuando lo ayudé a desempaquetar sus libros: «siempre te alejas, intentas no formar parte de nosotros», volvieron a sacudirme.

     -Trae, anda -le dije-. Sé cómo se usa.

     Él no parecía muy seguro, pero al mostrarle cómo funcionaba, pronto descubrió que era casi un experto. Tenía que serlo a la fuerza, después de haber visto y ayudado tantas veces a Endo-san.

     -Eres bueno en esto -se permitió admitir.

     Debo de haber aprendido algo de todas esas veces en que me hiciste ayudarte con tus juguetes y tus proyectos -le dije.

     -De los que siempre te escabullías -respondió. Siempre preferías pasar el tiempo solo en la playa.

     Comprendí lo que no dijo. A William le fascinaba cualquier cosa mecánica o compleja. Siempre me estaba enseñando alguno de sus nuevos artilugios, con la esperanza de que yo compartiese su entusiasmo. Yo nunca lo hice y, en aquel momento, se me ocurrió que no eran los objetos en lo que había intentado que me interesara, sino en fomentar un vínculo más fuerte entre nosotros. Quise contárselo, hacerle saber que ahora lo entendía, pero los años de aislamiento me habían vuelto incapaz de echar abajo las barreras que había levantado. Me sentí como un prisionero, capaz de ver más allá de mis confines, pero incapaz de alcanzarlos.

     Y, de todas formas, ¿podría William comprender mi situación? Él siempre había estado seguro de su lugar en el mundo, desde el momento de su nacimiento. Nunca había tenido que pelearse con sus compañeros de clase por su identidad, nunca había tenido que soportar la mirada de superioridad de las personas que le rodeaban, desde los criados hasta los amigos y socios de nuestro padre. Nunca se había sentido un impostor en su propia casa.

     Me di cuenta de que me había quedado mirando fijamente a William, que parecía incómodo. Quería hablar, hacerle saber que sus esfuerzos no habían caído en saco roto. Pero, en aquel momento, fue incapaz de revelarle lo mucho que Endo-san me había transformado con sus lecciones, que, yo lo sabía, eran, en parte, responsables de aquella creciente comprensión de mi relación con la familia. Sentí que William no entendería la sensación de seguridad que mi sensei había hecho nacer en mí. Al fortalecer mi cuerpo, Endo-san también estaba fortaleciendo mi mente, tal y como me había prometido. Era un proceso que me proporcionaba la capacidad de reducir los elementos conflictivos de mi vida y crear un equilibrio.

     William se dirigió hacia la ventana.

     -El cielo se está despejando. Venga, vamos a ver si este chisme funciona. Si no te lo has cargado, claro¨.

 

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     ¨La cara de Kon irradiaba felicidad y juventud y estaba rebosante de vida. Ahora, de viejo, y después de las muchas cosas que nos ocurrieron, es como me gusta recordarlo, en aquel día en que rompimos todas las normas de tráfico, cuando nos sentamos en los confines del mundo y observamos el mar donde el estrecho de Malaca se encuentra con el océano Índico.

     -Seguro que sabes lo de mi padre -dijo Kon, sin más preámbulo.

     Me pregunté qué quería que le respondiera y, como no lo sabía, decidí contarle la verdad.

     -He oído rumores e historias.

     -¿Has oído hablar de las triadas?

     -Tío Lim me ha hablado de ellas, pero preferiría que me lo contaras tú.

     Entonces, inspiró profundamente y dijo:

     -Las triadas son un extraño producto de la historia. El nombre proviene del uso que hacen de un diagrama triangular que simboliza la relación existente entre Cielo, Tierra y Hombre. Se crearon en un principio como fuerza de resistencia al dominio mongol sobre China. Tienen fuertes influencias del budismo; de hecho, la mayoría de los miembros fundadores eran monjes budistas, aunque sus detalles se perdieron en el tiempo. Mi padre es de los que opinan que las tríadas tal y como las conocemos ahora provienen del comienzo de la dinastía Ching. Cuando los manchúes conquistaron China en el siglo XVII, intentaron eliminar toda forma de resistencia…

     Kon me explicó que, a lo largo de los siglos, un elemento más criminal se había ido infiltrando sigilosamente en la composición de las tríadas. La migración masiva de chinos ayudó a extender su influencia y poder más allá de las fronteras de China. Los miembros de las tríadas se comunicaban y se reconocían en público mediante unas elaboradas señales que practicaban con las manos.

     En ese momento paró, y a mí me costó comprender lo que había dicho. Sonaba confuso, como hermandad secreta, como los francmasones entre los que mi padre solía incluir en broma al señor Scott.

     Los británicos habían proscrito cualquier forma de sociedad secreta como medida para contener la tríadas. Fue inútil, por supuesto. Las tríadas eran una ley en sí misma; nadie podía controlarla, salvo sus Cabezas de Dragón, los líderes de las sociedades.

     -¿Es tu padre un Cabeza de Dragón? -le pregunté, cruzando la frontera de la amistad. Kon, sin embargo, ya estaba al otro lado, esperándome.

     -Él es el líder de la Sociedad del Estandarte Rojo.

     Sabía que había oído antes aquel nombre y no solo a tío Lim. Rebusqué en mi memoria y recordé que los periódicos, una vez, habían escrito una detallada historia sobre la violencia y las tensiones creadas por sociedades enfrentadas para aumentar sus territorios. La Sociedad del Estandarte Rojo se había labrado su propia reputación de grupo cruento y bien organizado. Sus orígenes tenían sus raíces en la provincia china de Fujian, de donde procedían tantos de los chinos que vivían en Penang. Se decía que era una de las sociedades más fuertes.

     -Cuando mi padre deje su puesto, yo me convertiré en el nuevo Cabeza de Dragón. Espero que eso no afecte a nuestra amistad -dijo Kon, y noté cómo trataba de esconder la preocupación de que no fuera a ser su amigo nunca más.

     Me emocionó, así que, para tranquilizarlo, le dije:

     -No lo hará. Tienes mi palabra.

     Pareció aliviado, pero entonces escondió súbitamente sus emociones y yo me percaté de lo solo que estaba, de lo mucho que la reputación de su padre había influido en que él tuviese pocos amigos. Al igual que yo, había decidido contentarse con su propia compañía. Me veía muy reflejado en él, especialmente en la dureza de nuestro interior, resultado de nuestra decisión de caminar en solitario y evitar así que nos hiriesen.

     -Deja que te enseñe algo -dijo. Entrelazó los dedos de ambas manos formando una figura, con los pulgares hacia delante y los meñiques hacia abajo-. Este es el gesto que te llevará hasta mi padre. Nosotros controlamos el mercado de Pulau Tikus y cualquiera al que se lo muestres, tendrá que obedecer.

     Practiqué la señal.

     -¿Por qué me estás contando esto?

     Si alguna vez necesitas ayuda, haz este gesto y la recibirás.

     -No creo que vaya necesitarla -dije.

     -Apréndetelo. Nunca se sabe -me contestó él.

     Me di cuenta de que, con aquella ofrenda, habíamos sellado un voto tácito de amistad e incluso de hermandad entre nosotros. No teníamos que decir nada y eso lo hacía más fuerte.

     -Venga -dijo-. Vamos a cenar al centro. Toma. -Me lanzó las llaves-. Tu turno¨.

 

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     ¨El Hotel E&O era propiedad de los hermanos Sarkie, dos armenios que también dirigían el Hotel Raffles en Singapur. El establecimiento se enorgullecía de su lista de huéspedes, que había incluido a Noel Coward y Somerset Maugham.

     -Una vez nos visitó -dijo Isabel-. ¿Te acuerdas?

     -¿Quién? -dije, distraído por el menú y los pensamientos de Edgecumbe.

     -Somerset Maugham, tonto. No me estabas escuchando. Padre le preparó una pequeña velada y yo me llevé una gran decepción porque nunca escribió sobre nosotros. Probablemente nos encontrase demasiado aburridos. Tú entonces serás bastante pequeño.

     -Estoy de acuerdo. ¡Somos la familia más aburrida de la ciudad!¨

 

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     ¨-Solo conservo fragmentos de ella en mi memoria -confesé.

     Isabel negó con la cabeza y parpadeó.

     -Yo ni siquiera conservo fragmentos de mi verdadera madre. Todas esas fotografías y retratos de ella en la casa me resultan tan extraños como deben de resultarte a ti. Creo que eso es preferible…, al menos así no echo de menos lo que no puedo recordar.

     Percibí la inesperada fragilidad de su tono y, por un momento, pensé en lo que había dicho. Me chocó que su voz sonara tan amarga. Entonces la vi como realmente era, una chica confundida por su inexplicable rabia, que intentaba ahogar siendo Isabel: alguien que reía perpetuamente, en constante búsqueda de la próxima cosa emocionante que hacer y que siempre se esforzaba por conseguir ser el centro de atención.

     Menee la cabeza.

     -Te sientes igual de mal. Siempre quedará un vacío en el interior, sea cual sea la forma de nuestras pérdidas, sea cual sea el déficit de nuestras memorias.

     Hizo rodar su copa de vino entre las manos, como un alfarero dando forma a su creación.

     -Puede que tengas razón. La memoria es traicionera. Cuando he dicho que no conservaba recuerdos de mi madre, me refería a que no la recordaba aquí. -Se tocó la frente-. Y sin embargo…

     Sus manos volvieron a moldear la copa.

     -Y sin embargo la sientes aquí -le dije, con la mano puesta en el corazón.

     Detuve sus manos y se las apreté, sintiendo la dureza de la copa de vino debajo, casi hasta el punto de rotura.

     -Eso no es memoria, Isabel -proseguí-. Eso es amor.

     Ella volvió a parpadear y se pasó un dedo por los ojos para esconder sus lágrimas. Nos habíamos revelado más cosas en aquellos momentos que en los últimos años. ¿Eso era parte del proceso de conversión en adulto, ver al fin a la gente más próxima a nosotros bajo una nueva luz, más clara?

     -Eso suena muy maduro, viniendo de ti -dijo alzando la mirada.

     Ignoré su tentativa de aligerar la conversación. Entonces, se inclinó hacia delante y añadió en voz baja:

     -¿De modo que esta gran perspicacia es lo que tu profesor japonés te ha enseñado?¨

 

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     ¨Mi abuelo cogió una copa de champán de un camarero y dijo:

     -¿Dónde está tu maestro japonés? Me gustaría conocerlo.

     Eché un vistazo a la terraza en busca de Endo-san y lo encontré junto a un grupo de hombres de negocios japoneses. Él me vio y vino hacia nosotros.

     -Ya nos conocemos. El señor Endo, ¿verdad? -preguntó mi abuelo.

     Endo-san asintió. En el momento en que se estrecharon la mano, noté que algo se movía, que se desenfocaba y volvía a enfocarse de nuevo. Me sentí como si estuviera borracho, y eso que aún no había probado ni una gota de vino.

     -Usted es el que ha estado enseñando a mi nieto.

     -Así es -respondió Endo-san-. Está ansioso por aprender y eso lo hace más placentero. Es maravilloso haber encontrado a alguien como él. En todos los viajes que he hecho, nunca había conocido a nadie con su capacidad. Aprende muy rápido.

     -Casi como si lo hubieran enseñado en otra vida, ¿verdad?

     -La cara de Endo-san se iluminó.

     -¿Cree en tales cosas, señor Khoo?

     -Efectivamente.

     -Entonces comprenderá que hay ciertas cosas que no se pueden detener, que hay que dejar que pasen, a pesar de las consecuencias.

     -Sé que uno no puede escapar a su senda en el continente del tiempo -dijo el abuelo Khoo.

     Una sensación de desconcierto me fue invadiendo a medida que seguía su extraña conversación. Era como escuchar a dos monjes discutir sobre la existencia de la nada. Recordé lo que Endo-san me había dicho en el Templo de la Serpiente; qué lejos quedaba todo aquello ahora y cuánto tiempo parecía haber pasado.

     -He entrenado y enseñado a su nieto lo mejor que he podido para que se enfrenta a la vida que le ha tocado llevar -continuó Endo-san.

     -Lo comprendo. Pero, como ambos sabemos, eso nunca es suficiente, ¿verdad?. Hay muchas cosas que nunca se pueden enseñar a superar.

     -Eso dependerá de la entereza y fortaleza de la persona y del nivel de desesperación al que se enfrente.

     Eso no le gustó nada a mi abuelo.

     -Eso no es justo, señor Endo.

     -Me temo que no está en mis manos, señor Khoo -dijo Endo-san, y en su voz detecté una pena insoportable.

     -¿De qué estabais hablando vosotros dos? -le pregunté más tarde a mi abuelo, cuando Endo-san se unió a otro grupo de personas. El abuelo parecía distraído y no respondió hasta que le toqué suavemente el brazo.

     -Estábamos hablando del destino -dijo por fin-. De que no se puede escapar de él.

     -Parecías creerle.

     -Dice la verdad. Pero es lo que hace con ella lo que lo hará peligroso.

     -Lo que dices no tiene sentido, abuelo.

     -¿Te ha hablado alguna vez sobre tus vidas anteriores?

     -Sí, una vez.

     -¿Y?

     -Confío en él -dije.

     -Pero tienes tus dudas.

     No me gustaba el giro que había tomado la conversación. En una magnífica noche como aquella, no me apetecía lo más mínimo oír hablar sobre mi pasado o mi futuro.

     -Ven conmigo -le propuse, tirándole de la manga.

     Lo conduje hasta la fuente. Las luces de la casa se reflejaban en el agua espumosa, volviéndola del color del champán que se servía. Él completó un círculo alrededor de la fuente, como yo había hecho en su casa de Ipoh.

     -No mentías -dijo-. Soy incapaz de encontrar diferencia alguna¨.

 

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     ¨Abandonamos la fiesta. Era la primera vez que le enseñaba la casa a Endo-san, pero, a medida que atravesábamos las estancias de la planta baja y subíamos las escaleras, fui percatándome de que las reconocía gracias a mis descripciones. Subimos hasta la penumbra de mi habitación. Abrí las ventanas y dejé que la brisa levantase las cortinas de gasa. Me giré y él estaba allí, y la banda, abajo, comenzó a tocar Moonglow. Él ojeó los libros de mis estanterías y se burló amablemente de mis intentos de caligrafía.

     -Vas mejorando -dijo, volviendo a colocar las hojas de papel de arroz en el escritorio.

     Cogió otra hoja y se río. Detecté el deleite en su voz.

     -Veo que estás intentando copiar el dibujo de Musashi -dijo.

     Miré por encima de su hombro el dibujo de Bodhidharma y me pregunté qué querría decir. Él y el emperador perdido me habían atormentado en sueños desde que oí la historia de mi abuelo.

     -¿Qué dibujo de Musashi? -pregunté.

     -El de Daruma, en mi casa -respondió.

     -No -dije-. Este es de un monje de China, Bodhidarma, que se cortó los párpados para permanecer siempre despierto. Mi abuelo me contó la historia.

     -Philip, son la misma persona -dijo.

     En ese punto, me di cuenta de que, inconscientemente, había hecho una réplica del dibujo de Musashi, el que Endo-san había copiado, y, durante el instante más breve del mundo, vi como todas las cosas, la gente y el tiempo estaban conectados de alguna manera. Una luz dorada, más brillante que la del sol, inundó mi habitación y todo se volvió tan claro y tan lúcido que dejé escapar un suave suspiro y cerré los ojos, con la esperanza de capturarlo en la memoria de mi corazón. Me sentí completamente en paz, ascendiendo cada vez más alto hasta una comprensión envolvente. Lo vi todo, al completo, de principio a fin, y luego, otra vez de vuelta a un nuevo principio. Y después de un momento de eternidad, aquella claridad absoluta, aquella satisfacción total que, aunque no lo supe entonces, buscaría el resto de mi vida, sin conseguirlo, se fue.

     Endo-san me miró fijamente.

     -Satori -susurró¨.

 

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     ¨Visitarlo después del trabajo se había convertido en un ritual. Me sentaba junto a él y escuchábamos atenuarse los sonidos de la calle, como si aquellos también fuesen adeptos al zazen y se preparasen para la meditación de la tarde tamizando la cacofonía del día. Disfrutaba al sentir cómo la tarde se apagaba poco a poco hasta convertirse en noche. En mi primera visita me senté frente a él a la mesa, como mandaban los cánones, pero él me dijo, muy irritado: «No, no. Ven y siéntate a mi lado». Así que, desde entonces, siempre me senté junto a él sin que me lo pidiera. Después me preguntaba cosas sobre las actividades de mi familia y sobre si había recibido alguna noticia de William. Luego, le servía el té. La primera vez que lo hice, me observó mientras llenaba la taza tamborileando suavemente en la mesa con los nudillos de los dedos índice y medio de la mano derecha. Lo siguió haciendo cada vez que le servía y, al final, le pregunté qué significaba aquello.

     -Así es como le damos las gracias a la persona que nos está sirviendo -contesto-. Todos los chinos conocen este gesto.

     -Yo no lo había visto -le confesé.

     -Nadie sabe con exactitud dónde o cuándo se originó esta práctica -me explicó-. Cuenta la leyenda que, una vez, un emperador de China decidió pasear por las calles como un plebeyo para ver cómo vivía su gente. No necesitaba ponerse ningún disfraz, pues nadie del pueblo llano lo había visto jamás. Iba acompañado de un fiel cortesano y, en una casa de té, el emperador dijo que deseaba experimentar la novedad de servirle el té a su acompañante.

     -No hay nada de malo en ello -le dije, pero él meneó un dedo en gesto negativo.

     -Eso suponía una grave inversión del orden divino y el cortesano protestó enérgicamente. No obstante, se vio obligado a complacer a su emperador, que procedió a servirle el té. El cortesano, al verse incapaz de arrodillarse para cumplir con la manera adecuada de obediencia, recurrió a doblar los dos dedos sobre la mesa y a hacerlos sonar en ella para representar ese acto.

     Yo hice lo propio con los nudillos de mis dos dedos en la mesa. Estos, doblados, se asemejaban a un hombre arrodillado.

     -O también puede ser una forma práctica de hacerte saber que ya has llenado suficiente la taza -añadió.

     -Ahora no sé si creerte o no -dije.

     Él pareció pensativo.

     -En las pocas ocasiones en que Wen Zu y yo salimos a hurtadillas de palacio y visitamos una casa de té, él también me pidió que le dejara servirme y esta fue la forma en que se lo agradecí. Ambos solíamos reírnos de cómo se repite la historia.

     Bebimos té a sorbos en silencio durante un rato.

     -¿Conoces la historia de la casa de al lado? -me preguntó luego.

     -No -respondí.

     Le rellené la taza de té una vez más. Se le escapó una risa traviesa y me alegré de ver que el ánimo sombrío lo había abandonado.

     -Antes era la sede central de la rama malaya del Partido Nacionalista Chino del Doctor Sun Yat Sen, el Tung Ming Hui -me contó.

     Caí en la cuenta de la broma que la historia nos había gastado. Mi abuelo, una vez tutor del heredero al Trono del Dragón, vivía al lado de la residencia del hombre que había desempeñado un papel sustancial en su completa destrucción.

     -Aquí fue donde planeó el levantamiento de Cantón en la primavera de 1911. Creo que esa fue la razón principal por la que compré este sitio -dijo, echándose a reír ahora desenfrenadamente.

     -Debes invitarlo a venir -dije, disfrutando de su humor.

     Sin embargo, volvió a ponerse serio.

     -No sé si sigue vivo. Volvió a China para dirigir el gobierno. Pero el país ha entrado en una guerra civil, poniéndole a los japoneses la conquista mucho más fácil.

     -¿Echas de menos China?

     -Sí. Pero solo la antigua. En la nueva no hay lugar para mí. Quizás vaya una vez que termine la guerra. ¿Te gustaría acompañarme?

     -Sí. También me gustaría visitar Japón.

     -¿Y cómo sigue el señor Endo?

     Apenas lo veo. Casi siempre está fuera. Y cuando está en la ciudad, se pasa casi todo el tiempo trabajando.

     Entonces me miró con aquellos ojos que tantas cosas habían visto.

     -Y tú lo echas de menos -me dijo.

     Asentí.

     -Lleva tiempo sin darme clase. Creo que mi nivel de destreza está deteriorando. Aunque sigo practicando en el consulado.

     -Pero no es lo mismo.

     -No.

     El negó con la cabeza.

     -¿Qué harás cuando los japoneses ataquen?

     -No lo sé -confesé-. Puede que eso no ocurra.

     -Desde que te conozco, te he considerado un chico muy inteligente. Tienes que serlo, pues llevas nuestra sangre: la mía, la de tu madre y la de tu padre. Me causaría un profundo dolor que una combinación tan potente diera como resultado un imbécil. Y tú has conseguido aprender mucho del señor Endo, un hombre al que respeto, sean cuales sean sus intenciones. -Se inclinó más hacia mí-. Así que abre los ojos ya. Ábrelos tanto como el monje demente que se cortó los párpados. Y ve, de una vez por todas.

     Me quedé perplejo por su vehemencia. Él había comprendido con claridad lo que yo había tratado de ignorar: que lo más profundo de mi ser sabía que los japoneses nos invadirían. Todas las señales habían estado ahí desde el momento en que conocí a Endo san. Y también recordé las palabras de Endo san aquella noche cuando nos sentamos bajo las víboras del hotel de la colina de Penang: «La enorme capacidad humana para elegir no ver». Lo más doloroso fue que Endo-san lo admitiera la noche de la fiesta.

     Y entonces, como respetaba a mi abuelo y, sobre todo, como había llegado a quererlo, supe que era hora de aceptar la verdad. Le conté las revelaciones de Endo-san sobre la inminente invasión. Sin embargo, admitirlo no significaba que ya tuviese la solución.

     -No sé qué hacer -reconocí.

     -Pronto tendrás que adoptar una postura. Toda persona debe hacerlo en algún momento de su vida. Pero la verdad es que te compadezco.

     -¿Por qué?

     -Tomes las decisiones que tomes, nunca serán del todo correctas -me dijo-. Ese es tu signo.

     -¡Lo estás arreglando! -le reprendí, escondiendo la ansiedad que despertaron sus palabras, bajo un tono de voz sardónico que no consiguió engañarlo.

     -Sobrevivirás -me aseguro-. Has tenido que hacerlo toda la vida. Estoy seguro de que no te ha resultado fácil crecer en este lugar siendo un niño de origen mixto. Pero esa es tu fortaleza. Acepta el hecho de que eres diferente, de que perteneces a dos mundos. Y quiero que recuerdes esto cuando sientas que no puedes continuar: estás acostumbrado a la dualidad de la vida. Tienes la capacidad de cohesionar en un todo los elementos dispares de la existencia. Así que úsala.

     Me lo quedé mirando boquiabierto. Había explicado las circunstancias de mi vida entera de una forma que nunca antes me había planteado. Pensé que había simplificado demasiado muchas cosas, pero, por un momento, sentí que el curso de mi vida, mi propia existencia, finalmente tenían sentido.

     -Pensabas que tu madre te había puesto el nombre por la calle en la que ella había crecido -continuó-. Pero no lo creo. Siempre he tenido la sensación de que había otro motivo.

     Esperé a que me lo explicase.

     -Después de abandonar China, como te conté, pasé tres años en Hong Kong. Encontré refugio en una escuela de misioneros y allí lo aprendí todo sobre el dios de Occidente y sobre su hijo. El hijo que trajo la salvación al mundo.

     »Allí había un holandés, un viejo teólogo, el padre Martinus, que me contó las enseñanzas de otro holandés llamado Jacobus Harmensz, que vivió a mediados del siglo XVI.

     »Jacobus Harmensz era considerado un hereje por los cristianos ortodoxos de su tiempo, porque planteó la idea de que la salvación de la persona residía en el ejercicio de su libre albedrío y no en la gracia de dios. Estaba en contra de la idea de que la vida de un hombre, su salvación o condena eterna, se hubiera decidido antes de su nacimiento.

     Empecé a moverme inquieto en mi asiento. Mi abuelo me lanzó una mirada reprobadora y continuó.

     -Debo admitir que nunca entendí del todo lo que aquel anciano teólogo intentaba explicarme. Con todo, el concepto de libre albedrío me intrigó, aun sin creer en las teorías de Harmensz. Yo sentía que el curso y la salvación de la vida de una persona estaban predestinados. Lo discutí varias veces con tu madre, después de contarle las palabras de la vidente, cuando alcanzó la edad para entenderlas. Ella se oponía rotundamente.

     -¿Y qué tiene que ver ese tal Harmensz conmigo?

     -El nombre de Jacobus Harmensz se tradujo al latín como Jacobus Arminius. Ahora sus enseñanzas se conocen con el nombre de arminianismo. Al elegir tu nombre, tu madre estaba intentando demostrar que la adivina, y yo, nos equivocábamos.

     -Siempre podemos elegir. Nada es fijo ni permanente -dije.

     -Esas fueron las palabras casi exactas de tu madre. El hecho de que solo se nos presenten ciertas opciones, ¿no indica que otro poder ha limitado ya nuestras elecciones?

     -Entonces, ¿qué sentido tiene la vida? -le pregunté incapaz de aceptar lo que me estaba diciendo.

     -Te lo contaré cuando lo descubra -me respondió. Entonces, estiro la mano y cogió la mía-. Tu madre era una mujer extraordinaria y de fuertes convicciones. Puede que tuviera razón. De lo que sí estoy seguro es de que nunca te habría puesto el nombre por una simple calle. -Le dio un último sorbo a su té-. Hablo demasiado -añadió-. Me ha entrado el hambre. Ven, quiero comer en los puestos ambulantes. Es verdad lo que dicen: Penang tiene la mejor comida callejera de toda Malaya¨.

 

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     ¨Tío Lim le entregó un sobre a mi padre.

     -Es una invitación para la boda de mi hija el 1 de diciembre. Espero que puedan honrarnos con su presencia.

     -¿Todos nosotros? -le pregunté con una sonrisa torcida.

     Tío Lim asintió.

     -Será un honor -le contestó mi padre pasándome la tarjeta. Como todas las invitaciones de boda chinas, la tarjeta y el sobre eran rojos, el color de la felicidad, la buena suerte y la fortuna. Despedía un ligero olor a sándalo, y mis manos se impregnaron al tocarlo. Así que la adivina había encontrado finalmente una fecha que favoreciese los horóscopos de la pareja. Le dediqué una sonrisa a tío Lim, contento por él.

     -Estaremos encantados de ir -dije¨.

 

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¨Ese día, nosotros éramos los únicos europeos en el pueblo.

     -Venid a conocer al señor Chua, el padre del novio, por favor -dijo tío Lim-. También es el patriarca del pueblo.

     Chua era un chino de cincuenta y tantos años, aspecto amable, barba menuda de mandarín y brazos duros y nervudos.

     Mi padre le estrechó la mano.

     -Que su hijo sea tan longevo como la Montaña del Sur y su riqueza, como el Mar del Este -dijo, felicitándolo con frases tradicionales en hokkien.

     Chua pareció sorprendido y luego se río.

     -Ahora ya sé por qué tiene esa formidable reputación, señor Hutton¨.

 

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     ¨Las cortinas del escenario de madera se abrieron y dio comienzo una ópera. Los sonidos del erhu y de la pipa, acompañados por címbalos y tambores, competían con las agudas voces felinas de los cantantes. Mi padre reprimió una mueca de dolor al oír las desgarradoras notas altas y todos nos echamos a reír.

     -Lo siento -le dijo a Towkay Yeap, ruborizándose por completo.

     -¿Puedo decir sin miedo de equivocarme que no conoces esta ópera? -le preguntó Towkay Yeap en tono divertido. Mi padre meneó la cabeza-. Resulta que es una de las más populares. Los amantes mariposa. Una historia muy trágica.

     Isabel se inclinó hacia delante.

     -Cuéntenosla, por favor -le pidió.

     -Érase una vez, hace muchas dinastías en China, una chica, de nombre Zhu Yingtai, que quería estudiar en una escuela allá en las montañas. Por supuesto, al ser una chica, no se le permitía estudiar. Se suponía que debía quedarse en casa y cuidar de su familia y, más tarde, del marido que sus padres eligieran para ella.

     -Una tradición que habría que conservar -apunté, sonriendo abiertamente a Isabel.

     -Haz el favor de callarte, Philip -replicó.

     -Zhu Yingtai era una chica testaruda, Isabel. Muy parecida a ti, según he oído -prosiguió Towkay Yeap entrecerrando los ojos con tierno humor.

     -Has dado en el clavo, amigo -intervino mi padre, cruzándose de brazos y echándose hacia atrás en la silla.

     Isabel le frunció el ceño.

     -Siga, Towkay Yeap, por favor.

     -Como iba diciendo, Zhu Yingtai sabía lo que quería, de modo que, engañando a sus padres y rompiendo la tradición, se puso ropas de chico y consiguió que la admitieran en la escuela. Una vez allí, se enamoró de un compañero estudiante, Liang, que no tenía ni idea de su verdadera identidad. Al cabo de tres años de estudios, se separaron en el Cenador de las Dieciocho Millas y allí Zhu le confesó a Liang que deseaba que se casara con su hermana pequeña. Le dijo que fuese a su casa al año siguiente para pedir la mano de la chica. Liang volvió como habían acordado y se dio cuenta de que tal hermana no existía, que en realidad era Zhu la que quería casarse con él. Cuando le reveló su auténtico ser, se enamoró de ella. El suyo fue un encuentro de almas y Zhu y Liang supieron que habían encontrado el uno en el otro a la persona con la que viajarían, incluso después de la muerte, en vidas posteriores.

     »Los padres de Zhu no tardaron en descubrir el subterfugio y la familia se sintió deshonrada. Separaron a los enamorados. Encerraron a Zhu y a Liang en su respectivas casas. Concertaron rápidamente un matrimonio para Zhu con una familia a la que no le importaba el escándalo. Liang languidecía por ella. Cayó enfermo y murió.

     »El día de la boda, Zhu se enteró de esta triste noticia y se escapó para ir a la tumba de Liang, donde lloró tanto y durante tanto tiempo que incluso los cielos se conmovieron. Las nubes agitaron, se ennegrecieron, se desató una gran tormenta y los vientos empezaron a soplar. Nadie había visto jamás una tormenta parecida. Un rayo abrió de un restallido la tumba de Liang y Zhu se tiró al interior, justo cuando sus padres y la comitiva llegaban a la sepultura.

     »Un par de mariposas salieron revoloteando de la tumba. Flotaron y se elevaron hacia el cielo, libres al fin para estar juntas y dejar atrás las penas del mundo.

     -Qué historia tan horrible para ser representada en una boda -dijo mi padre. Vislumbré una grieta en los recuerdos de su abandonada pasión por las mariposas y lo que nos había costado a él, a mi madre y a mí.

     Sabía que Towkay Yeap también había sentido la tristeza rápidamente reprimida de mi padre, de modo que dijo en voz baja:

     -Ah, pero se te escapa la esencia, Noel. Es una historia preciosa. ¿Qué es lo que nos enseña? Que el amor encontrará una salida, que los obstáculos no importan. Nos enseña que el amor puede trascender el tiempo y seguir viviendo mucho después de que tú y yo nos hayamos marchado. Ese es el mensaje más apropiado para una boda; de hecho, es un mensaje de lo más apropiado para la vida misma, ¿no crees?¨

 

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     ¨Mi padre conservaba una vieja costumbre de los Hutton, que consistía en comenzar cada lunes con un desayuno familiar, para el que se requería que todos nos sentásemos juntos en la primera comida de la semana.

     Cuando bajamos las escaleras para dirigirnos al comedor aquel 8 de diciembre de 1941, no teníamos la menor noción de los acontecimientos que habían tenido lugar mientras dormíamos. Nos sentamos en consternado silencio a la mesa mientras mi padre nos leía las noticias, con un temblor en las manos que hacía crepitar el papel. A las 12:15 de aquella mañana, las tropas de la 18ª División japonesa habían desembarcado en Kota Bahru, en la costa nororiental de la península malaya, procedentes del golfo de Siam. Pearl Harbor sería atacado una hora más tarde. Hasta aquella mañana, nunca antes había oído hablar de aquel lugar.

     El esperado asalto a gran escala a Singapur no se había materializado. En lugar de eso, los japoneses habían elegido atravesar cientos de kilómetros, selvas densas e «impenetrables» y escalar las cadenas montañosas que conformaban la espina dorsal de Malaya. Yo sabía quién les había aconsejado aquella táctica. Era un movimiento clásico de aikijutsu: no enfrentarse a las fuerzas de Singapur de forma directa, sino desembarcar oblicuamente en la costa este, donde Endo-san había ido después de regresar de la visita a mi abuelo en Ipoh¨.

 

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     ¨Habíamos ido recibiendo informes casi continuos de las victorias japonesas. La costa este al sido tomada, al igual que los estados norteños de Perlis y Kelantan, cerca de la frontera con Tailandia. Años después, los historiadores revelarían lo poco previsor que había sido el gobierno británico y cómo había infravalorado los planes de invasión de Japón. Sin embargo, en aquel momento, solo había una avalancha de refugiados que huían, la mayoría europeos que habían hecho de malaya su hogar.

     -No me voy a ir, Peter. Ya te lo he dicho -dijo mi padre. Entonces, me miró -. ¿Cómo podría mirar a la cara a la gente que trabaja para nosotros si hiciese las maletas, saliese corriendo y los dejase en manos de los japos?

     Había notado un cambio en la manera en que ahora se referían a los compatriotas de Endo-san. Ya no eran «japoneses», término más educado, sino «los japos» o, más comúnmente ahora, «los malditos japos».

     -Parece ser que los malditos japos están viajando por todo el país en bicicleta -nos contó MacAllister.

     Yo guardé silencio, recordando una conversación con Endo-san en el tren que tomamos desde Kuala Lumpur cuando el vagón avanzaba por las junglas húmedas y resplandecientes.

     «Nada puede atravesar esto», había dicho, mientras veíamos pasar a toda velocidad enormes columnas de árboles envueltas en helechos espesos y alta vegetación. Muchas de las higueras se sustentaban en cuñas triangulares de raíces que crecían tan gruesas y altas como paredes.

     «Eso no es verdad -había apuntado yo-. Muchos de los nativos de aquí van andando o utilizan bicicletas. Hay senderos en la jungla, aunque no puedas verlos. Una vez William me dijo que se podían conseguir buenos mapas de ellos en el Ministerio del Patrimonio Forestal».

     «¿Es fácil hacerse con esos mapas?».

     «Supongo que sí. Lo preguntaré», le dije y, una semana después de volver de Ipoh, se los había proporcionado a Endo-san.

     MacAllister le dio un abrazo a Isabel¨.

 

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     ¨Desde su vuelta de la colina de Penang, Isabel había estado inquieta y andaba por la casa de acá para allá, insegura y enfadada. Le habíamos prohibido que saliera fuera, aunque con su pelo corto y su ropa ahogadas casi habría estado a salvo. Insistió en venir conmigo cuando se enteró de que iba a ir a Kuala Lumpur.

     Mi padre fue tajante al respecto, calmado, pero firme.

     -No, no puedes ir. Aún es demasiado peligroso. Los soldados están campando a sus anchas por todo el país.

     Nos llegaban noticias casi a diario de violaciones y todo tipo de atrocidades. Las tropas violaban y mataban con bayoneta a las familias y a las aldeanas que encontraban a su paso, algunas veces ni siquiera en ese orden.

     -Haré todo lo que esté en mi mano para encontrarlos -dije, tocándole el brazo. Ella acarició mis dedos con la otra mano.

     El servicio ferroviario se había restablecido, pero comprar un billete requería pasar por los militares y la Kempeitai se aseguraba de recopilar información de todos los viajeros¨.

 

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     ¨Los guardias ordenaron descender a los prisioneros. Uno a uno fueron saltando al suelo y vi sus ojos cuando pasaron junto a mí. Ah Hock, que intentaba controlar su pánico, asistió como gesto de gratitud por haber salvado a Ming. Una prisionera joven me escupió. Cuando los guardias empezaron a distribuir palas, supe lo que iba a pasar. Las piernas querían ceder bajo mi peso; las sentía aparte, como ajenas a mi cuerpo.

     Ordenaron cavar a los prisioneros y ellos lo hicieron sin descanso hasta que solo pude ver las coronillas y terrones de arcilla y barro amontonados junto a ellos. Unos cuantos se negaron a cavar más y los guardas los apalearon. La mujer que me había escupido se mordió el labio y reprimió las lágrimas.

     ¿Sabían que estaban cavando sus propias tumbas? ¿Cómo podían continuar? ¿No era mejor parar y que te dispararan, sabiendo que, al final, una bala terminaría con tu vida de igual modo?  ¿Era la esperanza lo que los animaba a continuar y rezaban por que solo fuese una broma cruel de los jipunakui? ¿Pensaban que, en algún momento, los guardias se echarían a reír, se fumarían unos cigarrillos y los subirían de nuevo al camión?

     Ni siquiera recibieron la orden de dejar de cavar. Goro hizo una señal con la mano y la descarga comenzó. Los disparos explotaron como una traca de petardos encendidos durante el Año Nuevo chino y los cuerpos cayeron en la tierra húmeda y abierta. Vi cómo el cuerpo de Ah Hock se sacudía cuando las balas lo alcanzaron y tuve que cerrar mi mente y colocarla entre el cielo y la tierra, en aquel punto esquivo que me liberaría de todo aquello.

     Me obligué a no mostrar ninguna emoción, no delante de aquella gente. Goro me dedicó una amplia sonrisa.

     -Volvamos. Estoy empapado y tengo hambre.

     Dio la orden a los guardias de que se quedaran a tapar la fosa¨.

 

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     ¨-Esto es solo el principio. He visto papeles. Van a ampliar las operaciones. No solo aquí, sino por todo el país. Tiene que hacer algo.

     -Yo no… no sé qué hacer.

     Por primera vez desde que lo conocía, vi que Towkay Yeap estaba perdido.

     Y entonces descubrí que existía una emoción mucho peor que el miedo más agudo; era el sentimiento paralizante de la desesperación, la impotencia de no poder hacer nada. Una sensación de lasitud se apoderó de mí como si alguien me hubiese echado un cálido chal por los hombros. Estaba tan cansado que lo único que quería era acostarme y descubrir al despertar que la guerra había acabado o, mejor aún, que todo aquello no había sido más que una pesadilla. Towkay Yeap estaba asustado y perdido, pero yo tenía que continuar.

     Le pedí un coche.

     -¿Adónde vas? Se está haciendo de noche. No es seguro.

     Levantó la mano, con los dedos huesudos en forma de garras por su creciente fragilidad, como si tuviese el poder de hacerme cumplir sus órdenes.

     -Por favor, dígale a mi padre que volveré tarde a casa esta noche. Aún tengo algo que hacer.

     El comprendió y la mano cayó en su regazo.

     -Ten cuidado -dijo¨.

 

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     ¨Ming y yo, junto con los aldeanos que desearon ir a la fosa común de sus familiares, anduvimos en medio del crepúsculo. Yo dirigía la procesión a oscuras, con la única luz que arrojaban algunos quinqués. La rabia y el dolor caminaban junto a mí, de la mano de la culpa: las tres paredes de mi celda¨.

 

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     ¨Isabel… -dije. Le di la mano y la ayudé a levantarse-. ¿Por qué? ¿Por qué has tenido que arriesgar tu vida de esta manera?

     Me miró con tal odio que me estremecí ante la fuerza física que despedía.

     -William y Peter están muertos, Edward se está muriendo poco a poco en los campos de prisioneros y padre está trabajando hasta desfallecer para intentar mantener nuestra empresa y a nuestros trabajadores con vida. Todo el mundo está poniendo de su parte para combatir a estas alimañas. Todos, menos tú. Tú escogiste el camino fácil: trabajar para los japos. Lo siento por ti, porque cuando los británicos vuelvan y echen a tus amigos a patadas, esta casa, está isla y este país nunca volverán a ser tu hogar. Recordarás demasiadas cosas. Y habrá demasiada gente que jamás olvidará lo que has hecho.

     Pensé en Saotome y en Fujihara, que estaban a la espera, listos para participar en el interrogatorio.

     -¿Es que no sabes lo que va a pasarte? ¿Has pensado alguna vez en las consecuencias? -le pregunté.

     -¿Recuerdas lo que te dije, no hace tanto tiempo, la noche que pasamos en la colina?

     Lo sabía, lo recordaba. Pero ella lo repitió, como para asegurarse de que nunca lo olvidara:

     -«Preferiría morir antes incluso de considerar la posibilidad de trabajar para ellos».

     Endo-san tiró de ella bruscamente y dijo:

     -Vamos, basta ya de tonterías. Fujihara-san, recoge la radio y lo que necesites y volvamos. Hace demasiado calor.

     Isabel se soltó y abrazó a mi padre.

     -Lo siento mucho -susurro.

     Mi padre le frotó la cabeza y le olió el pelo.

     -Has hecho lo correcto. Encontraremos la manera de sacarte de esto.

     Yo me quedé solo, aparte, consciente de que no tenía ningún derecho a estar con ellos en aquel momento.

     Fujihara sacó una cámara de su estuche y rodeó el varadero, haciendo fotografías y canturreando todo el rato.

     -No debes escapar -le susurró Endo-san a Isabel, tan bajo que pensé que solo había sido una corriente de aire.

     Mi padre alzó la mirada, bruscamente. Endo-san repitió sus palabras.

     -No debes escapar.

     Se dio una palmadita en el bolsillo del abrigo, como para sentir su corazón. Yo no lo entendí, pero Isabel, sí.

     Se separó de mi padre mientras él se enjugaba las lágrimas. Isabel asintió lentamente a endo-san. Entonces, nuestras miradas se encontraron.

     -Perdóname -susurré, al tiempo que caía en la cuenta del horrible trato. Ella me tendió la mano y yo la sostuve durante lo que me parecía una eternidad. Me negaba a soltarla, pero Isabel liberó sus dedos, se giró y echó a correr por la orilla: su figura brillante se reflejaba en la arena húmeda y esponjosa, dejando tras de sí un rastro de huellas que las olas lamían y borraban, aunque ella seguía corriendo, creando otras nuevas, corriendo por siempre, en eterno movimiento. El mundo se silenció en mi cabeza. Lo único que parecía oír era su respiración o quizá era la suya y la mía. Respiramos juntos y sentí su esfuerzo, su miedo y su euforia. Poseía una ligereza sobrenatural y se movía con tanta facilidad que sus pies parecían rebotar en la arena mojada y su peso no recaía nunca en ella por completo.

     Endo-san dio un grito de alarma para advertir a Fujihara y entonces metió la mano en el bolsillo de su abrigo y sacó una pistola. La levantó con el mismo movimiento natural y calmado, que una vez me había enseñado en la jungla cerca de Kampong Pangkor. Apuntó antes de que Fujihara pudiese soltar la cámara y detenerlo.

     Solo realizó un disparo que la hizo caer lentamente; su cuerpo siguió moviéndose como si se hundiera en la arena mientras corría. Mis pies pudieran desplazarse al fin y me dirigí a toda velocidad hacia ella, mientras las olas llegaban y la arrastraban, meciendo sus brazos y su pelo con delicadeza, acunándola como si siguiera viva. Pero yo sabía que había muerto en el momento mismo en que Endo-san le había disparado. Nunca fallaba.

     Saqué a mi hermana del mar, sintiendo como el agua me escurría por el cuerpo. El disparo de Endo-san había sido tan preciso que me costó encontrar en su espalda el orificio a través del cual la bala le había alcanzado el corazón. Y tan diestro había sido que el proyectil parecía haber taponado la herida, pues la sangre había dejado de manar. Solo un brillante círculo carmesí teñía el agua mi alrededor, hasta que se diluyó y las olas se lo llevaron mar adentro. Isabel parecía intacta; sus ojos delicadamente cerrados, las pestañas salpicadas de gotitas de agua y los labios medio abiertos al aire que nunca volvería a respirar.

     Le di un beso en la frente y la tendí en la arena alejada del alcance de las olas. En los segundos previos a la llegada de los oficiales japoneses cedí a mi angustia, pues sabía que era responsable de haberla conducido a los actos que finalmente desencadenaron su muerte. Una sensación de opresión se acumuló en mi interior, intentando liberarse. Mi boca se abrió, pero de ella no salió sonido alguno. Era un lamento silencioso que solo yo, y quizá Isabel, podíamos oír.

     Nadie, me dije a mí mismo, entendería jamás lo mucho que había sufrido, y presenciar tanto dolor sin comprenderlo sería mancillarlo con deshonor. Así que el daño se alojaría dentro de mí, como la bala en Isabel. Coloqué un pesado sello sobre mi herida. En el rastro de mi sangre nunca vería la luz.

     Me puse en pie despacio, me estiré la ropa mojada y me giré para plantar cara a los oficiales de la Kempeitai, que dieron un paso atrás, asustados por la intensidad de mi mirada. Se produjo un momento de silencio total. Nadie sabía que hacer a continuación. Hasta Fujihara se había quedado mudo. Busqué a mi padre, pero su cara estaba tan tensa e inexpresiva como la mía. La voz de Fujihara me devolvió a la realidad.

     -¡Has dejado que escapara¡ ¡Cómo te has atrevido a disparar! ¡Informaré a Saotomesan en cuanto llegue! -grito.

     Era la primera vez que veía estallar en él una emoción y me alivió, aunque solo fuera levemente, que Isabel hubiese sido la causa de la pérdida de su autocontrol.

     -Tu prisionera estaba escapando y yo le disparé para evitarlo. Por favor, informa de ello a Saotome-san -repuso Endo-san, tan sereno como un cortesano-. Yo, por supuesto, también le prepararé un informe por escrito en el que le contaré cómo dejaste que la chica escapase.

     Fujihara le dio una patada a la radio, rompiendo la carcasa.

     -¡Coged el cadáver! No van a darle un entierro digno. Quiero que la arrojen a una fosa.

     Yo protesté, pero Endo-san me contuvo.

     -Calla. Ya no se puede hacer nada más. ¿Y qué es un cuerpo al fin y al cabo? Tu hermana ya se ha ido.

     Sí, era cierto. Levantaron su cuerpo y lo subieron por los escalones. Nosotros fuimos a la zaga y yo tuve que sujetar a mi padre, que no podía caminar. Sin embargo, cuando llegamos arriba, se apartó de mí, detuvo a Endo-san y le hizo una reverencia antes de darnos la espalda¨.

 

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     ¨Michiko y yo estábamos sentados en un banco de Gurney Drive, que una vez había sido North Coastal Road, de cara al estrecho mar, haciendo lo que la mayoría de la gente hace aquí, makan angin: «comerse la brisa»¨.

 

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     ¨-Fue Lim quien la traicionó, ¿no es así? -pregunto.

     Asentí.

     -Por mi culpa y por lo que le pasó a su hija. Lo siento mucho -dije, odiando la vacuidad de aquellas palabras, consciente de que nunca bastarían para extinguir el dolor de su pérdida.

     Así que doblé los dedos índice y medio de mi mano sobre la tapa de la caja de galletas hasta la posición que recordaba a una genuflexión y los golpeé suavemente contra la superficie, para pedirle, tácitamente, que me perdonase.

     Él se quedó mirando mis dedos encorvados y a continuación cubrió mi mano con la suyas y se la llevó a la frente para aceptar mi exigua ofrenda.

     -Tu tía eligió su forma de vida. No había nada que hacer.

     Pronunció aquellas palabras con tono distraído y noté su esfuerzo por no derrumbarse. Yo había cargado su sufrimiento con otro peso y me dolía comprender que, aunque una persona no puede llegar nunca a compartir el dolor de otra, si puede aumentarlo con total facilidad e inconsciencia. Al margen del juicio de mi abuelo sobre las elecciones de tía Mei, yo fui el eslabón que la llevó a la muerte.

     -No deberías culparte -continuó él-. Ya te lo dije una vez, tienes la capacidad de reunir los elementos dispares de la vida en un todo cohesionado. ¿Lo recuerdas? En este momento, no obstante, debes rechazar la herencia cultural de tu padre. La culpa es una invención de los occidentales y de su religión.

     Yo negué con la cabeza.

     -La culpa es una atributo humano.

     -Nosotros, los chinos, somos más pragmáticos. Fue el destino de tu tía y de tu hermana. Y punto -resolvió con gran firmeza.

     Pude haberle dicho que fue la culpa lo que le hizo acudir a mí e invitarme por primera vez a su casa. Eso y el remordimiento, que, después de todo, es otro de los aspectos de la culpa. Sin embargo, ¿qué habría conseguido discutiendo con él mi punto de vista? Su creencia me proporcionó consuelo y, si yo no podía aliviar su carga, al menos no haría nada para agravarla.

     -Fui a tu casa pero estaba vacía y cerrada a cal y canto. ¿Estás viviendo aquí ahora, en esta cueva? -opté por decirle para cambiar de tema.

     -Sí. Me recuerda a mi juventud en el monasterio. Aquí hay magia, como ya habrás notado. Algunas noches tengo visitas -me contó.

     Se me puso la piel de gallina y noté los pelos de punta; esperaba que no se estuviese volviendo senil.

     Dio un resoplido.

     -No me mires como si se me hubiese ido la cabeza. A veces los espíritus de los antiguos sabios y ermitaños me visitan y charlamos. Mira, encontré esto porque uno de ellos me lo mostró.

     Lo seguí hasta una pared de roca que parecía haber sido tallada recientemente. Había renglones de escritura, que reconocí como china, grabados en ella en un cuadrado de cuatro por cuatro caracteres.

     -Me dijeron que quitara la capa que lo cubría y esto es lo que escondía debajo -dijo.

     Lo leyó y me tradujo los 16 ideogramas:

 

          He viajado a los confines del mundo,

          He visto cosas mágicas

          Y conocido a mucha gente,

          Y he descubierto que a lo largo y ancho de los Cuatro Océanos,

          Todos los hombres son hermanos.

 

     -Conozco eso. Es muy famoso, ¿no? -dije.

     -Sí.

     -El poeta debió de escribirlo antes de percatarse de las crueldades que podemos infligirnos los unos a los otros -dije.

     En ese momento, el optimismo de aquellos versos parecía completamente incongruente.

     -Fue compuesto en uno de los periodos más turbulentos de la historia de China, miles de años antes de que Jesucristo difundiera casi el mismo mensaje.

     -¿Qué intentas decirme, abuelo?

     -No permitas que el odio controle tu vida. Por muy duras que sean ahora las circunstancias, no te conviertas en alguien como Lim o los japoneses. Veo cómo aflora a la superficie en ti, listo para atacar.

     -Pero, ¿qué puedo hacer?

     -Te habías perdido, pero creo que estás empezando a ver el camino correcto de nuevo. Ahora debes ser fuerte, pues todavía te aguardan tus mayores retos.

     No sé cómo pero supe que aquellas palabras no eran suyas, sino que se las había transmitido otra fuente. Me estremecí, pero sus manos me sujetaron. Sentí como la fortaleza de su edad y su sabiduría se extendían para encontrar su sitio en mi interior y mis miedos remitieron.

     -No tengo nada más que decirte. Ahora debes ir donde dicte tu deber. Los lazos de la amistad te llaman.

     -¿Estás seguro de que eres mi abuelo y no uno de los sabios eternos que vagan por estas montañas? -le pregunté.

     -¿No sería ese, entonces, el destino más maravilloso? ¿Caminar por estas preciosas colinas, libre como el mismísimo tiempo?

     -Claro que sí -convine.

     Se sacó el afiliar de jade, el que una vez le había salvado la vida.

     -Quiero que te quedes esto.

     Yo negué con la cabeza.

     -No. Debes quedártelo, para comprobar todo el té que te beberás conmigo cuando termine la guerra.

     En cuanto lo dije, caí en la cuenta de que él había dejado de utilizarlo desde la noche en que lo conocí y de que, en todo el tiempo que habíamos pasado juntos, en cada ocasión en que le había servido té, no lo había vuelto a ver usar el alfiler. Siempre había confiado en mí.

     -Ya no lo voy a utilizar más -me aseguro.

     Entonces colocó el alfiler de jade en la palma de mi mano y cerró mis dedos sobre él.

     Le di un fuerte abrazo; no quería dejarle ir, y recordé los días que había pasado en su casa de Armenian Street¨.

 

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     ¨Aquella noche, después de que los aviones de reconocimiento japoneses hubieran sobrevolado la zona durante una hora, una discusión estallo entre Kon y Yong Kwan. La temporada de monzones eligió ese momento para comenzar y la lluvia empezó a caer, suavemente al principio, pero luego con intensidad, hasta que resultó imposible ver en la oscuridad que teníamos delante. Oíamos sus voces a través de la violencia de la tormenta. Los guerrilleros se miraban los unos a los otros con inquietud y recordé un proverbio malayo que me había enseñado mi padre: «Cuando los elefantes luchan en la jungla, el ciervo ratón sufre las consecuencias»¨.

 

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     ¨Me liberaron y me pusieron bajo arresto domiciliario, lo que significaba que estaba confinado en Istana y que Endo-san me custodiaba.

     -¿Ha ordenado Hiroshi mi liberación?

     -Hiroshi-san se está muriendo. Yo he dado la orden.

     De camino a Istana, bajé la ventanilla del coche y, por primera vez en días, respiré aire puro y verdadero. Todavía era incapaz de asimilar nada de las sucesivas capas de acontecimiento que se apilaban unas encima de otras.

     Había dormido mal en mi celda, perseguido por sueños y recuerdos vívidos. En ese momento, mientras conducíamos por la sinuosa carretera de la costa, sentí que el mar, mi viejo amigo, aliviada a mis heridas. ¿Cuántas veces había hecho aquel viaje con mi padre? Él solía ser fuente de información siempre curiosa: «Ese es el árbol cuya rama cayó en el coche de regidor residente, rompiéndole las muñecas»; «Aquella casa de allí tiene un pasadizo secreto subterráneo que llega hasta la playa»; «Aquel puesto sirve el mejor assam laksa que el dinero puede comprar».

     Todo lo que sabía de mi hogar lo había aprendido de mi padre.

     Y ya nunca más volvería a verlo¨.

 

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     ¨También quería preguntarle algo más y supe que ahora nos conocíamos lo suficiente bien como para hacerlo.

     -Las maletas con las que llegaste, ¿son lo único que te ha quedado?

     -Sí. He arreglado todos mis asuntos. La compañía de mi marido está en buenas manos.

     -Debe de haberte resultado difícil dejarlo todo atrás.

     Estaba pensando en el momento en que llegase para mí la hora de hacer lo mismo. Había estado organizando los preparativos necesarios para recortar los flecos innecesarios de mi vida, pero vacilaba y no me sentía preparado para dar el paso final.

     -Era necesario -contestó. Envejecer consiste principalmente en eso. Uno empieza a reglar artículos y pertenencias hasta que solo le quedan los recuerdos. Al final, ¿qué más necesitamos?

     Analicé sus palabras con detenimiento y la respuesta llegó lenta pero sin evasivas.

     -Alguien con quien compartir esos recuerdos -dije, finalmente, sorprendiéndome a mí mismo.

     En realidad, nunca había tomado la decisión de no hablar de mis actividades durante la ocupación japonesa. El estancamiento de mis recuerdos y mis reservas a la hora de expresarlos habían ocurrido de forma natural; se habían coagulado con el transcurso de los años en una combinación de culpa, pérdida, sensación de fracaso y la certeza de que nadie podría entender jamás por lo que había pasado.

     Y, en ese momento, me di cuenta de que el corolario de aquel estado de cosas era la pérdida total de mi capacidad de confiar, la piedra angular del aikido. Cuando entrenaba como alumno en Tokio, insistía siempre que podía en hacer de nage, el que recibe el ataque y el que controla el resultado. Esto contravenía el protocolo de cualquier dojo, que requiere desempeñar a partes iguales los dos roles opuestos. Me hizo impopular entre mis compañeros, aunque yo consideraba que mi preferencia era únicamente la extensión de una fuerte personalidad, algo de lo que me enorgullecía. Cuando me convertí en instructor, nunca cedí el puesto de nage a nadie y nunca más volví a ser el uke, el que era proyectado, el rol con el que una vez me había deleitado volando.

     Este conocimiento, como toda revelación grande y valiosa relativa a la condición humana, era agridulce y llegaba demasiado tarde.

     -Aprecio lo que estás haciendo. Sé que no es fácil para ti -dijo Michiko, y su tono amable penetro en mis pensamientos como el paso de un pájaro en vuelo raso por la superficie de un estanque.

     Hice un gesto con la mano para restar importancia al asunto.

     -También hizo falta un enorme valor y una gran fortaleza por tu parte para venir hasta aquí. Me alegro de que le hicieras.

     -Tardé mucho tiempo en decidirme. Llegar y perturbar la tranquilidad de tu vida no fue un acto impulsivo. -Me pidió que la ayudase a ponerse en pie-. Mañana por la mañana te mostraré donde escondió tu padre las espadas¨.

 

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     ¨Pesaba bastante y necesité toda mi fuerza para abrir la tapa haciendo palanca. En el interior, envueltas con capas de hule, estaban las ocho keris de la colección de mi padre. Todas en buenas condiciones, salvo por una fina capa de óxido en las hojas. Saqué la keris que Noel le había comprado al sultán depuesto y la expuse a un rayo de sol. Los diamantes de la empuñadura reflejaron la luz fragmentada en los árboles y fue como si hubiese luciérnagas revoloteando entre ellos, compitiendo por el resplandor del día¨.

 

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     ¨Ahora no tenía gran cosa que hacer. No podía dejar Istana, así que pasaba los días en la playa, mirando el mar. Una espeluznante sensación de anticipación planeaba en el aire como un fantasma hambriento y, aunque la gente diría más tarde que fue producto de mi imaginación, siempre estuve seguro de lo que había aquel día.

     La luz en el cielo del este vibró, intensificada, como si la mecha de una lámpara de aceite se hubiese encendido de repente. Ardió con el brillo terrible de una luminosidad pura y emitió pulsaciones en rojo, violeta y tonalidades que nunca antes había visto. En la isla de Endo-san, los pájaros en los árboles salieron en desbandada con un estrepitoso batir de alas, presas del pánico. Una frialdad entumecedora se extendió desde el mismo centro de mi ser; tuve que dar una boqueada, pues no había respirado durante aquellos segundos. Siguió un silencio tan opresivo que detuvo el mundo, e incluso las olas del mar parecieron hacer un alto en su camino hacia la orilla.

     El momento se prolongó y después pasó, dejándome en silencio. El mundo sonaba diferente, menos seguro de sí mismo. Las noticias del bombardeo Hiroshima nos llegaron aquella misma noche. Estaba seguro de que los criados tenían una radio escondida en casa, pues el humor en Instana cambió sutilmente y los talantes sombríos de las semanas anteriores se iluminaron de manera perceptible.

     Esperé a Endo-san el césped y nos bebimos su té amargo mientras me contaba el alcance de la destrucción de aquella ciudad. Su casa a la afueras de Hiroshima había desaparecido.

     -Es como si mi familia nunca hubiese existido, como si yo nunca hubiese existido. Estás hablando con un fantasma. Ahora, ya no he pasado, ya no quedan vínculos vivos.

     Lo habían borrado de los libros de historia.

     Intenté imaginarme un pensado, con sus calles y edificios convertidos en arena, la arena fundida en cristal, luego disuelta más aún por el calor y, finalmente, esparcida por el viento terrible, un viento que no era divino, mientras un aire tóxico me mataba cada vez que respiraba.

     -Nosotros tenemos nuestro viento divino y ahora los americanos tienen el suyo -dijo.

     La guerra acabó ese día y ambos lo sabíamos.

     Esta vez fui yo el que se dirigió a él, yo el que lo abrazó cuando lloró. Qué extraño consuelo era sentir sus lágrimas. Se las sequé delicadamente con el pulgar, pero seguían cayendo. La pena de toda una vida salió desbordada aquel día. Me lamí el pulgar y probé sus lágrimas, y no me sorprendió en absoluto descubrir que no me resultaban extrañas. Las había probado antes, mucho, mucho tiempo atrás.

     Endo-san acepto el posterior bombardeo de Nagasaki sin emoción alguna. Sabía que le costaba mucho dormir. Lo veía a menudo en el balcón, mirando hacia su hogar como un marinero anhelante. No tuve que preguntarle qué lo apesadumbraba y le impedía descansar.

 

El Emperador de Japón, aquel niño que se acuclillaba sobre una poza de la marea cerca de las tierras del padre de Endo-san y que pescaba ejemplares para su colección de biología marina, se rindió tres días después¨.

 

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     ¨Corrí la voz y, poco a poco, el personal volvió, trayendo consigo a parientes o amigos que también buscaban trabajo. El tema de mi papel en la guerra nunca salió a relucir abiertamente, pero sabía que la gente de Penang jamás lo olvidaría. Algunos me veían como una persona valiente que había opuesto resistencia a los japoneses tanto como había podido. Para mi sorpresa, descubrí que aquella visión albergaba gran parte de verdad. Otros, por el contrario, sentían desprecio y odio hacia mí, y le contaban a la gente las muertes que había ocasionado. Aquello también llevaba el rotundo sello de la veracidad y nunca los refute.

     Trabajé hasta la extenuación e hice arriesgados viajes a nuestros plantaciones y minas. Cuando me encontré en el paisaje arenoso y lleno de cráteres de las minas de estaño a las afueras de Ipoh, me di cuenta de que por el momento no podía abordar la recuperación completa del negocio. Se avecinaba otra tormenta. Y ocurrió que, cuando los terroristas comunistas empezaron su guerra de guerrillas contra el gobierno británico, nosotros nos vimos afectados, si bien no demasiado. Teníamos lo suficiente como para mantenernos a flote, pero no tanto como para no sufrir grandes pérdidas cada vez que los comunistas atacaban nuestras minas y nuestras plantaciones de caucho. Recordé cuando Kon me advirtió sobre ellos: aunque durante la guerra habían sido aliados de los británicos, al final buscarían la muerte de cada inglés que hubiera en Malaya. También resultaba irónico que los terroristas adoptasen ahora el término «perro lacayo» para referirse a los vecinos autóctonos que se negaban a ayudarlos y que elegían prestar su apoyo a los británicos¨.

 

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     ¨Encontré un futón en un armario y lo desenrollé para que Michiko se tendiese en él. Su respiración había empeorado e intenté no mostrar mi preocupación.

     -¿Estás bien? -pregunto.

     -Tengo miedo -dije. Hacía tanto tiempo que no había sentido una emoción tan intensa que me paré a considerarla, a sentirla-. Me asusta contarte el resto de lo ocurrido. Quiero hacerlo y necesito hacerlo, pero tengo mucho miedo.

     Ella percibió mi desconcierto y la tierna compasión de su rostro me hizo creer lo que dijo a continuación.

     -No estoy aquí para juzgarte. No estoy aquí para condenarte ni para perdonarte. No tengo derecho a eso. Nadie lo tiene.

     Aquel fue su turno para cogerme la mano.

     -Estoy aquí porque una vez amé a un hombre y nunca dejé de hacerlo, eso es todo.

     Me apretó la mano más fuerte y una sonrisa afloró en su cara. Entonces supe que no tenía nada que temer. Solo ella, de entre toda la gente del mundo, lo comprendería.

     -Cuéntame -dijo¨.

 

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     ¨El monzón volvió como un invitado de la familia al que algunos toleraban, otros odiaban y uno o dos querían, y la brillante luz del sol de nuestros días se convirtió de nuevo en un recuerdo nublado cuando una flotilla de nubes de tormenta arribó y echó anclas en el cielo¨.

 

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     ¨Enfilamos el caminito de guijarros que rodeaba serpenteando el pequeño bosque de bambú. Los pájaros cantaban en el coro de las hojas. Entonces, se detuvo.

     -Escucha eso -dijo en voz baja-. ¡Cómo los he echado de menos!

     Quería preguntarle qué había pasado en la barca, aquel inexplicable silencio, y cómo lo había logrado. Él levantó los dedos y me detuvo antes de que pudiese decir una sola palabra.

     -No lo sé -dijo-. Acepta que hay cosas en este mundo que no tienen explicación y comprenderás la vida. Esa es su ironía. Y también su belleza.

     Nos aproximamos a su casa y volví a admirar su sencilla elegancia. Endo-san me comentó una vez que había sido construida como un movimiento de aikijutsu, y no comprendí lo que había querido decir hasta ese momento. Unos cimientos fuertes, eficaces, llenos de poesía, en total armonía con el mundo¨.

 

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     ¨Negué con la cabeza.

     -Nunca volveré a hacer lo que se me pidió. No pasa un día en que no me arrepienta de mis actos de un modo u otro.

     -No tiene selección. Todo se decidió hace mucho tiempo. Acéptalo. Endo-san lo hizo. Y tu abuelo también.

     -Pues yo no puedo aceptarlo. Es demasiado fácil. Todos tenemos el poder de elegir. Hice una serie de elecciones erróneas y todas culminaron aquí, en esta isla, con Endo-san arrodillado ante mí.

     -Tienes dos sendas por las que transitar, y fueron creadas antes de que pusieras un pie ellas. ¿No dice el dios cristiano: «No hay otro como yo. Yo anunció desde el principio lo que viene después y desde el comienzo lo que aún no ha sucedido»?

     -Nunca lo he oído -admití.

     -Isaías, capítulo 46, versículo 10 -respondió, rápida y segura-. Continúa así: «Mis planes se realizarán y todos mis deseos llevaré a cabo… Tal como lo he dicho, así se cumplirán, como lo he planteado, así lo har黨.

 

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     ¨La adivina, fallecida hacía ya mucho tiempo, me dijo que había nacido con el don de la lluvia. Ahora sé lo que quería decir. Sus palabras no fueron ni una maldición ni una bendición. Como la lluvia, había traído la desgracia a las vidas de muchas personas, aunque, la mayoría de las veces, la lluvia también trae consigo alivio, claridad y renovación. Se lleva nuestro dolor y nos prepara para un nuevo día, incluso para una nueva vida. Ahora que soy viejo, descubro que las lluvias me siguen y me proporcionan consuelo, como los espíritus de toda la gente que alguna vez he conocido y amado¨.

 

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     ¨La Maison Bleu, la mansión de Cheong Fatt Tze, donde se conocieron los padres de Philip, todavía sigue en pie. Aconsejo a todo aquel que visite Penang que vaya a verla y admire el impresionante trabajo de restauración que se ha llevado a cabo¨.

 

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     ¨Desde el punto de vista de la eternidad,

     ¿será mejor haber leído miles de libros

     que haber arado un millón de surcos?¨

     W. Somerset Maugham

 

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Feria del libro de Madrid. 29 de mayo de 2026 – Presentación del libro ¨Gabriel de Yermo y los Voluntarios de Fernando VII. Del contragolpe de estado a la defensa de la Nueva España (1808-1820)¨, de Jesús Ruiz de Gordejuela.

Feria del libro de Madrid. 29 de mayo de 2026 – Presentación del libro ¨Gabriel de Yermo y los Voluntarios de Fernando VII. Del contragolpe de estado a la defensa de la Nueva España (1808-1820)¨, de Jesús Ruiz de Gordejuela.

Si andan mañana viernes 29 de mayo por la Feria del Libro de Madrid me saludan al Dr. Ruiz de Gordejuela Urquijo, que les podrá contar tres o cuatro cosas sobre el primer golpe de Estado del continente americano.

Presentación del libro de cuentos ¨Mundu Guztiak¨, de Ruben Sanchez, el viernes 17 de abril en la librería Eva Forest de Gasteiz.

Presentación del libro de cuentos ¨Mundu Guztiak¨, de Ruben Sanchez, el viernes 17 de abril en la librería Eva Forest de Gasteiz.

Da gusto cuando los amigos presentan libros.

 

Mañana viernes 7 de abril de 2026 a las 7 de la tarde en la librería Eva Forest de Vitoria-Gasteiz Ruben presentará en euskera su última publicación, un libro de cuentos titulado ¨Mundu Guztiak¨.

 

Así dice la contraportada:

 

¨2046tik heldu zaigu Mundu guztiak, gurera, liburu formatuan, izatez mental-trip gisako artefaktua dugun arren.

 

Zortzi ipuin-bikote hauek Green hiriko Saint Mary Streeteko 7. atarira garamatzate, eta bertan bizi diren auzokideen istorioak ezagutuko ditugu: kontrolerako sistema integratua daraman preso ohia, amaren zaintzari emandako alaba problematikoa, etxea euliz betetzen ari zaien bikotea eta zendutako aitarekin multibertsoan elkartuko den semea, besteak beste.

 

Gero eta gehiago ari gara etorkizunekoak ziruditen egoerak bizitzen, eta, testuinguru horretan, ariketa espekulatiboa egin du “egileak” aita-seme, ama-alaba, bikote eta lagun harreman interpertsonaletan murgilduta. Buruko mikrotxipak, droneak, Adimen Artifizialak, humanoideak eta egunetik egunera errealagoak diren bideo-jokoak erabili ditu mundu bat sortzeko, non, esan gabe doa, mundu guztiak dituen bere gauzatxoak, sekretuak, kezkak…

 

Liburu honetan kabitzen dira mundu horiek guztiak¨.

 

Traducida al castellano:

 

¨Mundu guztiak (Todos los mundos / Todo el mundo) nos llega desde el año 2046 en formato libro, aunque en realidad estemos ante un artefacto similar a un "viaje mental".

 

Estos ocho pares de cuentos nos trasladan al número 7 de Saint Mary Street, en la ciudad de Green, donde conoceremos las historias de los vecinos que allí residen: un exrecluso que porta un sistema integrado de control, una hija problemática volcada en el cuidado de su madre, una pareja cuya casa se está llenando de moscas y un hijo que se reencontrará con su difunto padre en el multiverso, entre otros.

 

Cada vez vivimos más situaciones que parecían propias del futuro y, en ese contexto, el "autor" realiza un ejercicio especulativo sumergiéndose en las relaciones interpersonales de padres e hijos, madres e hijas, parejas y amigos. Ha utilizado microchips cerebrales, drones, Inteligencias Artificiales, humanoides y videojuegos que cada día son más reales para crear un mundo donde, huelga decirlo, todo el mundo tiene sus cosillas, secretos y preocupaciones...

 

En este libro caben todos esos mundos¨.

 

Lo podéis comprar aquí.

 

Antes de esa presentación se han publicado un par de entrevistas en diferentes medios, que podéis leer aquí:

 

Noticias de Gipuzkoa, lunes 13 de abril de 2026

 

Berria, jueves 16 de abril de 2026

 

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Aquí, a posteriori, unas fotos de la presentación en el Facebook del autor.

Enlace a la novela anterior del autor. 

Libros: ¨La casa de las puertas¨, de Twan Eng Tan.

Libros: ¨La casa de las puertas¨, de Twan Eng Tan.

Dice así la contraportada:

 

¨Penang, Malasia. 1921. Robert Hamlyn es un abogado acomodado, y Lesley, su esposa, una anfitriona de la alta sociedad. Sus vidas se reaniman cuando un viejo amigo de Robert llega de visita con su extrovertido secretario. William Somerset Maugham, pese a ser uno de los mejores escritores de su época, atraviesa una crisis creativa y personal: mantiene un matrimonio de conveniencia, su salud es frágil y acaba de perder sus ahorros en una desastrosa inversión. En Penang busca, desesperado, una historia que le permita salvar su carrera, y la encuentra a través de Leslie y su pasado¨.

 

Sobre el autor:

 

 ¨Tan Twan Eng nació en Penang, Malasia. Vive en Kuala Lumpur.

 

The Gift of Rain (El don de la lluvia), su primera novela, fue preseleccionada para el Premio Man Booker. Ha sido traducida al italiano, español, griego, húngaro, ruso, rumano, checo y serbio.

 

Su segunda novela, The Garden of Evening Mists (El jardín de las brumas), se publicó en septiembre de 2012. Fue finalista del Premio Man Booker 2012.

 

Su tercera novela, The House of Doors (La casa de las puertas), se publicó en el Reino Unido el 18 de mayo de 2023 y fue incluida en la lista larga del Premio Booker 2023¨.

 

Es una novela que me ha encantado, por desarrollarse en Penang, isla de Malasia que conozco, y por narrar episodios históricos que sucedieron allí, como la estancia de Sun Yat Sen o la los escritores Herman Hesse y William Somerset Maugham. También se narra el asesinato en el que posteriormente se basaría William Somerset para escribir ¨La carta¨, que se llevaría posteriormente al cine con Bette Davis como protagonitas. Y con toda esta trama por medio he aprendido más cosillas sobre Malasia, así que la he disfrutado mucho.

 

Extraigo aquí algunos fragmentos del libro que me han llamado la atención:

 

¨En un gran mapa desplegado en la pared de su estudio se extendían las costas bajas del Gran Karoo, unos doscientos cuarenta kilómetros al norte de Doornfontein. Sin embargo, había días en que me parecían mucho más cercanas y estaba convencida de poder sentir su silencio eterno expandiéndose desde lo más profundo del desierto; su quietud, su infinito vacío. Me vino a la mente una historia que escuché una vez sobre una pareja de exploradores, marido y mujer, que se habían perdido durante una expedición al desierto del Gobi. Para ocultar su creciente desesperación y sensación de impotencia que los embargaba, a medida que se adentraban en las profundidades del desierto dejaron de hablarse. A menudo me he preguntado qué resultó más opresivo, si el silencio del desierto o el silencio entre ellos dos¨.

 

¨    -[…] Bueno, ¿qué tenemos para hoy, viejo amigo? Lesley estará encantada de mostrarte los lugares de interés.

     La mujer intervino antes de que pudiera responder:

     -Voy a reunirme con las señoras del bazar de la iglesia y después tengo recados que hacer.

     -Bueno, entonces, otro día será -dijo Robert-. Esta chica es bastante experta en la historia de nuestra isla, Willie. Conoce todo sobre el lugar. Solía ofrecer recorridos guiados por la ciudad a los amigos de fuera. Nos llevamos a ese escritor alemán de visita cuando estuvo en Penang. ¿Cómo se llamaba, querida? Era Hesse, ¿verdad? Sí, Hermann Hesse.

     -Días tranquilos y apacibles en… la playa, eso es lo único que quiero -dijo Willie-. Tengo montones de… libros que leer, y Gerald aún no se ha repuesto del todo. Necesita descanso…, mucho descanso.

     -El pobre chico estaba un poco paliducho anoche. -Robert miró a Willie por encima de sus anteojos-. Al igual que tú, si no te importa que te lo diga.

     -Las dos últimas semanas han sido algo… difíciles. ¿Herman Hesse estuvo en Penang?

     -Hace once o doce años. Nunca he leído nada suyo. ¿Y tú?

     -Un par de libros. Si has terminado con el periódico, Robert…

     -Robert le pasó el Straits Times; a partir de entonces continuaron con el desayuno, relajados y en silencio¨.

 

La historia va pegando saltos, entre 1910-11 en Penang, 1921 en Penang y termina en 1947 en Doornfontein, Sudáfrica. Este fragmento anterior ocurre en el capítulo 1, en Penang, en 1921. Me ha llamado la atención por las siguientes razones:

-Transcurre en Penang, isla de Malasia que visité en abril del año pasado. Así que las referencias que hacen a ese lugar durante toda la novela me son en cierta manera familiares.

-Mencionan dos escritores de prestigio, Herman Hesse y Willie, que no es ni más ni menos que William Somerset Maugham. El primero ganó el Premio Nobel de Literatura en 1946, el segundo fue considerado el escritor más popular y mejor pagado del mundo durante la década de 1930. Es verdad que Hermann Hesse visitó Penang durante su viaje al Este en 1911, y se alojó en el histórico hotel de George Town Eastern & Oriental Hotel (E&O). Lo describió como ¨el hotel más hermoso para europeos en las Indias Orientales¨. A día de hoy sigue en funcionamiento. William Somerset Maugham visitó Penang en varias ocasiones, siendo la más notable la de 1921. Durante sus viajes por el Sudeste Asiático se alojó en la isla, absorbiendo la atmósfera colonial y escuchando historias locales que luego transformó en cuentos y novelas, particularmente en su colección The Casuarina Tree. Ese libro consiste en 6 historias, siendo una de ellas, ¨La carta¨, parte de esta novela. Está documentado que Willie se alojó también en el hotel E&O en su estancia en Penang en 1921, así que imagino que esa estancia en casa del matrimonio Robert Hamlyn y su esposa Lesley es ficción para apoyar el argumento de la novela. Otro ilustre que también se alojó en el E&O fue Rudyard Kipling. Esta es la Web del hotel https://www.eohotels.com/ En septiembre de 2026 espero volver a Penang para este congreso de profesores de español y sin duda lo visitaré.

 

¨    Cogió su diario y regresó al piso de abajo. Los sirvientes ya habían recogido la mesa del desayuno. Una vez fuera, decidió seguir el camino de grava y explorar el jardín. El sendero serpenteante creaba la falsa impresión de un terreno más extenso de lo que era en realidad, una ilusión intensificada por los árboles, altos e impresionantes: una higuera plantada con firmeza gracias a la amplitud triangular de sus raíces; árboles de nuez moscada con sus frutos, supervivientes de las plantaciones de especias que, según le había contado Robert, solían ocupar esta parte del territorio; un par de arecas, especie que -recordaba haberlo leído en alguna parte- dio nombre a la isla*. Y allí estaba: el árbol de la lluvia sobre el que Robert tanto había presumido la noche anterior.

     -Trescientos años, Willie. Uno de los más antiguos de la isla. Su tronco es tan ancho que se necesitan tres hombres con los brazos extendidos para abarcarlo. Walter, el director del jardín botánico, suele traer gente para verlo.

     Willie apretó la palma de su mano contra la corteza dura, de apariencia reptiliana. Imaginó las grandes raíces del árbol clavadas en la tierra, manteniendo el coloso derecho. Solo el tronco trepaba hacia el cielo, casi dieciocho metros, expandiéndose en una complicada figura de ramas y hojas que le recordaban la red de bronquiolos y alvéolos de los pulmones¨.

 

*Así es como aparece el árbol areca en Wikipedia en español. Si cambio de idioma, a malayo, aparece como pinang, y de ahí que diera el hombre a la isla de Pinang (en malayo) o Penang (en inglés).

 

Se mencionan también los ¨árboles de la lluvia¨, que son los tamarindos. Como curiosidad tenemos unos cuantos en el campus del colegio en Kuala Lumpur, son muy frondosos y dan buena sombra.

 

¨    Hizo una pausa antes de añadir: «Las tejas de terracota se asemajan a las escamas de un pangolín».

     Volvió a la entrada que había escrito una noche, algo más de un mes atrás, cuando él y Gerald acababan de regresar de Kuching desde el interior. Examinó algunos párrafos y se detuvo. Los acontecimientos aún eran demasiado perturbadores para leer sobre ellos. Ojeó las notas que había tomado sobre Penang de su ejemplar de Bradshaw´s Through Routes to the Chief Cities. En el pasado, la isla había formado parte del territorio gobernado por el Sultanato de Kedah, en la península. A finales del siglo XVIII, el capitán Francis Light obtuvo un permiso de arrendamiento del sultán a favor de la Compañía de las Indias Orientales y la bautizó con el nombre de Isla de Príncipe de Gales. Light la convirtió en un puerto libre para desviar el comercio de las colonias holandesas al otro lado de los Estrechos de Malaca. Fue el primer puesto avanzado del sudeste asiático y la capital de las Colonias del Estrecho -«la colonia de la Corona más importante de Gran Bretaña en el Extremo Oriente», según proclamaba Bradshaw-. Desde Penang los británicos se habían extendido hasta Malaca, Singapur y con el tiempo, hasta los Estados Malayos Federados y los Estados Malayos No Federados. En el siglo XVIII, las minas de estaño atrajeron culis* desde el sur de China, mientras que los indios que realizaban trabajos forzados llegaron en barcos para ocuparse de las plantaciones de caucho.

     Willie estudió el mapa de Penang que había copiado en su diario. La isla ocupaba aproximadamente una tercera parte del tamaño de Singapur, y su forma le recordaba a la piel de ñu que Syrie había desplegado sobre el suelo de su sala de estar¨.

 

*«Culi» es un apelativo usado durante los siglos XIX y XX para designar a los trabajadores de escasa cualificación de Asia, sur de China, Filipinas o Indonesia.

 

¨.    -¿Estás seguro? -dijo Lesley.

     Deseaba que dejara de hablarle.

     -Estoy bien, Lesley -repitió, con displicencia. Para distraer su atención el mostró el libro-: Mi último libro.

     -¡Oh, qué maravilla! -exclamó ella-; debes de estar complacido en extremo. -Se fijo en el título que aparecía en la cubierta-: En un biombo chino. Muy sugestivo. ¿Es una novela?

     -Es una selección de…notas… sobre lo que vi en China; lugares que visité y… personas a las que conocí.

     Una expresión de alerta congeló el rostro femenino.

     -¿Cuándo estuviste allí?

     -Hace dos años.

     Su mano recorrió el espacio libre del banco que quedaba a su lado. Lesley permaneció de pie

     -¿Dónde estuviste? -preguntó.

     -Empezamos… en Shanghái. Viajamos más de tres mil kilómetros por el Yangtsé en…una barcaza arrocera hasta el corazón de China. El Yangtsé es el río más largo…

     -El río más largo de China, sí, sí, ya sé todo eso. ¿Cuánto tiempo estuviste allí?

     -Cuatro o cinco meses. Viajamos hacia el interior, anduvimos hasta la extenuación.

     -¿Alguna vez… -se detuvo y comenzó otra vez-: ¿Alguna vez has oído mencionar al doctor Sun Yat Sen?

     -En casi todos los lugares que visitamos. Un tipo intrigante, por lo que escuché. Al parecer se expresa en inglés con fluidez. Ojalá hubiera podido conocerle y hablar con él.

     -Estuvo aquí hace unos diez años.

     -¿En serio? ¿Qué hacía en Penang?

     -Recaudar fondos para el Tongmenghui, su partido. Planeó la revolución mientras estuvo aquí, ¿sabes?

     -¿Lo conociste?

     -Robert y yo, sí; nos vimos unas cuantas veces¨.

 

¡Otro ilustre que anduvo por Penang, el doctor Sun Yat Sen!

 

Viví cinco años en China, así que en su día aprendí sobre este personaje histórico.

 

En mayo de 2012 publiqué un artículo en la revista ¨Hola China¨ titulado ¨Diseccionando un billete de 1.000 yuanes chinos del año 1.945¨ (entrada en mi blog). Aparece en ese billete una cara que no es otra que la de Sun Yat Sen. Escribía en ese artículo: ¨La imagen 4 nos muestra el rostro de Sun Yat-sen, al que tanto en la República Popular China como en la actual República de China (Taiwán) se le considera el padre de la China moderna¨.

 

Uno de mis garitos favoritos en Shanghái era el restaurante Shasha´s, en la Concesion Francesa (entrada en mi blog). Desafortunadamente he visto que cerró sus puertas en 2018, al igual que Zapata´s que era otro clásico. En su día mi colega Josep me explicó la historia Shasha´s. Lo que entonces era un bar restaurante, antiguamente fue la mansión de una familia muy importante con tres hijas, las cuales se casaron ¨una con el dinero, otra con China, otra con el poder¨. En su Web lo explicaba:

 

¨El edificio que ahora alberga ¨Shasha´s¨ está permanentemente asociado con tres hermanas que jugaron un papel dramático en la historia de principios del siglo XX en China. Como se decía en su tiempo, una se casó por dinero, una se casó por China, una se casó por poder. Estas distinguidas mujeres fueron Ai Ling Soong, Ching Ling Soong y Mei Ling Soong. Se casaron, respetivamente, con H.H. Kung, el hombre más rico de China, con Sun Yat Sen, el primer presidente de la República China, y con Chiang Kai Shek, el ¨Generalísimo¨ del Partido Nacionalista. Sus historias están, como cita una fuente, ¨bordadas en misterio, vagas en la ficción y contradictorias en las noticias, dotadas de un tono dorado de leyenda¨…

 

La casa, originalmente diseñada por el Sr. J. Rosenfeld, se la entregó el Sr. Charlie Soong a su hija Mei Ling y a su marido en 1927. Fue también usada como lugar de importantes reuniones de oficiales del gobierno. Hacia 1943, el edificio fue tomado por el ejército japonés. Después de la liberación en 1950 fue devuelta al gobierno, y más tarde se convirtió en una escuela de música. Décadas después, un grupo de hombres de negocios extranjeros alquilaron la casa de la escuela, y tras una cuidadosa renovación, el 15 de enero de 1998 se convirtió en lo que hoy es uno de los más conocidos y más de moda bares de la ciudad. Fue llamado Shasha´s por el nombre de la supuesta amante rusa del padre, Charlie Soong.¨

 

El Dr. Sun Yat-sen estuvo en Penang, Malasia, en varias ocasiones, siendo su estancia más significativa en 1910, cuando vivió allí durante seis meses. Penang fue un centro crucial para sus actividades revolucionarias, donde recaudó fondos y organizó el Levantamiento de Guangzhou (Segunda Revuelta de Guangzhou) desde la famosa casa en 120 Armenian Street. En mi visita a Pengang escribí que había pasado por esa calle, Lorong Armenian, y la describía como ¨una calle con murales, que es además la portada de la Guía Lonely Planet¨. No conocía entonces que la casa 120 de Armenian Street en George Town funcionó como la sede de la base de Penang del Tongmenghui (Alianza Revolucionaria China) en el sudeste asiático. En 1910, Sun Yat-sen convocó la Conferencia de Penang en esta casa para planificar el levantamiento contra la dinastía Qing. Su revolución logró derrocar a la dinastía Qing, poniendo fin a más de 2,000 años de sistema imperial en China. A día de hoy esa casa es un museo, el Sun Yat-sen Museum Penang, que tendré que visitar en mi próxima estancia en George Town. También existe el Dr. Sun Yat Sen Memorial Hall en Macalister Road.

 

¨    -Cassowary, es un pájaro, ¿no es así? -Gerald le preguntaba a Robert-. Es un nombre un tanto extraño para una casa.

     -Nadie tiene ni idea de por qué se llama así -dijo Robert-. Pero decidimos no cambiarlo cuando la compramos.

     -Recibe el nombre de la casuarina, ese árbol grande junto a la valla. -Tenía la garganta irritada y tomé un sorbo de mi copa-. Los malayos los llaman kasuari porque sus hojas se parecen a las plumas del casuario.

     -¿De dónde te has sacado eso? -preguntó Robert.

     Desde el techo, un gecko chichak nos lanzó chasquidos de desaprobación. En gong que avisaba de la cena sonó desde el interior de la casa¨.

 

     ¨Había dado por hecho que tenían un acuerdo tácito cuando se casaron: ella quería un marido rico y famoso, y un padre para su hija; él necesitaba una esposa refinada, capaz de desenvolverse con brillantez en las fiestas y que recibiera a personas elegantes de Londres. Al principio, ambos se habían contentado, pero aquello acabó convirtiéndose en un matrimonio absolutamente inconveniente. «Al igual que muchas mujeres infelizmente casadas que he conocido -comentó Willie en una ocasión a un amigo-, Syrie ha cometido el… error de enamorarse de su marido»¨.

 

     ¨Coloqué el dedo índice en una tarjeta blanca con marco dorado y la deslicé al otro lado de la mesa hasta Willie.

     -Al menos acepta esta.

     Willie la cogió.

     -Noel Hutton. ¿Quién es?

     -Noel es el dueño de una de las empresas comerciales más antiguas de Malaya -le expliqué-. Se dice que Hutton & Sons fue fundada por uno de sus ancestros, que estuvo con Francis Light cuando recaló en Penang. Cuentan que fue Hutton quien le dio la idea a Light de disparar dólares de plata desde el cañón del barco hacia tierra adentro; una manera de instar a los hombres a despejar los bosques.

     -Un cuento de hadas divulgado por los propios Hutton -apuntó Robert-. Pero Noel es un tipo digno de confianza. El pobre hombre perdió a su esposa hace unos años.

     -Istana. Significa «palacio» en malayo, ¿no es así? -preguntó Willie mientras examinaba la tarjeta¨.

 

     ¨Para cenar, había pedido a Cookie que cocinara para nuestros invitados una variedad de platos locales. Ofrecí a Willie una breve descripción de todo lo que había en la mesa, sus ingredientes, la forma de cocinarlos y de comerlos: jiu hoo char, tau eu bahk, pescado assam, assam laksa, char kway teow, otak-otak. Willie se quedó con ganas de repetir del famoso choon pneah de Cookie, rollitos de primavera de cangrejo servidos con una salsa de su propia invención, es decir, una mezcla de soja, salsa Worcestershire, algo de clavo, canela, anís estrellado y pimientos rojos, muy picados.

     -Mis felicitaciones a la cocinera -dijo Willie, al terminar de cenar-. Esta ha sido la mejor… comida que he probado en Oriente. Esta noche he descubierto sabores que no sabía… ni que existían.

     -No encontrarás nada parecido en ningún otro lugar del planeta -dije-. A través de los siglos, Penang ha absorbido elementos de los malayos, de los indios, los chinos, los siameses y los europeos, y ha creado algo único. Es algo que se encuentra en el idioma, en la arquitectura y en la comida. -Lancé una mirada fría a Robert-. No quisiera vivir en ningún otro lugar del mundo.

     Robert fingió no haberme escuchado¨.

 

El párrafo siguiente me ha recordado a mis malditos vecinos de arriba, que tienen dos niños pequeños y todavía no se les ha ocurrido educarlos para que dejen de meter ruido, ¡qué pesados!

 

     ¨Las imperfecciones de la sala también me resultaban acogedoras: una grieta en la pared, larga y fina, por encima del aparador, que siempre reaparecía sin importar cuántas veces la pintáramos; los accesorios de iluminación que habían empezado a salirse de sus soportes y la esquina desconchada del marco de una ventana. Alcé la vista hacia los listones blancos de madera que formaban el techo de la habitación. Mis hijos con frecuencia se ganaban una regañina cuando corrían ruidosamente en el piso de arriba mientras había visita¨.

 

El siguiente párrafo habla sobre un personaje muy interesante que desconocía, James Brooke (1803–1868). Fue un militar y aventurero británico que se convirtió en el primer "Rajá Blanco" de Sarawak, en la isla de Borneo. Es conocido por fundar una dinastía familiar que gobernó este territorio de forma independiente durante más de un siglo.

En 1839, Brooke llegó a Sarawak en su propio barco. Ayudó al Sultán de Brunéi a sofocar una rebelión local de tribus Dayak y malayos. Como recompensa por su ayuda, en 1841 fue nombrado gobernador y más tarde recibió el título de Rajá de Sarawak. Durante su mandato, se centró en combatir la piratería y reformar las leyes locales. Aunque fue una figura controvertida en Inglaterra por sus métodos militares, fue elogiado por naturalistas como Alfred Russel Wallace por su hospitalidad y visión.

Brooke fundó la dinastía Brooke, que gobernó Sarawak hasta 1946, cuando el territorio fue cedido a la corona británica tras la Segunda Guerra Mundial.

Se cree que su vida y sus hazañas sirvieron de inspiración para el relato de Rudyard Kipling, El hombre que pudo ser rey.

 

En Kuching, la capital de Sarawak, se puede visitar la Galería Brooke en Fort Margherita, que conserva parte de su legado histórico, así que me lo apunto para cuando ande por allá.  

 

     ¨-Ah, sí, bueno… Escribir historias aún me atrae.

     -Por no mencionar que te colma de riqueza.

     -¿Sabes lo que es en realidad… el dinero? El dinero es el sexto sentido. Si no lo tienes, no puedes sacar el máximo partido… de los otros cinco.

     Se encendió un cigarrillo y le ofreció otro a ella. Ella tomó la pitillera de plata y le dio vueltas, acariciando las piedras preciosas rojas engarzadas en la tapa. Las examinó más cerca.

     -Dios mío, son rubíes, ¿verdad?

     -Más vale que… lo sean. Sylvia, la Rani Brooke, me la dio antes de marcharnos de Kuching. -Sopesó la caja en la palma de su mano mientras se preguntaba cuánto le darían por ella en Sotheby´s. Le dolía tan solo pensar en la posibilidad de separarse de ella. -Perteneció a… James Brooke.

     -Ese es un hombre sobre el que deberías escribir. El Rajá Brooke y toda su enloquecida familia -sugirió Lesley.

     -No sería una historia interesante.

     -¡Que no sería…! Sus ojos se abrieron de par en par con incredulidad-. James Brooke constituyó la única familia real europea de Oriente y esa familia aún sigue en el trono, setenta años después. ¡Pero, si su vida ha debido de estar repleta de aventuras y escapadas!

     -Tuvo una vida memorable, sin embargo, carecía de un elemento esencial.

     -¿A qué te refieres?

     -En realidad es muy simple. Su vida no tenía interés amoroso. Y una historia sin amor… bueno, no funcionaría.

     -Nunca se casó, ¿verdad? -Una sonrisa astuta, de complicidad, curvó sus labios-. Tampoco he oído mencionar a ninguna mujer en su vida.

     Nunca se había casado, y el trono, según recordaba Willie, había pasado a un sobrino de Brooke tras su muerte.

     -¿De modo que todas las historias que se han escrito -preguntó ella- tiene que ser de amor?

     -Piensa en todos los libros que recuerdes haber leído, las historias que han ocupado… un lugar en tu corazón. Al final, ¿no tratan todas de amor?

     Dejo que sus palabras calaran en su pensamiento durante un instante.

     -Entonces, en definitiva, ¿una vida sin amor es una vida sobre la que no merece escribirse? No sé si eso te convierte en un cínico o en un romántico.

     -Echó la ceniza de su cigarrillo por la barandilla.

     -Nunca me han acusado de ser esto último¨.

 

     ¨Le mostré el título de El temblar de una hoja.

     -Este símbolo extraño que pones en tus libros, ¿qué es?

     -Se llama hamsa. Es un emblema árabe que protege contra… el mal de ojo -respondió Willie-. Simboliza una espada que abre un espacio… en la oscuridad para que entre la luz.

     Hamsa. En silencio, saboreé la extraña palabra en mi lengua con una breve inspiración seguida de una rendición prolongada al aire.

     -Siempre he pensado que parece una casuarina: la línea recta y larga en medio es el tronco y las dos líneas curvas por encima perfilan el follaje que cae.

     -Supongo que sí, ahora que lo mencionas. -Willie se encogió de hombros-. Vemos lo que queremos ver.

     -¿Cómo lo descubriste?

     -Era de mi padre… lo vio en el norte de África. Tras morir mi madre, decidió construir una casa de verano a… orillas del Sena, unos kilómetros al oeste de París. Todos los domingos me llevaba río abajo para comprobar que estaba bien. Tenía este mismo símbolo grabado en… el cristal de las ventanas¨.

 

El siguiente comentario se produce en el año 1910:

 

¨Menos de ochocientos europeos vivían en Kuala Lumpur, de modo que lo más probable era que hubiera visto a William Steward en el Selangor Club en algún momento, pero, si había sucedido así, no me había dejado ni la más mínima impronta¨.

 

     ¨-¿Por qué te marchaste de Hong Kong?

     -Todos habían huido de Pekín a Hong Kong cuando los bóxeres sembraron el terror -respondió-. Traían consigo historias sobre lo que hacían a los demonios extranjeros. Tal como yo lo veo, no hay mucho futuro para los blancos en China.

     Tenía tan solo una ligera noción de lo que estaba explicando, pero, de cualquier manera, asentí como si estuviera al tanto de todo. Mi interés por China era prácticamente nulo, de modo que le presioné para que me hablara sobre su vida en Inglaterra.

     -Desde que era una niña -dije- he querido vivir en Londres. Oh…, estar lejos, muy lejos de Penang, donde pudiera convertirme en una persona diferente, sin ataduras con el pasado ni con nadie.

     Hubo un silencio. Advertí que Robert contemplaba el junco chino de nuevo, sus velas, semejantes a las alas de un murciélago, combándose por el viento. Sus ojos, tan azules y penetrantes, parecían ensombrecidos por alguna emoción cuyo sentido no pude descifrar.

     -Caelum non animum mutant qui trans mare currunt: «Quienes cruzan el mar cambian de cielo, no de alma». -Me miró de nuevo-. Lo escribió un poeta romano.

     Entonces, ¿por qué has recorrido medio mundo y qué parte de tu alma pretendías cambiar? Quise preguntárselo, sin embargo, no lo hice. Años más tarde, cada vez que recordaba nuestra conversación en la terraza del E&O aquella tarde, me preguntaba qué respuesta me habría dado de haber expresado yo mi curiosidad. ¿Habría cambiado en algo mi propia vida?¨.

 

La frase en latín es de un verso de Horacio.

 

¨Ninguna carretera elevada unía Penang con el archipiélago, aunque siempre me agradó que tuviéramos nuestra propia estación de ferrocarril -no podíamos quedar mal ante Kuala Lumpur o Singapur, ¿verdad? Al fin y al cabo, éramos la primera colonia británica de Oriente-. Compré el billete y crucé la carretera hasta la plataforma de desembarco para subir al trasbordador de trenes. Encontré un sitio junto a la borda; desde que era niña, siempre he preferido estar de pie en la cubierta, a la intemperie, mi espíritu siempre se avivaba al ver las actividades del puerto ruidoso y abarrotado¨.

 

¨El sol se había puesto tras las cúpulas de estilo árabe de la estación de ferrocarril cuando mi tren se adentró en Kuala Lumpur. La ciudad era mucho más ajetreada que Penang y tuve que hacer cola para conseguir un rickshaw. En el Hotel Empire, el conserje ceilandés salió a toda prisa desde el mostrador para darme la bienvenida en el vestíbulo de techos elevados¨.

 

¨Fuera del hotel, los tiradores de rickshaw, en cuclillas junto a la carretera, negaron con la cabeza cuando les dije adónde quería ir. Pudoh Gaol estaba a poco más de un kilómetro, pero fue construido sobre un antiguo cementerio chino y ninguno de ellos quería arriesgarse a que una horda de fantasmas iracundos lo persiguiese hasta su casa. Por fin, un culi accedió a llevarme, pero exigió tres veces la tarifa normal¨.

 

     ¨Alzando su rostro, Willie pronunció un conjuro mirando  a las estrellas: Tempora cum causis, lapsaque sub terras ortaque signa canam.

     -¿Qué significa?

     -«Voy a cantar los días con sus causas y los astros que se ponen y salen bajo la tierra».

     -Es precioso. ¿Lo has escrito tú?

     -Más quisiera yo -Willie sonrió-. Ovidio. Es un poeta de… la Antigüedad¨.

 

Siempre que leo una novela me alegra llegar al punto en el que entiendo el título. Y llegó el momento en el que Lesley conoce ¨La casa de las puertas¨:

 

     ¨Arthur extensió su mano hacia mí. La cogí y pasamos por encima de un tope que me llegaba hasta la espinilla.

     Dentro estaba fresco, las ventanas emplomadas proyectaban una luz blanquecina hacia el vestíbulo. Salvo por un biombo de Coromandel en el lado opuesto, la entrada estaba desprovista de muebles. Sin embargo, en las paredes colgaban puertas de madera pintadas con escenas de pájaros y flores o montañas envueltas en bruma. La mitad superior de algunas de estas puertas exhibía una decoración de complejos diseños calados de dragones y aves fénix.

     -Las he conseguido en casas-tienda y en templos que estaban a punto de ser derribados -me explicó Arthur-. Siempre me había hecho sentir sihm-tnhia -utilizó el término hokienés para «dolor de corazón»- saber que iban a ser troceadas y convertidas en leña. Un día pensé: ¿por qué no las compro? Mi abuela me había dejado esta casa y estaba vacía. La utilizo para almacenarlas.

 

     […]

 

     Las paredes también estaban cubiertas de puertas. Y colgando de las vigas del techo había muchas más, que mantenían entre sí un espacio calculado cuidadosamente y quedaban suspendidas por alambres tan finos que parecían estar flotando en el aire.

 

     […]

 

     Contemplé las puertas; aún oscilaban de forma lánguida desde las vigas del techo.

     -¿Cuántas tienes?

     -Oh, treinta o cuarenta pares, -Su risa sonaba abochornada, pero también contenía el matiz orgulloso del auténtico coleccionista-. He perdido la cuenta. Estas dos de aquí -señaló un par de las que colgaban de la pared- son las más antiguas de mi colección. Las adquirí en un templo el día antes de ser derribado. Son del siglo XVIII. Fueron pintadas por un artista de un pueblo de la provincia hokienesa¨.

 

¨Cerca de los techos provistos de vigas se habían abierto orificios de ventilación en forma de murciélago -porque, según me explicó una vez un cliente de Robert, esta palabra en hokienés suena parecida al término «riqueza»- para facilitar que el aire circulara y enfriara la casa¨.

 

     ¨Mi hermano me clavó una mirada cautelosa, como si acabara de comprender que estaba en presencia de un animal feroz. Me gustó. Me hizo sentir poderosa, alguien con quien no se juega.

     -¿Cómo te has enterado?

     -Su catamita le dejo una nota. Una nota bastante dulce, por cierto.

     Geoff dio un respingo.

     -Preferiría que no usaras esa palabra.

     -¿Qué hay de malo en la palabra «nota»?

     Muy a su pesar, soltó una carcajada.

     -A veces creo que madre tenía razón: una mujer no debería recibir demasiada educación ni tener un vocabulario extenso.

     -Idiota.

     Le golpeé con suavidad el brazo.

     -Estoy conmocionado, absolutamente conmocionado de que conozcas una palabra como «catamita». ¿Qué libros inapropiados has estado leyendo últimamente, jovencita?

     -He seguido el proceso de Wilde, ¿sabes?, como todo el mundo. -Robert había estado absorto en los juicios, leyendo los diarios con avidez todas las mañanas, y ahora entendía por qué-. La sola imagen de mi esposo en la cama con otro hombre… -me estremecí-, y además chino…¨.

 

No conocía la palabra catamita. No aparece en el diccionario de la RAE, pero lo bueno del Kindle es que pulsando en la palabra te sale una nota con la definición:

 

¨En la antigua Roma, un catamito (del latín: catamitus, que a su vez proviene del etrusco catamite) era un sobrenombre usado para un muchacho púber que era compañero íntimo de un hombre mayor, normalmente en una relación pederástica. Generalmente era un término de afecto, pero también se usaba como insulto cuando se dirigía a un hombre adulto¨.

 

¨Permanecimos sentados en silencio, ocultando cada uno ante el otro sus verdaderos pensamientos. Lo que sostenía un matrimonio, lo que permitía que durara un año tras otro, comprendí, eran las cosas que no se mencionaban, las verdades a las que, anhelando revelarlas, obligábamos, no obstante, a permanecer escondidas en nuestras gargantas, en lo más profundo, en los compartimentos más oscuros de nuestros corazones¨.

 

     ¨Una mañana de enero de 1912, bajé a desayunar y reparé en que Robert me miraba de una forma peculiar por encima de su periódico. Esperó a que me sentara antes de pasármelo.

     -Ahora es el presidente Sun Yat Sen -me anunció.

     Leí el artículo. La dinastía Qing estaba acabada. Ya no gobernaba China un Hijo del Cielo. Había nacido la República de China¨.

 

Esto lo cuenta Lesley en 1947:

 

¨La carta había sido llevada a cine, y Robert y yo habíamos ido a ver la película a la sala de proyecciones. Si ya me sentí turbada al leer la historia, sentarme en la oscuridad del teatro y ver a Bette Davis en el papel de Ethel me resultó desconcertante; con mi mano apretada contra la boca observé cómo disparaba a su amante en la veranda. Disparó seis balas contra su cuerpo mientras huía en la noche tropical¨.

 

Ahora tendré que ver esa película, ya que está basada en el relato ¨La carta¨ de William Somerset Maugham, y en esta novela Lesley el cuenta la historia.

 

Por último, terminada la novela, el autor en la sección de Agradecimientos incluye lo siguiente:

 

¨La casa de las puertas es una obra de ficción; no obstante, figuran en ella personajes y acontecimientos históricos. El juicio por asesinato contra Ethel Proudlock tuvo lugar en 1911, pero lo trasladé a 1910 para que coincidiera con la prolongada estancia de Sun Yat Sen en Penang¨.

 

Por cierto, también en la novela se narra como Sun Yat Sen fue expulsado de Penang.

 

También en la novela he aprendido algunas palabras en malayo:

 

¨Por las noches, Robert y yo nos relajábamos con nuestros whiskies con hielo y nuestros pahits*, y observábamos cómo se devanecía otro día tras las montañas¨

 

*Pahits: originado en la colonia británica de Malasia, el Gin Pahit, Bitter Gin o gin amargo, es un cóctel de ginebra y amargo de angostura; en malayo, «ginebra amarga»

 

¨Reanudó el paseo, saludando con un gesto al syce* que lavaba el Humber frente al garaje¨.

 

*Syce: Se pronuncia ¨sais¨,  es un término de origen indio que se refiere al sirviente encargado de limpiar los carruajes y los caballos. Vamos, un mozo de cuadra o palafrenero.

 

¨-Pero ¿le conoce? No hay muchas ang mohs* aquí que puedan afirmarlo¨.

 

*Ang mohs, así se denomina a los blancos en Malasia y Singapur, y a veces también en Tailandia y Taiwán.

 

¨El chino, que respondió paciente a todas mis preguntas, se había formado en Gray´s Inn y al cabo de un mes se casaría con una chica nyonya*, una boda que le habían organizado sus padres¨.

 

*Los términos nyonya o peranakan se emplean para denominar a las personas descendientes de los primeros inmigrantes chinos, principalmente de etnia Han, instalados en parte del archipiélago malayo, sobre todo en torno al estrecho de Malaca, lo que corresponde en la actualidad a los países de Malasia, Indonesia y Singapur.