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Basurde Xiao Long

Libros: ¨Balas de plata¨ -Élmer Mendoza-

Libros: ¨Balas de plata¨ -Élmer Mendoza-

Mi primera referencia sobre Élmer Mendoza fue en verano, hablando con el escritor Pello Guerra que había vuelto de presentar la novela La Escondida en el festival Letras en Tepic 2016. Me contó que había compartido mesa redonda con él, y que es uno de los grandes literatos mexicanos. Que tenía novelas sobre narcotráfico, tema que me interesa, así que lo puse en la lista de autores que tenía que leer.

 

La novela escogida fue ¨Balas de plata¨. Dice así la contraportada:

 

¨Al agente Edgar «el Zurdo» Mendieta, hundido por el abandono de la mujer a la que ha amado, se le acumula el trabajo cuando investiga el asesinato de Bruno Canizales, prestigioso abogado con doble vida, hijo de un ex ministro, al que encuentran con la cabeza perforada por una bala de plata. El teléfono del «Zurdo» no deja de sonar con las llamadas de su superior, que va anunciándole la aparición de nuevos cadáveres. Se embarca así en una investigación llena de humor y de adrenalina, de reporteros y bellísimas lesbianas, de perversos intereses y, sobre todo, de hipótesis: ¿quién hay detrás de todo ello?, ¿los narcos, los políticos, los miembros de una Pequeña Fraternidad Universal? El único empeñado en averiguar la verdad, y también en hacer justicia, es «el Zurdo» Mendieta. Tal vez porque ya no le queda nada que perder¨.

 

Sobre el autor Élmer Mendoza:

 

¨Nació en Culiacán (México) en 1949, y es catedrático en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Como formador de novelistas, coordina siete grupos de otras tantas ciudades del país. De 1978 a 1995 publicó cinco volúmenes de cuentos y dos de crónicas, y en 1999, su primera novela, Un asesino solitario, que de inmediato lo situó como «el primer narrador que recoge con acierto el efecto de la cultura del narcotráfico en nuestro país» (Federico Campbell). Con El amante de Janis Joplin obtuvo el XVII Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares y con Efecto Tequila quedó finalista del Premio Dashiell Hammett 2005. En 2006 apareció su cuarta novela, Cóbraselo caro. Arturo Pérez-Reverte dice de él que «es mi amigo y mi maestro. La Reina del Sur nació de las cantinas, del narcocorrido y de sus novelas». Balas de plata, merecedora por unanimidad del III Premio Tusquets Editores de Novela, lo consagró como escritor de primerísima fila en el panorama de la novela hispánica¨.

 

Balas de plata es una novela curiosísima, porque el escritor ha pasado olímpicamente de los signos de puntuación, lo que le da sensación de velocidad a la lectura.

 

Esto es como entendía yo que se debe escribir un diálogo, a lo que estamos acostumbrados:

 

¨Subí a mi cuarto y no sé cuánto tiempo estuve así, tirado en la cama y con la luz apagada. Hasta que sonó el teléfono.

-¿Hace mucho que llegaste? Creí que me ibas a llamar. ¿Cómo te fue? -Obviamente era Mariano.

- No, llegué recién -fue todo lo que atiné a decir.

- ¿Y? Contáme qué te dijo...

- Nada... no...no estaba. Eso, no estaba -mentí de la forma más convincente que pude.

- ¿Y por qué tardaste tanto en volver?

  Así son los amigos, uno quiere estar solo, pensar, terminar una conversación y ellos lo someten a uno a un interrogatorio¨.

Fragmento de la novela juvenil ¨Los ojos del perro siberiano¨ de Antonio Santa Ana.

 

Un narrador te va llevando, explicando el contexto y un guión (-) te indica quién está hablando en cada momento. Bien, no sucede esto así en Balas de plata, y como muestra un botón.

 

¨En cuanto encendieron sus celulares a ella le entró una llamada de Rodo y a él una de Ortega: Oye, güey, te paso a alguien que quiere mentarte la madre, no tuvo tiempo de decir que no. ¿Zurdo? ¿Quién habla? Memo. Hey, Memo, qué pasó, cómo estás. Quería darle las gracias por el libro. ¿Y ya no quieres? Pues sí, muchas gracias. ¿Lo empezaste a leer? Voy en la página 16. Y no le entiendes, ¿verdad? Pues no, pero igual lo voy a leer, para que el profe no me repruebe. Cúmplele al güey, que le quede claro que nada te doblega. Arre, le paso a mi papá. Hasta luego, morro, y cuídate. Te anda buscando Montaño. ¿Y eso? Resulta que entregó el cuerpo del joven Barraza y Briseño lo puso como palo de gallinero, pero aguantó como los meros machos. Hay que invitarle unas chelas. Mejor invítale una vieja, le va a caer mejor. No creo que a ese güey le hagan falta las viejas, echa 365 palos al año y en los bisiestos se esmera para no faltar al 366. No se coge a sí mismo porque no se alcanza. Dicen que sí se alcanza pero que no se gusta. Ah, se me olvidaba, la bala que mató a Barraza es de plata, 9 mm, disparada tal vez por una Beretta. No me digas. Lo sospechabas, ¿no? Pues sí. ¿Por qué? No sé. El instinto es un instrumento que no se debe desaprovechar. Eso dicen en los cursos. Déjate llevar, Zurdo, ya es hora de que descubras qué onda con estas muertes. ¿Dónde la encontraste? La tenía la señora de enfrente. Emma, creo que se llama, es una desgraciada, confesó que quiso regalársela al marido, pero que el tipo la desdeñó, oye, nos vemos en un rato. Espera, ¿sabes por qué El Llanero Solitario sólo dispara balas de plata? Para que hagan juego con el caballo. Cortó. Tenemos un patrón, murmuró, Gris, que continuaba hablando con el Rodo no respondió¨.

 

¿Cómo se te queda el cuerpo? A esta velocidad endiabla transcurre la novela.

 

WhatsAppeando con el intelectual de la cuadrilla Iriarte le comenté: ¨Por cierto, hablado de literatura, ahora me he empezado un libro de Elder Mendoza, un escritor muy reconocido, famoso sobre todo por escribir sobre el narcotráfico. El libro se titula ¨Balas de plata¨. Si está en alguna biblioteca por allá lo puedes coger porque es curioso, por el estilo. Los diálogos los escribe todo seguido, no sabes cuándo habla uno, cuándo termina y empieza el otro, cuándo está metiendo baza el narrador, el narrador a veces se dirige al lector… algo diferente¨.

 

Echando virutas me respondió con estos WhatsApps:

 

¨Jeje, diferente sí, pero no es original eh!?¨

¨Tienes el primero que fue Joyce (Ulises), luego está Las Olas de Wolf. En España Santos con su novela del silencio¨.

¨Santos murió en Vitoria creo que en el 54¨.

¨Santos es el de tiempo de silencio¨.

¨Error. Murió en Vitoria en el 64¨.

¨Los diálogos mezclados están también en Pantaleón y las visitadoras de Vargas Llosa. Es un lío, pero interesante¨.

¨Y una frase continua y con cambios de sujeto es el otoño del patriarca de Gabriel García Márquez. Libro no recomendable. No leer esto nunca¨.

 

Ja, ja, si un día tengo que ir a un programa de televisión y puedo usar el comodín de la llamada ya sé a quién llamar, porque eso me lo respondió nada más escribirle yo. Eso sí, para recomendaciones literarias no le llamo. El último que me sugirió fue Lord Jim de Conrad y no pude con él –y sé que Conrad es uno de los escritores favoritos de mi escritor favorito Pérez-Reverte-. Lord Jim me persigue y algún día lo tendré que empezar y terminar. En ¨Into thin air¨ de Krakauer me encontré una cita de Conrad, y en ¨El amor en los tiempos del cólera¨ lo siguiente:

 

¨Contaba que durante una de las tantas guerras civiles del siglo anterior, Lorenzo Daza había sido intermediario entre el gobierno del presidente liberal Aquileo Parra y un tal Joseph K. Korzeniowsky, polaco de origen, que estuvo demorado aquí varios meses en la tripulación del mercante Saint Antoine, de bandera francesa, tratando de definir un confuso negocio de armas. Korzeniowski, que más tarde se haría célebre en el mundo con el nombre de Joseph Conrad, hizo contacto no se sabía cómo con Lorenzo Daza, quien le compró el cargamento de armas por cuenta del gobierno, con sus credenciales y recibos en regla, y pagado en oro de ley¨.

 

No me voy por las ramas, no…

 

Volviendo al tema. Un libro interesante, diálogos divertidos y currados, pero no se me ha hecho fácil de leer. Eso sí, me quedo con ganas de leer otro título del mismo autor así que volveremos a vernos Élmer. 

 

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Nota: En esta entrada del blog del 27 de abril he reproducido la conversación que tuve por WhatsApp con mi amigo Aitor Iriarte sobre este libro. En un comentario en este blog del 30 de abril, Iriarte ha querido explicar sus palabras y lo hace de una manera muy pedagógica. Incluyo su comentario, en el que aclara lo que me escribió por WhatsApp sin saber él en ese momento que luego yo lo publicaría aquí. Por mi parte entono el mea culpa por colgar aquí lo que era una conversación privada de WhatsApp.

 

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De: Blogia
Para: Basurde
Enviado: Domingo 30 de abril de 2017 23:35
Asunto: [Blogia] Nuevo comentario en ’basurde.blogia.com’

 

Aitor Iriarte ha escrito:

 

Hola a todos. Aquí estoy en un intento de precisar lo que quería decir con esas ambiguas, vagas, desafortunadas –e incluyo incorrectas- afirmaciones.

 

Empiezo anotando que el contexto lo es todo. “No leer esto nunca”, va dirigido a un tipo de lector determinado, entre los cuales –creo que- mi amigo Castrol y yo nos encontramos.

 

El Otoño del patriarca no es una novela convencional. Digamos que para muchas personas ni siquiera se puede decir que sea una novela. El esfuerzo de su lectura, la ausencia de una historia que avance a ningún sitio, que logre llegar a algún lugar, el incumplimiento de todos los tipos de normas gramaticales, etc., es una tierra tremendamente árida. Nos encontramos en una lectura extrema. Hay que adentrarse para entenderlo. No se puede imaginar lo que te exige una maratón en el desierto, así que no voy a intentar explicarlo.

 

El lector, se encuentra continuamente esforzándose por visualizar las imágenes que se transforman sin fin según lee cada línea. No solo cambian las imágenes. En una misma oración, cambia de golpe hasta el sujeto. Es verdad que se experimenta algo muy original  y único, una especie de voces rítmicas, a veces reiterativas, otras veces contradictorias, como si una multitud estuviera contando los crímenes de un cruel dictador. Pero continuamente, surgen ideas, una metáfora interesante, una palabra que no conoces, una descripción de un hecho atroz que intentas recordar, y ¡ZASSS!, otra vez pierdes el hilo, y tienes que decidir desde donde quieres retomarlo. En un escrito “normal”, no supone ningún problema. Vuelves a releer el párrafo y lo tienes. Pero en el Otoño, ¡ay amigo!, en el Otoño las frase pueden durar varias páginas y los párrafos del libro se cuentan con los dedos de las manos.

 

Simplificando, ¿Quieres saber lo que se puede hacer escribiendo cuando rompes las reglas? Lee el Otoño. ¿Quieres sentir quienes sufren las dictaduras? Lee el Otoño. ¿Quieres percibir –sin sufrirlo en tus carnes, claro- las enormes injusticias del poder único? Léelo. ¿Sabes lo que puede hace un dictador para perpetuarse en el poder? Este es tu libro.

 

Pero no solo hay un punto de vista en este libro. ¿Puede un dictador, al que continuamente homenajean y le hacen la pelota, sentirse solo? Claro que sí, léelo. ¿Puede sentirse el dictador como un ser sacrificado que nunca recobrará la libertad? Por supuesto, aunque nunca nos dará pena si leemos el libro.

 

Se puede seguir preguntándose este tipo de cosas hasta el infinito, y precisamente eso es el Otoño.

 

Todo esto parece que está muy bien, ¿entonces cuál es la pega? Pues es la sensación de que cuando llevas 100 páginas leídas, el libro no te va a aportar más. Yo continué leyendo y cuando llegue a la 200, ya no tenía ninguna duda. ¿He leído, o no he leído el libro? Es lo que pasa con este tipo de historias circulares. Se trata de una obra abierta como diría Umberto Eco, y no lo concluirás aunque llegues a la última página.

 

¿Cuál es mi consejo? Empezar a leerlo hasta la página 5. ¿Has disfrutado? ¿Ha merecido la pena? ¿Has sentido la verdad? ¿Sí? Pues adelante. Este es un gran libro.

 

¿Has contestado que no a las tres preguntas? Hay muchos mundos, de cada mundo hay mucho bueno que leer, y la vida lectora es corta. Al final, a todo lector le llega la sensación de que no va a poder leer todo lo que quisiera antes de morir. Es en ese momento cuando, arrepentido, sabe que decidir qué leer es una importante decisión. También es importante saber que no hay ninguna regla que obligue a leer un libro desde el principio hasta el final. El tiempo es oro.

 


1 comentario

Aitor Iriarte -

Hola a todos. Aquí estoy en un intento de precisar lo que quería decir con esas ambiguas, vagas, desafortunadas –e incluyo incorrectas- afirmaciones.

Empiezo anotando que el contexto lo es todo. “No leer esto nunca”, va dirigido a un tipo de lector determinado, entre los cuales –creo que- mi amigo Castrol y yo nos encontramos.

El Otoño del patriarca no es una novela convencional. Digamos que para muchas personas ni siquiera se puede decir que sea una novela. El esfuerzo de su lectura, la ausencia de una historia que avance a ningún sitio, que logre llegar a algún lugar, el incumplimiento de todos los tipos de normas gramaticales, etc., es una tierra tremendamente árida. Nos encontramos en una lectura extrema. Hay que adentrarse para entenderlo. No se puede imaginar lo que te exige una maratón en el desierto, así que no voy a intentar explicarlo.

El lector, se encuentra continuamente esforzándose por visualizar las imágenes que se transforman sin fin según lee cada línea. No solo cambian las imágenes. En una misma oración, cambia de golpe hasta el sujeto. Es verdad que se experimenta algo muy original y único, una especie de voces rítmicas, a veces reiterativas, otras veces contradictorias, como si una multitud estuviera contando los crímenes de un cruel dictador. Pero continuamente, surgen ideas, una metáfora interesante, una palabra que no conoces, una descripción de un hecho atroz que intentas recordar, y ¡ZASSS!, otra vez pierdes el hilo, y tienes que decidir desde donde quieres retomarlo. En un escrito “normal”, no supone ningún problema. Vuelves a releer el párrafo y lo tienes. Pero en el Otoño, ¡ay amigo!, en el Otoño las frase pueden durar varias páginas y los párrafos del libro se cuentan con los dedos de las manos.

Simplificando, ¿Quieres saber lo que se puede hacer escribiendo cuando rompes las reglas? Lee el Otoño. ¿Quieres sentir quienes sufren las dictaduras? Lee el Otoño. ¿Quieres percibir –sin sufrirlo en tus carnes, claro- las enormes injusticias del poder único? Léelo. ¿Sabes lo que puede hace un dictador para perpetuarse en el poder? Este es tu libro.

Pero no solo hay un punto de vista en este libro. ¿Puede un dictador, al que continuamente homenajean y le hacen la pelota, sentirse solo? Claro que sí, léelo. ¿Puede sentirse el dictador como un ser sacrificado que nunca recobrará la libertad? Por supuesto, aunque nunca nos dará pena si leemos el libro.

Se puede seguir preguntándose este tipo de cosas hasta el infinito, y precisamente eso es el Otoño.

Todo esto parece que está muy bien, ¿entonces cuál es la pega? Pues es la sensación de que cuando llevas 100 páginas leídas, el libro no te va a aportar más. Yo continué leyendo y cuando llegue a la 200, ya no tenía ninguna duda. ¿He leído, o no he leído el libro? Es lo que pasa con este tipo de historias circulares. Se trata de una obra abierta como diría Umberto Eco, y no lo concluirás aunque llegues a la última página.

¿Cuál es mi consejo? Empezar a leerlo hasta la página 5. ¿Has disfrutado? ¿Ha merecido la pena? ¿Has sentido la verdad? ¿Sí? Pues adelante. Este es un gran libro.

¿Has contestado que no a las tres preguntas? Hay muchos mundos, de cada mundo hay mucho bueno que leer, y la vida lectora es corta. Al final, a todo lector le llega la sensación de que no va a poder leer todo lo que quisiera antes de morir. Es en ese momento cuando, arrepentido, sabe que decidir qué leer es una importante decisión. También es importante saber que no hay ninguna regla que obligue a leer un libro desde el principio hasta el final. El tiempo es oro.